Escribir sobre los hitos y la madurez de un torero como Juan Serrano Finito de Córdoba no es hacerlo solo de sus grandes tardes, de los logros conseguidos o de los premios obtenidos; es detenerse en los momentos, en el ejemplo que ha sido y sigue siendo para todo el que sueña con vestirse de luces, en cómo se rompe cuando se expresa con libertad, cuando siente el toreo y, sobre todo, en como hace sentir a la afición.

Finito de Córdoba tuvo una etapa brillante de novillero, donde resucitó a la Córdoba taurina, junto a Rafael González Chiquilín, consiguiendo llenar el coso de Los Califas en esos, ya famosos, mano a mano, además de hacer el paseíllo en casi todas las plazas de primera. En ese momento, gracias a una generación de novilleros como Jesulín de Ubrique, Enrique Ponce, Rafi de la Viña, Luis de Pauloba, Pepe Luis Martín, Espartaco Chico, Cristo González o Chamaco, los empresarios taurinos daban novilladas en plazas de toros de todas las categorías.

Desde que se anunció que Finito tomaría la alternativa en Córdoba, la afición empezó a rugir: en los bares se hablaba de toros; en la calle hablaban de toros mayores y, también, jóvenes, que se incorporaron a las tertulias en las tabernas con más solera de la ciudad. Todo el mundo quería estar ese día en Los Califas, los niños empezaron a jugar al toro y los que soñaban con ser toreros tenían en ese joven novillero un espejo en el que mirarse.

Finito de Córdoba ha sido inspiración para muchos. Sus primeros pasos ya anunciaron el comienzo de un cambio de época como había sucedido en esta tierra a lo largo de su historia taurina con los cinco califas del toreo: Lagartijo, Guerrita, Machaquito, Manolete y El Cordobés. Cinco toreros que han protagonizado una época de la historia del toreo. Cinco toreros con conceptos diferentes que pusieron a Córdoba en el mapa del mundo taurino. Con Finito de Córdoba ha sucedido lo mismo: el despertar de una afición, la entrega a un torero, la exigencia, la comunión entre el torero y la afición, la consagración de una época. El tiempo dirá si Juan Serrano Finito de Córdoba está llamado a ser el sexto califa del toreo.

Aquel 23 de mayo

Córdoba se vistió de gala aquel 23 de mayo de 1991. Colas para entrar en la plaza, mucha expectación fuera y dentro del coso de Los Califas. Sin duda, se vivió algo histórico. Ese día ganó el toreo y la tauromaquia, ganó el arte y la cultura.

Finito de Córdoba se convirtió en ese torero que tanto tiempo llevaba anhelando la ciudad califal, consiguió que tres generaciones fueran juntas a la plaza, se podía ver por las calles de Ciudad Jardín a abuelos, hijos y nietos con charla animada dirigiéndose a la plaza de toros. Al repasar estos 30 años de alternativa se puede asegurar que éste ha sido uno de sus grandes hitos, su gran aportación a la Córdoba taurina: la recuperación de una afición que estaba dormida y lo hizo convirtiéndose en un pilar fundamental para muchos aficionados al toreo.

Finito lidia a un enemigo en La Malagueta en agosto de 2013 EFE

Ese joven con cara de niño y fina figura había cautivado el alma taurina de muchos cordobeses, incluso se ha convertido en una fuente de inspiración para los jóvenes que han decidido probar suerte en el toro en estas tres décadas. Su segundo gran hito: ser torero de toreros, un maestro.

Desde aquel 23 de mayo de 1991 han pasado muchas cosas, unas buenas y otras no tanto, pero sobre todo ha habido faenas para el recuerdo que por siempre permanecerán en la retina torera de muchos aficionados, de esas faenas que alimentan el alma, que te permiten disfrutar y recrearte en cada lance o muletazo. Son muchos los momentos únicos, eternos, bellos, puros y de verdad, los que nos ha regalado en estos años a todo el que acudía a verlo a una plaza de toros. Muchos recordarán a este torero por su plasticidad, por su verdad y por la pureza de su toreo, pudiéndose considerar éste otro de los logros que el maestro ha conseguido.

