Ficha del festejo

Ganado: seis toros de El Pilar, casi todos cinqueños, de dispares hechuras, volúmenes y alzadas dentro de una buena presencia; en cuanto a juego, a la mayoría les faltaron raza y fuerzas .

Diego Urdiales: estocada contraria (silencio); estocada tendida desprendida (silencio)

Juan Ortega: estocada corta perpendicular, pinchazo y estocada delantera (silencio tras aviso); estocada delantera (vuelta al ruedo protestada tras petición de oreja insuficiente)

Pablo Aguado: estocada trasera desprendida (ovación); pinchazo, pinchazo hondo y dos descabellos (silencio tras aviso).

Los diestros sevillanos Pablo Aguado y Juan Ortega dejaron este viernes momentos de mucha calidad, pero sin concretarlos en faenas rotundas, ante dos notables ejemplares de El Pilar lidiados en el cuarto festejo de la feria de Otoño de Madrid. En una tarde incompleta en casi todo, ambos toreros dejaron a los espectadores con la miel en los labios con el buen toreo ejecutado en la primera parte de sendos trasteos que, por una u otra causa, acabaron yendo a menos hasta quedar en casi nada, a pesar de que los toros que los propiciaron mantuvieron su buena condición.

A Pablo Aguado le sucedió con el tercero, al que aprovechó su claridad mostrada desde la salida al ruedo para cuajarle ya un excelente recibo por verónicas, ganándole terreno hasta los medios y en un quite a pies juntos rematado con una media belmontina.

También tuvo sello de calidad su apertura de faena de muleta, recogiendo al toro con muletazos por bajo flexionando la rodilla, pero una vez erguido y en los medios a Aguado no le acabaron de fluir ni los muletazos ni las ideas con un astado más que manejable especialmente por el pitón izquierdo, por donde el torero se puso poco y tarde, a falta siempre de una mayor apuesta.

Otro de los toros de triunfo de la desigual corrida de El Pilar fue el quinto, un animal de finas hechuras que descolgó el cuello hasta la arena en el primer capotazo, pero que se lidió entre las injustificadas protestas de la minoría fundamentalista.

Aunque no se le ayudó en los primeros tercios, el castaño mantuvo su entrega cuando tocaron a matar, para que Juan Ortega se luciera en otro buen inicio de faena, alternando muletazos de gusto por alto y por bajo, y se fundiera con el enclasado ritmo del animal en una buena tanda con la derecha, en la que hubo algún muletazo al ralentí.

Pero a partir de ahí el trasteo se fue difuminando entre altibajos, con un puñado de pases soberbios salpicados en series sin remate, a veces por encimarse en exceso o por falta de precisión a la hora de cuidar el medido fuelle de un toro que se iba desfondado.

El resto de la corrida no dio para mucho, ya que Ortega atacó en exceso a un segundo con clase pero sin fuerzas y Aguado se dilató con un sexto desclasado y de medias arrancadas.

Lo mejor de la corrida, en cuanto al siempre necesario criterio lidiador que a veces les faltó a sus compañeros, lo hizo Diego Urdiales, que les hizo todo a favor a dos toros sin apenas opciones.

Tanto al primero, descoordinado y afligido, como al cuarto, absolutamente desrazado, les sacó el riojano con paciencia y sutileza impensables muletazos por largos y limpios, pero sin que sus méritos, aplicados sin demagogia, llegaran a ser suficientemente valorados.