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Manolete, del esplendor a la tragedia

Manuel Concha, durante la conferencia. A.J. GONZALEZ

El acto de clausura del ciclo conmemorativo del 75 aniversario de la muerte de Manolete se completó con una interesante conferencia a cargo del doctor Manuel Concha, un amante de la figura del torero, además del comisario de la exposición ofrecida por la Fundación Cajasol. 

El cirujano recorrió para el público congregado en el Círculo de la Amistad la biografía del diestro deteniéndose con especial atención en los años de esplendor del matador, del que oyó hablar por primera vez siendo solo un niño, cuando su padre comunicó a la familia su trágica muerte. Concha recordó día a día, fecha a fecha, las tardes más gloriosas de Manolete en España, en Perú y en México, donde «dicen que su monumental plaza para 50.000 personas se construyó para contemplar las faenas del maestro cordobés». Con minucioso esmero, saltó de corrida en corrida, hasta llegar a la penúltima, en Santander, a la que el poeta Gerardo Diego dedicó un poema póstumo: «La penúltima fue de blanco y oro, el aire rosa y oro y azul el cielo», declamó. Así, Concha llegó al 28 de agosto, el día de la tragedia, en el que Manolete, hospedado como siempre en el hotel Cervantes, en la habitación 42, se prepararía para su destino fatal. 

El perfil médico del orador le hizo abundar en detalles de la cogida como el número de transfusiones que recibió o la actuación de los facultativos, junto a pinceladas sobre la entereza del torero, que preguntó cuál había sido la respuesta del público y el premio obtenido por su faena, además de lamentar «el mal rato» que debía estar pasando su madre aquella tarde. También la llegada apresurada de su novia, Lupe Sino, que en el momento fatídico estaba en Lanjarón, desde donde acudió a toda prisa para estar a su lado. Antes de terminar, recordó el impacto mediático de la muerte de Manolete y la emoción que provocaría en su barrio, vestido de luto para recibirlo, cerrando así el relato de un mito que sigue vivo 75 años después.

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