Finito ha evolucionado y madurado mucho en lo personal, en lo artístico y también en la técnica. En algún momento, en estos 30 años, ha dejado de ser Finito para convertirse en Fino: un torero con una afición infinita, una voluntad de hierro, una elegancia y una plasticidad fuera de lo común, un torero de verdad, con unas muñecas prodigiosas, una cabeza privilegiada, una técnica envidiable y con un amor al toro como pocos. En definitiva, un romántico del toreo que siente y nos hace sentir ese toreo eterno que solo sale de sus muñecas, de su cabeza y de su alma. Esa madurez, sin renunciar a su forma de concebir el toreo, es otro de los hitos. Los primeros años como matador de toros le sirvieron para forjarse como torero, para encontrarse consigo mismo y para entender que solo era feliz si no renunciaba a ser él. Esa transformación hizo que dejara a un lado las estadísticas y que lo que más le importara fuera la satisfacción personal, que apostara por la coherencia entre lo que sentía y lo que realizaba en una plaza y, así, casi sin darnos cuenta, Finito dejó paso al Fino y ganó el toreo.

El toreo clásico de Finito es eterno, siempre deslumbra. Nunca ha tenido interés por adaptarse a los tiempos en los que todo vale; todo lo contrario, con la madurez el torero ha apostado más por el romanticismo y la torería: por no defraudarse, eso sí, ha habido una evolución en cuanto a perfección, a la técnica y a la liturgia, a siempre tener presente esos detalles toreros que lo hacen diferente y único.

Personalidad y torería

Durante los más de 30 años que lleva en activo, Finito ha tenido grandes tardes y otras que no lo han sido tanto, pero todos tenemos en nuestra alma taurina recuerdos de largas cordobesas únicas, medias de cartel de toros, de su toreo a la verónica meciendo el capote con la misma ternura que una madre mece a su hijo, con ese juego de muñecas que solo los artistas poseen. Pero Finito no solo hace sentir con su toreo de capote, ya huele a torero haciendo el paseíllo, vestido de luces, en el campo, entrenando de salón en cualquier rincón con encanto. Este torero desprende elegancia, arte, sentimiento y torería, transmite verdad, de esa con la que se te encoge el alma y que necesitas para seguir viviendo.

Pase por alto a un toro de Fuente Ymbro, en marzo de 2013. DOMENECH CASTELLÓ

Si se habla de Finito no se puede dejar de hablar de su toreo al natural, ¡qué mano izquierda!, ¡cómo los lleva, cómo los mece, cómo los somete, cómo les baja la mano, cómo los hace humillarse, cómo conoce al animal!, ¡qué mente más lúcida!, ¡cómo es capaz de perdonarle la vida a un toro haciéndonos vibrar hasta conseguir que amemos este arte por encima de todas las cosas!

Le gusta disfrutar de todo el ritual, desde que se viste de torero en la habitación de cualquier hotel, la colación de su capilla o el vestido de torear, la forma de estar en la plaza, el paseíllo, al ir y salir de la cara del toro, en esos momentos, Finito también se siente torero.

Trayectoria profesional

Toca hablar de su trayectoria, de plazas y toros que todos los aficionados tienen en su memoria taurina. Finito de Córdoba debutó en una plaza de toros en Santiponce (Sevilla) en 1987, con caballos en Marbella, en 1989, y se presentó en Madrid en septiembre de 1990. Entre medias se anunció en las ferias de toda España y en Córdoba, donde se vivió esos mano a mano con Chiquilín con el coso de Los Califas lleno hasta la bandera.

Tomó la alternativa en Córdoba el 23 de mayo de 1991 y la confirmó dos años después, el 13 de mayo de 1993, en la Feria de San Isidro, aunque de esa temporada hay que hacer una mención especial a la faena, bajo la lluvia, a un toro de Mari Carmen Camacho, cuatro días después de confirmar la alternativa, el 17 mayo de 1993.

Sin duda, esa ha sido una de las tardes más importantes de su carrera porque a partir de ahí se volvieron a abrir las puertas de las grandes ferias como matador de toros. El maestro siempre se ha mostrado agradecido a ese toro de Mari Carmen Camacho y a Madrid. Por una parte, por el comportamiento de los toros y, por otra, por la actitud y los olés que se oyeron en Las Ventas en un día tan desapacible como fue aquel. Bajo una manta de agua, Finito volvió a demostrar que había torero, pese a dos temporadas donde las cosas no salieron bien y en las que tuvo que adaptarse al paso del novillo al toro. Aunque no es el momento de estadísticas, Finito de Córdoba tiene en su haber el indulto de más de una veintena de toros, haber actuado en casi 2.000 festejos, haberse enfrentado a más de 3.000 astados y haber cortado unas 1.500 orejas y casi 60 rabos. Además de ser el torero que más paseíllos ha hecho en el coso de Los Califas.

