Entrevista | Alfredo Asensi Periodista, guionista y escritor

"El día que Manolete iba hacia la muerte a Linares, El Cordobés decidió que sería torero"

El autor de ‘Califas de Córdoba’ presenta su último libro, una biografía novelada sobre la vida de Manuel Benítez El Cordobés centrada en su niñez y primeros años de trayectoria del matador de toros

Alfredo Asensi, con el libro que presentará el 6 de junio en la Diputación.

Alfredo Asensi, con el libro que presentará el 6 de junio en la Diputación. / Víctor Castro

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

-El próximo 6 de junio a las 20.30 horas presentará en la Diputación su particular biografía novelada de El Cordobés, que llega después de la radionovela que escribió sobre esta figura. ¿Hay diferencias entre la obra radiofónica y el libro?

-El libro es deudor total de la radionovela. Empecé haciendo la de Manolete, luego vinieron las de Lagartijo, Julio Romero, Machaquito y entonces me dijeron que teniendo al Quinto Califa vivo, era conveniente hacer la suya, que desarrollé en 50 capítulos y fue un éxito total. Respecto a la radionovela, la segunda parte del libro, aunque es cortita, es la proclamación de Manuel Benítez como Califa el 29 de octubre del 2002. Esta parte no la llevé a la radionovela para no extendernos demasiado. Ahí aparecen personajes como el doctor Concha, Juan Machín, uno de los valedores del torero, Miguel Salcedo Hierro y Rosa Rivero, entre otros. Esta es la aportación de este libro que es una recreación, aunque he tenido mucho cuidado de no inventar nada para que el protagonista no pudiera desmentirme. Me consta que Manuel Benítez dijo que en la radionovela estaba la auténtica verdad de un hombre.

-¿Qué parte de la vida de El Cordobés le interesaba más?

-De Manuel Benítez El Cordobés se han escrito muchos libros, pero no hay otro que cuente su vida desde la infancia, las necesidades que tuvo en la época de la Posguerra, la orfandad, las limitaciones en todos los sentidos. Mi intención era centrarme en la forja de un califato. Por eso, me detengo en los años gloriosos de Manuel Benítez antes de ser el torero más famoso de España, en ver cómo se forjó ese torero, esa parte es la que más me ha interesado, la del mito no me llama tanto, de eso está todo dicho.

En El Cordobés coincidió la necesidad y el destino porque Manuel Benítez es un elegido, un predestinado

-Quiso ser torero para comer, pero como él había muchos.

-En él coincidió la necesidad y el destino porque Manuel Benítez es un elegido, un predestinado. El mismo día en que Manolete iba camino de Linares, en busca de la muerte, El Cordobés, con siete u ocho años, estaba robando mazorcas para comer en una ganadería y vio un toro y le dijo "eh, toro", pero el toro salió huyendo y él pensó "si a mí el toro me teme y los toreros tienen muchos millones, yo tengo que ser torero". Ese día decidió que iba a ser torero, cuando al cuarto Califa le quedaban horas para fallecer. El quinto Califa, predestinado, se dio cuenta de que su camino era el toro. Luego se va a Madrid y se tira de espontáneo. Un día, estando en la obra, porque trabajaba de albañil, le dijo a un compañero: "Me voy a Francia a recoger remolacha porque aquí nos vamos a morir de hambre", pero en la cola no lo aceptaron y pensó que no servía ni para recoger remolacha. Se va a las capeas hasta que aparece un personaje importantísimo en su vida, Rafael Gómez el Pipo, que fue su apoderado y se unen dos grandes voluntades que darían origen al mito.

-¿También ese encuentro fue providencial?

-También intervino el destino. Él fue a una cafetería de la Gran Vía en busca de un taurino que le habían dicho que le podía ayudar, pero se tuvo que marchar y antes de irse le dijo a Rafael Gómez El Pipo: "Este chico es paisano tuyo, a ver si tú le puedes echar una mano". Así se conocieron. Luego El Pipo lo llevó por los tentaderos y era un desastre, no sabía torear, la gente decía: "Rafael, tú que tanto sabes de todo, ¿cómo haces con ese maleta?" Y él decía no sabe torear, pero lo coge la vaca 40 veces y se levanta con el mismo color de cara, no tiene pánico ni tiene miedo. Además, tiene un brazo izquierdo muy largo. Y eso es bueno para el toro. Con esa fe, El Pipo aguantó críticas, hasta que el muchacho empezó a destacar. Y claro, con la administración de este hombre, que era un fenómeno inventándose frases, aquello salió adelante. Luego hubo una ruptura antes de la alternativa entre ambos, y Manuel Benítez empezó a funcionar él solo a las mismas maravillas, porque todos lo querían tener en su cartel.

-Manuel Benítez triunfó, pese a que no tenía ni idea de torear.

-Sí, sí, totalmente. Él no tenía ascendencia taurina, solo quería triunfar en la vida. Una vez en una capea soltaron un toro que estaba corraleado y con los cuernos muy grandes. Manuel Benítez y un amigo se tiraron a torearlo y el toro pegó una cornada a cada uno y los mandó al hospital. En la cama vecina, el amigo murió y entró el sacerdote a darle la extrema unción, pero el deseo era tan grande que a pesar de ese drama, se recuperó y volvió a las portátiles.

El toreo fue el único camino que se le presentó para ser algo en la vida, por eso estaba en los tentaderos, en las capeas y se tiraba de espontáneo en Madrid, pero si no hubiera dado el do de pecho no hubiera pasado nada

-¿Es la ambición lo que define a El Cordobés?

