Ganado: seis toros de José Luis Marca, el cuarto lidiado como sobrero, de aceptable presentación, aunque vacíos por completo de casta y bravura, a excepción del segundo, con mucha fijeza en las embestidas.

Francisco Rivera 'Paquirri': pinchazo y estocada (silencio); y estocada y un descabello (una oreja).

David Fandila 'El Fandi': estocada caída (dos orejas); y estocada caída (dos orejas).

Julio Benítez 'El Cordobés': estocada casi entera (una oreja); y pinchazo y estocada (silencio tras aviso).

Plaza: Cabra. Casi tres cuartos de entrada en tarde de temperatura agradable.

La Fiesta atraviesa un momento delicado, lo que no justifica la aplicación de aquello del "todo vale" para salvar la situación. Demostrado está que los llamados carteles mediáticos siguen contando con un público fiel; que las plazas de tercera categoría, aunque cuenten con casi 170 años de historia, siguen siendo plazas de tercera --con todos los respetos del mundo--; que en esto del toro un apellido sigue valiendo su peso en oro; y lo fundamental, que el que paga manda y, a fin de cuentas, es el público el que sustenta todo este entramado taurino.

La crónica del tradicional festejo del Sábado Santo celebrado, ayer, en Cabra podría resumirse con estas máximas. Cartel de toreros con tirón en taquilla, como demostraron los casi tres cuartos de entrada, dos de ellos con apellidos que imponen respeto al hablar de sus progenitores; un público con ganas de fiesta más pendiente del clarinero y sus "floreados" cambios de tercio que de lo que estaba sucediendo en el ruedo, y un recinto cuyo callejón, por una notoria falta de mantenimiento, deja mucho que desear, como se puso de manifiesto en los destrozos que causaron en las tablas dos de los toros lidiados ayer.

Con estas mimbres, queda claro que el desarrollo de la lidia no pasará a la historia de la tauromaquia, con faenas, la mayoría de ellas anodinas, a excepción de varios pases sueltos de Francisco Rivera a su segundo, en el que intentó justificarse de lo que había sido su actuación en el que abría plaza, al que no quiso ni ver, dejando que su picador le propinara un prolongado puyazo que terminó con las pocas fuerzas del animal.

Al margen de los cuatro trofeos --queda dicho que el público es soberano en sus peticiones--, David Fandila volvió a demostrar que domina el capote y las banderillas como pocos, aunque con la muleta la cosa cambia de manera considerable, como se pudo comprobar en el primero de su lote, un toro con mucha fijeza y tranco en la embestida, al que El Fandi realizó una faena marca de la casa, que casi calcó en el quinto, al que también cortó las dos orejas.

Completaba la terna un Julio Benítez falto de sitio en sus dos toros, tanto en el capote como en la muleta, mostrando excesivas precauciones en el manejo de los engaños, pese a lo cual el público, siempre soberano y tal vez por aquello del apellido --se le llegó a pedir el salto de la rana--, jaleó en sus faenas solicitando la oreja en su primero.