El ‘Finitismo’ y los ‘Finitistas’

Cuando se habla de los logros de Finito de Córdoba hay que detenerse en sus seguidores, en su gente, en esos que tantas tardes lo han acompañado. En las temporadas de 1988 y 1989, siendo aún novillero, nació el Finitismo. Una legión de aficionados seguía al joven novillero por muchas de las plazas en las que toreaba. Tenía fieles seguidores de todas las edades que no dudaban en hacerse cientos de kilómetros para ver a su torero.

La alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, entrega a Finito el trofeo Manolete de 2005. JUAN MANUEL VACAS

La explanada de la Cruz Roja, en frente del antiguo hotel Meliá -el hotel más torero de Córdoba- era el punto de encuentro. Aún de madrugada, en muchas ocasiones, allí se quedaba para coger el autocar rumbo a cualquier plaza de toros. Su tertulia taurina de las Bodegas Guzmán, germen del Club Taurino Finito de Córdoba y su Tauromaquia era quien organizaba esos viajes donde la ilusión y las ganas de ver triunfar a su torero siempre eran compañeras de viaje. Momentos de convivencia, de fraternidad entre personas de lo más variopinto que tenían una pasión común: el toreo de Juan Serrano, Finito de Córdoba.

Cientos de personas en autocar y en sus coches particulares han recorrido la provincia de Córdoba y otras cercanas para ver a su torero. Era normal verlos los días de corrida por los alrededores de La Malagueta o de la Real Maestranza de Sevilla, y hasta por la provincia cercana de Jaén o algunas localidades de Cádiz, como Jerez de la Frontera o el Puerto de Santa María. Otros muchos planificaban sus vacaciones para no perderse un compromiso importante de su torero y se hacían miles de kilómetros para ir a la reaparición en Mérida, a Barcelona, Zaragoza, Madrid… seguro que me dejo alguna sin nombrar. Siempre había un finistista allá donde el de Córdoba estaba anunciado en un cartel.

Conforme su trayectoria iba cogiendo vuelo, la legión de finitistas crecía hasta convertirse en un ejército que fletó trenes a Madrid para la confirmación de la alternativa el 13 de mayo de 1993 y, unos días después, para verlo formar un lío en Las Ventas cortando una oreja a un toro de Mari Carmen Camacho.

La pasión y la admiración por el torero fue más allá hasta el punto de contratar un avión para que 500 finititas volaran rumbo a la Monumental de México para verlo confirmar la alternativa al otro lado del charco, en noviembre de 1993, en una tarde en la que Miguel Espinosa Armillita Chico actuó como padrino y Manuel Mejía como testigo, lidiando toros de la ganadería de San Martín. El gran éxito de Finito en la Monumental de México se produjo en 2001 al cortar las dos en un encierro de Reyes Huerta.

En estos 30 años como matador de todos han dejado innumerables faenas recordables. Toros importantes como Tabernero, Infundioso, Bondadoso, Organillero; plazas como Barcelona, Sevilla, México, Quito, Mérida, Montoro, Laborador, Córdoba, Málaga o Ecuador y toros de Ana Romero, Torrestrella, Fuente Ymbro y Cuvillo, entre otros.

Al maestro no le gusta quedarse con una tarde. Cuando se le pregunta por la mejor faena siempre contesta que «está por venir». Su faena soñada aún está en su alma torera, pero la podemos vislumbrar si unimos todos los momentos que nos ha regalado a lo largo de su ya dilatada trayectoria.

Finito de Córdoba ha toreado en las principales plazas de la totalidad de los países de la geografía taurina europea como España, Francia y Portugal. Ha cruzado el charco en innumerables ocasiones para torear en Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela. Además, ha estado anunciado en los carteles de corridas relevantes como el Domingo de Resurrección en Sevilla, la corrida de la Prensa de Madrid, la Goyesca de Ronda, la reaparición de José Tomás, sin olvidar la tradicional corrida para festejar el Día de Andalucía.