-Si la ambición es querer salir de una niñez de pobreza, sin padres ni medios económicos, él tenía ambición o pundonor o necesidad. Como el cordobés ha habido cientos de maletillas, pero no destacaron porque no tenían su carisma. El toreo fue el único camino que se le presentó para ser algo en la vida, por eso estaba en los tentaderos, en las capeas y se tiraba de espontáneo en Madrid, pero si no hubiera dado el do de pecho no hubiera pasado nada.

-¿Cuál fue su mayor virtud como torero?

-Saber calentar a la masa con un toreo que llegaba al público, un toreo totalmente diferente al de los grandes toreros del momento como Luis Miguel Domínguez, Antonio Ordóñez, Diego Puerta. Cuando él llegó, todos se pusieron en fila para torear con él.

-No caería muy bien al resto.

-No, no caía bien a los compañeros, pero donde toreaba Manuel Benítez El Cordobés la plaza se llenaba y eso le interesaba a todos, que decían voy a torear y la plaza se llena por mí, pero iban para ver a El Cordobés. Él supo ganarse el respeto de todos. La gente no es tonta y cuando va a un espectáculo lo que quiere es pasarlo bien, divertirse y eso es lo que les daba. La fiesta taurina es emoción, valor, alegría... y este hombre toreaba sonriendo, Además, hizo que los matadores que toreaban con él cobraran bien, igual que las cuadrillas, los picadores, los areneros.. También quien vendió más televisores cuando empezaron a a televisar sus corridas y se vendían como churros. Los que no podían se iban a la tienda de los televisores a ver las corridas en el escaparate. Yo he estado en una cola y lo cuento en el libro. El que estaba en primera fila decía, a ver ¿quién quiere mi puesto? y lo vendía. Eso lo conseguía solo un nombre, Manuel Benítez El Cordobés.

Asensi, con Gabriel de Haba Zurito, Manuel Benítez El Cordobés y José María Montilla en la grabación de un capítulo de la radionovela.

Asensi, con Gabriel de Haba Zurito, Manuel Benítez El Cordobés y José María Montilla en la grabación de un capítulo de la radionovela. / CÓRDOBA

-¿Su forma de torear ha tenido continuidad o con él se rompió el molde?

-El molde se rompió porque su toreo tremendista no lo hizo nadie más. Eso era lo que más le definió, ese salto de la rana el salto de la rana que se inventó, con el que se hincaba de rodillas frente al toro, le pasaba de muleta y pegaba un salto y caía otra vez de rodillas,... Eso no lo ha imitado nadie, ese toreo cercano de quedarte cerca del toro y dejar que los pitones te rocen los muslos, eso se copia, pero el tremendismo de El Cordobés es solo suyo.

Si Manolete no hubiera muerto en Linares a los 30 años estoy totalmente seguro de que no sería el mito que es. De la tragedia viene el mito

-¿Qué habría pensado Manolete si le hubiera visto torear?

-Hubiera dicho "¿pero esto qué es?". Manolete era un torero muy serio un torero corto, muy poco variado en pase, era su verónica, su derechazo, su izquierda y su Manoletina, nada más, todo hecho con una maestría y un magisterio impresionante. Pero solo eso.

-¿Cree que la parte rosa del final de su vida puede difuminar los logros de El Cordobés como torero?

-No sé si esto que te voy a decir es correcto, pero desde mi punto de vista, si Manolete no hubiera muerto en Linares a los 30 años estoy totalmente seguro de que no sería el mito que es. De la tragedia viene el mito. Ahora tenemos a un hombre como Manuel Benítez con su vida particular, paseando por Las Tendillas, asistiendo a un acto y esa cercanía parece que le quita valor al mito cuando tendría que ser lo contrario.

Ahora tenemos al ministro de Cultura, Urtasun, que en lugar de dedicarse a las cosas importantes de la cultura le ha dado por meterse con la fiesta nacional

-En el siglo XXI, ¿el toreo es cultura o política?

-El mundo torero es el mundo torero y la política es otra cosa y cada cual debería estar en lo suyo, no debería mezclarse, pero los políticos lo mezclan todo. Ahora tenemos al ministro de Cultura, Urtasun, que en lugar de dedicarse a las cosas importantes de la cultura le ha dado por meterse con la fiesta nacional. Yo creo que los toros son cultura. No podemos negar que muere un animal, pero esto es cultura, claro que es cultura y eso no se puede ignorar.

Como aficionado creo que si los toros tienden a desaparecer es por culpa de la gente del toro, de los que viven del toro

-¿Si la fiesta de los desaparecen será por la oposición animalista o por la mala calidad de los toros y los toreros?

-Como aficionado creo que si los toros tienden a desaparecer es por culpa de la gente del toro, de los que viven del toro. Cuando un toro no tiene fuerza, se dice que hay que cuidar al toro. Lo que hay que hacer es cuidarse del toro no cuidar al toro. Hay un problema en las ganaderías y es la bravura y la fuerza del toro, salen animales muy grandes pero sin fuerza y ver una corrida de toros ahora cuesta, es una cosa muy pesada y salvo en las plazas más importantes, eso reducirá el público. Mira Córdoba, yo creo que lo a la fiesta únicamente la pueden salvar, no los toreros que los hay casi la mayoría todos muy buenos, sino los ganaderos soltando toros bravos.

-¿El Cordobés será el último califa? 

-Seguramente. El califa es un torero que mandó en el ruedo. Mandó Lagartijo, y mandó Machaquito, y mandó Manolete. Y ha mandado El Cordobés. Pero no hay más.

Suscríbete para seguir leyendo