Ficha del festejo

Ganado: seis toros, reglamentariamente despuntados para rejones, de Fermín Bohórquez, correctos de presentación, sin raza y parándose enseguida. El segundo, noblote, y, sobre todo, el sexto, un buen toro, fueron los únicos que se salvaron de la quema.

Pablo Hermoso de Mendoza: pinchazo, rejón atravesado y cinco descabellos (silencio); rejón trasero (silencio).

Lea Vicens: rejón muy caído barrenando (ovación tras petición); rejón (oreja con petición de la segunda).

Guillermo Hermoso de Mendoza: pinchazo, rejón ladeado y muy atravesado, y nuevo rejón (silencio); pinchazo y rejón (oreja).

Incidencias: la plaza registró lleno de "no hay billetes", aunque en la andanadas había bastante huecos vacíos, en tarde espléndida.

Los rejoneadores Guillermo Hermoso de Mendoza y la francesa Lea Vicens cortaron una oreja cada uno en el segundo y último festejo ecuestre de la Feria de San Isidro, premios de distinto peso y argumento a tenor de lo realizado por ambos en el ruedo de la plaza de toros de Las Ventas.

Porque el que fue un trofeo de ley fue el que paseó el joven navarro del sexto, el único toro verdaderamente bueno de la mansada de Fermín Bohórquez, al que cuajó una soberbia faena de principio a fin, muy enrazado y muy de verdad, desde los ajustadísimos quiebros sobre Ecuador al elegante toreo con Ilusión a un explosivo final con Esencial con las rosas y un gran par de cortas a dos manos.

Tuvo que agarrarse el usía al pinchazo previo al rejón definitivo para no darle las dos orejas, que, así y todo, hubieran sido también justas si se compara con el pírrico trofeo que había cortado en el toro anterior Lea Vicens.

Y es que solo se le puede destacar a la francesa el emocionante galope de salida sobre Cleopatra ante un animal con muchos pies de salida, pero que fue apagándose como una vela y con el que Lea exhibió un toreo sin ajuste en una faena sin estructura lógica y muy deslavazada por mucho que la gente, totalmente entregada con ella, le jaleara absolutamente todo. Eso y que anduvo acertada con el rejón final explica ese premio sin ningún peso específico.

La propia Lea anduvo entre notables altibajos ante el segundo, que se dejó sin más, y al que instrumentó una faena presidida por numerosas pasadas en falso y "farpas" a toro pasadísimo; mientras que Guillermo hizo un gran esfuerzo ante un toro muy complicado, el tercero, con el que rayó a gran altura por lo mucho que expuso con sus cabalgaduras.

Pablo Hermoso, por su parte, estuvo simplemente perfecto con un primero de corrida de poquita raza y que se acabó muy pronto. Lo paró con maestría sobre Regaliz para dictar, a continuación, a lección de rejoneo clásico con galopes y banderillas sobre Talento e Índico, clavando siempre muy reunido y arriba, sin ninguna concesión y sin un solo error. Lástima que lo emborronara todo en la suerte suprema.

El cuarto se paró también enseguida, un marmolillo con el que tuvo que ponerlo todo Pablo Hermoso -y sus monturas- para tratar de argumentar una faena técnicamente impecable, pero sin eco en los tendidos por lo poco, o nada, que aportó el de Bohórquez.