Finito, junto a Juan José Padilla, El Cordobés y Enrique Ponce durante un acto para conmemorar sus dos décadas de alternativa. A.J. GONZÁLEZ

El torero con más paseíllos en Córdoba

El coso de Los Califas es, sin lugar a dudas, la plaza donde más paseíllos ha hecho, al tiempo que ha sido el torero que más veces ha actuado en el coso de Ciudad Jardín, en total 86 paseíllos, contando corridas de toros, novilladas y festivales taurinos a beneficio de entidades sociales como Cruz Roja, al que acudió la condesa de Barcelona -fiel seguidora del torero de Córdoba-, los Hermanos de la Cruz Blanca y el tradicional Festival contra el Cáncer, donde tantas veces ha actuado. En la mente de Finito está organizar un festival taurino a beneficio de las Hermandades y Cofradías de Córdoba con el objetivo de ayudar a quienes peor lo están pasando por culpa de la crisis social derivada del covid-19. Esta idea la viene madurando desde que fue pregonero de la Semana Santa de Córdoba, por cierto, el primer torero que lo ha hecho. Fue en marzo de 2015 en el Gran Teatro de Córdoba, justo dos días después de torear en Las Fallas y pegar una tanda de naturales de esos que solo puede dar Finito.

Siempre ha toreado en la Feria de Nuestra Señora de la Salud menos las temporadas de 2014, 2016 y 2020, lo que ha posibilitado que, junto con José Luis Moreno y Manuel Cano El Pireo, sea el torero que más trofeos Manolete tiene, al concedérsele tres veces, en 1994, 2001 y 2005, aunque al menos en dos ocasiones más ha sido justo merecedor de dicho trofeo.

Su tauromaquia es clásica, atemporal, ortodoxa y preñada de personalidad. El clasicismo de su toreo sigue siendo un tesoro y alimento para muchos aficionados y profesionales taurinos. Y es que Juan Serrano es emblema de la pureza del toreo clásico, de la suavidad, de esos que acarician al toro con la muñeca, mientras en estos tiempos el toreo tiende hacia la brusquedad, al todo vale, a las medias tintas. Manolete siempre ha sido su referente. Ha admirado su manera de entrar y salir del toro, su mirada, la majestuosidad que tenía y su personalidad, pero ha habido otros muchos de los que ha aprendido, todos ellos con un concepto similar al suyo. La forma de expresar de Pepín Martín Vázquez, la maestría de Antonio Ordóñez, Paco Camino, Manzanares o Curro Vázquez, y otros actuales como José Mari Manzanares Hijo, Enrique Ponce, las grandes virtudes que tiene Morante o José Tomás y la capacidad de otros como Padilla, El Juli, Talavante o Perera.

Su temporada más importante

La temporada del 2001 de Finito de Córdoba es bien distinta a la de los años anteriores. Los números de esta campaña hablan por sí solos: 102 corridas de toros, 36 puertas grandes y 116 orejas. Todo esto lo llevó a quedar líder del escalafón de matadores. La temporada estuvo planteada de forma magistral, basada en las plazas de importancia, actuando ese año en 18 plazas de primera categoría y 46 en plazas de tercera, sin eludir compromisos importantes. En tres ocasiones toreó en Las Ventas, dos para San Isidro y una en la feria de otoño. Tres también fueron los paseíllos en La Real Maestranza de Caballería de Sevilla, dos en la Feria de Abril y una tarde en San Miguel.

Sus plazas talismán

Córdoba, Madrid, Barcelona, Málaga y Sevilla son plazas donde Juan Serrano ha vivido momentos muy especiales, tardes de gloria y, cómo no, también algún momento malo, pero al hacer balance hay que destacar que son plazas que le han dado mucho. Pero no se pueden olvidar otros cosos taurinos como Montoro, Cabra, Mérida, Almagro o Antequera, que también han significado mucho en estos 30 años. Repasamos lo sucedido en algunas de ellas. La Maestranza ha sido una de sus plazas talismán, aunque por diversos motivos Finito no haya estado anunciado en cinco temporadas. Es una plaza donde se valora el toreo del caro y la afición sevillana siempre lo ha respetado.

Finito y su esposa, Arantxa del Sol, en la presentación de los carteles de San Isidro en 2019. EFE

Por recordar alguna tarde en La Maestranza hay que destacar la del 2 de mayo de 2000, ya no sólo por lo que se hizo en el ruedo, sino por lo que significó. Esa tarde fue el inicio de una nueva etapa, de dejar atrás temporadas más grises, fue el reencuentro consigo mismo. En ese festejo estuvo a punto de abrir la puerta del Príncipe al torear de forma sublime con el capote, deleitar con unos derechazos con la mano muy baja, largos y ligados, al tercer toro. Sublimes pases de pecho y unos ayudados, rodilla en tierra, de cartel de toros. En el sexto lo toreó a la verónica como él solo sabe. Hay quien dice que esa tarde, en la que Curro Romero se fue en silencio, Sevilla se convirtió en finitista.

