Ganado: seis toros de Fuente Ymbro, todos cinqueños pasados, con cuajo y mucha seriedad de cornamentas, aunque bajos y de más finas hechuras los tres primeros, que fueron también los de mejor juego, con nobleza y suavidad en las embestidas, no exentas tampoco de clase. Los últimos, de escasa raza y entrega, el sexto, además, con peligro.

Juan Leal: estocada trasera desprendida (oreja); estocada corta desprendida y dos descabellos (palmas tras aviso); estocada tendida trasera (silencio tras dos avisos), en el que mató por Rafael González.

Joaquín Galdós: media estocada tendida atravesada y tres descabellos (silencio tras aviso); estocada atravesada y tres descabellos (silencio).

Rafael González: pinchazo de González y estocada trasera de Juan Leal (silencio tras aviso). Tras el primer ataque con la espada ingresó en la enfermería, donde fue atendido de una cornada grave en la cara anterior del tercio proximal del muslo izquierdo, con una trayectoria ascendente de 20 centímetros que rodea el músculo sartorio, desgarra el músculo recto anterior y alcanza la espina iliaca anterosuperior izquierda, además de presentar una contusión en la clavícula izquierda, pendiente de estudio radiológico.

Cuadrillas: destacó picando Óscar Bernal y con las banderillas Gómez Escorial y Roberto Blanco, que saludó.

Plaza: Las Ventas (Madrid). Vigésimo sexto festejo de la feria de San Isidro, con algo más de medio aforo cubierto (unos 12.000 espectadores), en tarde con algunas rachas de viento.

La corrida de hoy de la feria de San Isidro volvió a ofrecer las dos caras de la Fiesta, con la cornada grave sufrida por el madrileño Rafael González en la tarde de su alternativa y, en el extremo opuesto, la oreja que premió el "arrimón" del francés Juan Leal con un buen ejemplar de Fuente Ymbro.

El percance sucedió precisamente en el toro del doctorado de diestro de Griñón, un cinqueño de Fuente Ymbro que tuvo nobleza y, sobre todo por el pitón izquierdo, mucha profundidad a lo largo de una faena que comenzó a buen nivel, mientras el animal mantuvo la inercia, pero que enseguida acabó yendo a menos.

Sin sacarle el partido debido con la mano izquierda, González no aplicó a su toreo asentado un excesivo mando, lo que hizo que el animal se creciera y que, en unas amontonadas bernadinas de remate, se le acabara echando encima para meterle medio pitón en la parte superior del muslo izquierdo.

Aunque intentó mantenerse en el ruedo, e incluso llegó a entrar a matar, le falló la pierna en varias ocasiones, lo que hizo que Juan Leal, como director de lidia, se hiciera presente y le aconsejara irse a la enfermería, donde González fue operado de una herida grave de 20 centímetros de extensión.

El festejo quedó así en un mano a mano entre el francés y el peruano Joaquín Galdós, que tuvieron cada uno una excelente opción de triunfo con los dos siguientes ejemplares de la divisa gaditana, como fue ya ese segundo al que Leal cortó la oreja.

Sin opción a la ritual devolución de trastos de los días de alternativa, Leal abrió el trasteo ligándole una serie de derechazos con las dos rodillas clavadas en los medios de la plaza, momento en el que se pudo comprobar con claridad la buena condición del animal.

Pero el torero de Arles, más que aprovechar para llevar esas buenas embestidas toreadas en el largo trayecto que apuntaban, prefirió buscar la distancia corta de una manera casi obsesiva, en un "arrimón" demasiado provocado y buscando "pelea" donde debía haber "diálogo".

Metido, con mérito, entre los buidos pitones del de Fuente Ymbro, no logró, en cambio, que el toreo le fluyera ante un ejemplar que ni así mermó su nobleza hasta que, tras una estocada cobrada con un deportivo salto para salvar el astifino armamento del toro, acabó por cortar esa generosa oreja.

Con los otros dos que tuvo que estoquear, Leal volvió a recurrir a la misma fórmula del efectismo en las cercanías, pero estos ya no se lo pusieron tan fácil: reservón e insulso, el cuarto llegó incluso a voltearle por su insistencia, mientras que el sexto, un basto manso a punto de cumplir los seis años, desarrolló un acusado peligro ante el que el francés no volvió nunca la cara.

El otro buen toro de la corrida fue el tercero, y tal vez también el de más calidad, solo que Galdós afrontó su lidia con muy escaso compromiso, con muletazos despegados, moviendo y desplazando hacia afuera las embestidas, sin gobierno ni, por tanto, ligazón posible, desperdiciando así un éxito servido en bandeja antes de dilatarse en una labor anodina con el quinto, sin que ni toro ni torero se entregaran.