TOROS | FERIA DE ABRIL

Oreja de ley para Daniel Luque, que vuelve a marcar diferencias

El diestro hispalense cortó el trofeo en su segundo toro | Silencios para Pablo Aguado y vuelta al ruedo tras petición para El Juli

El diestro Daniel Luque da la vuelta al ruedo de la Maestranza tras cortar una oreja, este domingo, en la feria de Abril.

El diestro Daniel Luque da la vuelta al ruedo de la Maestranza tras cortar una oreja, este domingo, en la feria de Abril. / Julio Muñoz / Efe

Paco Aguado (Efe)

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Ganado: seis toros de La Quinta, el segundo como sobrero al lesionarse el titular, bien presentados, aunque desiguales de volumenes, y de juego también dispar dentro de nobleza y medida raza. Los de más opciones y duración fueron el primero y el sexto.

El Juli: estocada trasera desprendida (vuelta al ruedo tras petición mayoritaria de oreja); tres pinchazos y estocada baja (silencio).

Daniel Luque: estocada tendida atravesada (silencio); estocada contraria (oreja).

Pablo Aguado: estocada caída delantera (silencio); media estocada desprendida (silencio).

Cuadrillas: destacó Iván García, que saludó tras clavar dos soberbios pares de banderillas.

Incidencias: Decimocuarto festejo de abono de la feria de Abril de Sevilla, con lleno en los tendidos de la Maestranza (algo más de 10.000 espectadores), en tarde calurosa.

El diestro sevillano Daniel Luque, que cortó una oreja de mucho peso al quinto de la tarde, volvió a marcar las diferencias, de valor, temple y entrega, con la corrida "santacolomeña" de La Quinta lidiada hoy en la Maestranza, en el que era penúltimo festejo de la feria.

Después de pasar desapercibido con el primero de su lote, aunque por encima de su insulsa condición, Luque tuvo que echar el resto para sacar partido de un quinto que tampoco regaló nada, pero al que obligó a tomar la muleta en un trasteo paciente y de creciente intensidad.

Porque, igual que le sucedió ante la corrida de El Parralejo, hace ya diez largos días de feria, Luque acabó por imponer su sensacional momento de forma ante el cárdeno de La Quinta, que tuvo muy poco celo y amagó con irse a tablas en los primerso tercios.

Pero el exultante estado por el que atraviesa el de Gerena le sirvió para, entre pacientes pausas y mucha suavidad, ir centrando al animal y, de mitad de obra en adelante, meterse entre los mismísimos pitones para tirar de él a pulso, en muletazos de largo trazo, y sobre todo los naturales, que el toro, aun aplomado y deseoso de renunciar a la pelea, no tuvo más remedio que seguir.

Entró el toro y entró la plaza en la faena, rendidos al firme valor y al mando templado de Luque, que tras una estocada que cayó contraria de tanto como se volcó en el embroque, se llevó una oreja de ley. Un "orejón", que vale su peso en oro.

También se la habían pedido, y de manera mayoritaria, a Juli del que abrió plaza, por una faena bastante menos rotunda al toro de más duración y movilidad de la corrida, que además descolgaba a un ritmo pausado si los estímulos eran los adecuados.

El veterano diestro madrileño lo movió con sobrado oficio, pero sin acabar de romperse con él, más práctico que apasionado, sin llegar a apurar unas buenas embestidas que se hicieron más patentes aún ya con la obra vencida, antes de una estocada muy trasera que fue, tal vez, el agarradero del presidente para negarle el trofeo.

Ni Juli con el cuarto, al que hizo que castigaran tan duramente en varas como al primero, ni Pablo Aguado con el tercero terminaron de sacar nada en claro, pues el madrileño macheteó a aquel sin contemplaciones y el sevillano no acabó de poner la fibra que le faltaba a éste.

Así que Aguado, en su última baza en una feria que se le iba en blanco, salió decidido a resolver con el sexto, y por eso mismo le cuajó un notable saludo a la verónica, lanceando asentado y a compás, una vez comprobada la buena condición de este cárdeno calcetero.

Y así se mantuvo el animal, solo que, de motor ralentizado, se venía despacio a los engaños, obligando al torero a esperarle, sin adelantarse ni violentar los engaños, hasta el último instante del embroque.

Bajo esa premisa, Aguado se empleó entre altibajos, alternando tanda a tanda aciertos y desaciertos, a los que el de La Quinta respondía en consecuencia, o tomando la muleta con claridad o protestando, haciendo que el visible esfuerzo del torero por acoplarse, y la emoción de los buenos muletazos que también hubo, se fueran diluyendo hasta el desánimo.