En La Monumental de Barcelona ha hecho el paseíllo en 39 ocasiones. Sus números son impresionantes en este coso, del que ha salido diez veces a hombros y donde cortó un rabo de novillero. También indultó un toro, Zafiro, de la ganadería de Torrealta, alternando con Espartaco y con El Juli en julio de 2000. Desde 1968 no se indultaba un toro en Barcelona. Zafiro calló en manos de Finito para que le salvara la vida. Hondura, temple, largura y mano baja por ambos pitones, con torería y gran profundidad, poniendo al público en pie. «Jornada histórica: indulto en una plaza de primera, faenón cumbre de Finito de Córdoba», rezaba en alguna de las crónicas de ese día, todas unánimes al destacar el triunfo del torero.

Con Madrid siempre ha habido una relación de luces y sombras. Durante cinco o seis temporadas ha tenido tardes importantes donde ha hecho disfrutar, se ha sentido a gusto y ha sido respetado por el público, pero eso se rompió y nunca ha vuelto a ser igual.

Almagro, Sabueso y Fuente Ymbro fue el inicio de una bonita amistad que aún dura. El 25 de agosto de 2006, en el coso de Almagro, Finito de Córdoba indultó a Sabueso, de la ganadería Fuente Ymbro. Fue una faena bonita y emotiva desde el principio por la gran nobleza del animal, que hizo que no perdiera el ritmo en ningún momento de la faena. Hubo comunión entre torero, toreo, público y presidencia.

Camino de la madurez del torero

«Se torea como se es». Esa afirmación que tantas veces oída a Juan Serrano lo define bastante, ya que necesita estar bien en la vida personal para dar lo máximo en la plaza. El año de la alternativa fue una temporada bonita y completa; del 92 al 96 toreó en todas las ferias pese a estar acusando el paso del novillo al toro. Cuando Juan no estaba bien, arrastraba a Finito y eso se reflejaba en su toreo. Durante las temporadas de 1998 y 1999 estuvieron basadas en actuaciones en plazas tercera y cuarta categoría, pero el tesón, la afición y el amor propio lo hicieron continuar y aprender de esos momentos duros, donde en muchas tardes se encontraba al público en contra.

Y llegó la temporada del 2000, entró en la feria de Sevilla, como se ha citado anteriormente, triunfó, cortándole las dos orejas a un toro de Juan Pedro Domecq. Ese día todo cambió, ese toro le devolvió el sitio y su nombre volvió a verse en los carteles taurinos de mayor postín, como antesala de la gran temporada que hizo en 2001.

Finito posa delante del Cristo de los Faroles antes de dar el pregón de la Semana Santa de Córdoba en 2015. A. J. GONZÁLEZ

Al ser un torero artista, Finito de Córdoba ha pasado por otros baches de los que siempre ha salido fortalecido. Ha habido momentos de desgaste para el torero y la persona. La cantidad no es buena para los toreros de calidad, porque el toreo se convierte así en una rutina que no deja paso a la inspiración. La afición ha sido su gran arma para salir adelante, pese a las dificultades, y para seguir en activo y en este momento tan dulce, 30 años después de tomar la alternativa.

Un torero respetado por los toros

Finito de Córdoba ha sido un torero respetado por los toros. El balance de estos 30 años es una cornada de novillero en La Malagueta el mismo día que se convierte en el primer novillero en ser premiado con el Capote de Paseo, otra en Alicante en 2007 y una voltereta cuando lanceaba al primer toro de la tarde de la ganadería de El Pilar en la plaza de toros de Burgos (2004), que le produjo una doble fractura del tabique nasal. Para el torero éste ha sido el percance más importante de su carrera porque después de cuatro rinoplastias aún seguía teniendo problemas para respirar, lo que le ocasionaba que no pudiera estar en plenas capacidades físicas delante del toro, ya que su capacidad respiratoria era solo del 40%, y también tocó su ánimo, al no reconocerse tras las dos primeras reconstrucciones donde las cosas no salieron bien. Unos años después se cruzó en su camino el doctor Pedro Arquero, que obró el milagro: le reconstruyó la nariz de un cartílago de su costilla, eliminó los problemas respiratorios e hizo que Finito de Córdoba recuperará su perfil y su estabilidad.

Solo tres años después, y cuando aún padecía las consecuencias de la que ha sido su lesión más importante, un toro le pegada una fuerte cornada en Alicante, en la Feria de las Hogueras, que toca el triángulo de scarpa y el abductor, una cornada limpia, pero extensa. Estaba toreando con la muleta, muy metido en la faena, cuando después de un pase de pecho a favor de querencia le pegó un tornillazo seco y llegó la cornada.

Toros que han marcado su trayectoria

Bondadoso. Córdoba, 29 de mayo de 2004. Finito de Córdoba actúa en solitario lidiando 6 toros. No era la primera encerrona del torero en Los Califas, ya lo había hecho antes un Domingo de Ramos, pero esta vez había sido a iniciativa suya. Cuarto toro de la tarde de la ganadería de Domingo Hernández. Al coger el capote ya se olía lo que podía pasar, el brindis a Vicente Amigo... Finito ya rumiaba que algo grande iba a suceder, y así fue. Gran faena con la muleta, toreando por bajo y poniendo la plaza en pie. Si antes se hacía mención a los trofeos Manolete, el más importante de Córdoba, ahora hay que destacar que en 2004 se quedó desierto con esta faena. Eso dice mucho, sobre todo, de aquellos, que haga lo que haga Juan Serrano Finito de Córdoba en una plaza de toros nunca lo van a valorar como merece.

Laborador. Córdoba, 30 de mayo de 2015. Sábado de Feria de Nuestra Señora de la Salud. Finito está anunciado en los carteles en el día grande. Sale Laborador al ruedo, de la ganadería de Núñez del Cuvillo, un toro con unas hechuras perfectas, con fijeza, prontitud y nobleza.

Los naturales, marca de la casa, con la muleta mecida con temple y quietud, crearon una faena grandiosa, en la que mostró su izquierda más apabullante. Hubo pureza, torería, duende y aroma. También mando y mimo, magia y plasticidad. Una locura. La cima del toreo del puro. Una faena que se tiene que asemejar mucho a la que Juan Serrano tiene en su cabeza y su alma, una faena de maestría, técnica y torería.

Finito lidia el primer toro en la pandemia, el 18 de julio del 2020, en Ávila. DAVID CASTRO / DIARIO DE ÁVILA

Doctor. Antequera, 9 de octubre de 2020. Tras no verse anunciado en la única corrida de toros que se celebró en el 2020 en Córdoba, Finito torea en Antequera con la ilusión del que empieza y el estreno de un terno espectacular. Se lidian toros de la ganadería de Zalduendo. Con el indulto de Doctor parece que el destino quiere que el toreo, en las manos de Finito, que entró sustituyendo a Castella, le rinda su particular homenaje a los sanitarios. Este festejo formaba parte de la Gira de la Reconstrucción promovida por la Fundación Toro de Lidia. Esta tarde pasa a formar parte de esos momentos mágicos que Finito dejará al toreo, en el ruedo antequerano, en el que tantas veces ha toreado, se disfrutó de una faena que rozó la perfección.

Primer torero en lidiar un toro en la era covid

El nombre de Finito de Córdoba también quedará escrito en la historia del toreo por ser el primer matador de toros en lidiar un toro en la era covid. La temporada de 2020 ha sido una de las más complicadas para el mundo taurino en las últimas décadas, con importantes pérdidas para la actividad taurina. La corrida se celebró en Ávila el 18 de julio, compartió cartel con López Simón y el mexicano Ernesto Tapia El Calita y se lidiaron toros de la ganadería El Vellosino. Da bastante pudor resumir, en unos cuantos caracteres, la trayectoria del torero más importante que ha tenido Córdoba en las últimas décadas.

30 años desde que tomara la alternativa. 30 años del toreo del caro, con sus luces y sus sombras. 30 años donde no ha cambiado su tauromaquia, que es un soplo de aire fresco y puro, con torería y verdad, que brilla con luz propia en el momento más oscuro del toreo, donde manda la monotonía y la falta de verdad.

Te puede interesar:

Ahora, 30 años después de que ese joven de fina y esbelta figura tomara la alternativa en el coso de Los Califas, Juan Serrano torea como solo los elegidos pueden hacerlo.

Finito de Córdoba es un torero para disfrutarlo en cada detalle, es torería. Tiene una forma de ser y de sentir que a nadie deja indiferente, su toreo es sentimiento, magia, inspiración, elegancia, un no sé qué que te pone los bellos de punta y se te clava en el alma. ¡Si el Fino no hubiera nacido, habría que haberlo inventado! Y como dice el crítico taurino Luis Miguel Parrado: «Córdoba sin el Fino es menos Córdoba».