Ganado: Dos toros de Antonio Bañuelos ( la ganadería anunciada), uno de Aurelio Hernández, uno de Couto de Fornilhos, uno de Carmen Segovia y uno de Domínguez Camacho. Como es natural de distinto juego y presentación.

Zotoluco: estocada sin puntilla (palmas) y dos pinchazos y estocada (silencio).

Diego Urdiales: pinchazo, estocada y descabello (ovación con saludos, tras aviso) y tres pinchazos, estocada y dos descabellos (silencio).

Morenito de Aranda: estocada y descabello (oreja tras aviso) y pinchazo y media estocada caída (silencio tras aviso).

La corrida de ayer en Madrid, la que hizo la decimosegunda del abono, fue un festejo muy atípico, en el que se lidiaron toros de cinco ganaderías distintas, lo que provocó que, en algunos animales, la diferencia de peso se aproximara a los doscientos kilos. Una auténtica pasarela de ganado bravo donde se lucieron toda una variedad de encastes. Y claro, con tanto encaste variado el resultado no dejó indiferente a nadie. Con lo que al final del larguísimo festejo, al menos, nadie salió aburrido.

El único que tocó pelo fue Morenito de Aranda, que vio cómo se devolvía su primer toro de la ganadería anunciada para ser sustituido por un ejemplar de Carmen Segovia, de 630 kilos. Un animal noble que fue de menos a más en la muleta y que desbordó en algunos compases de la faena al torero.

Tardo Morenito en verlo, y con un poco de mas temple, para amoldar al toro, este hubiera sacado a relucir su franqueza en la embestida mucho antes. Pero en fin, el toro acabó claudicando y viniéndose arriba con más transmisión. Ahí alzó el vuelo la faena, que de todas maneras se antojó corta para el premio de una oreja. Pero Madrid es Madrid, y como se vio algo de luz en una feria que camina deambulando- pues eso.

PROTESTAS El último, un toro que demostró su clase en el recibo a la verónica y en el caballo, del hierro de Couto de Fornilhos, también fue devuelto cuando cayó, tras ser banderilleado, y quedó en la arena tendido. El presidente, sin esperar a ver la causa de la caída, lo devolvió. Entonces el animal se recuperó y no mostró síntomas de secuelas. Una pena de toro. En su lugar salió un ejemplar de Domínguez Camacho de 487 kilos de peso que fue protestado por su poco peso. Resultó ser un buen toro, serio, bravo y con movilidad y las protestas se acallaron. Morenito de Aranda se doblo con él muy bien y ante la incomodidad de la embestida, lo sometió por abajo y el toro respondió. Había que bajarle los humos. El diestro le enjaretó dos series por la derecha aguantando mucho el genio del toro.

Zotoluco abrió la tarde ante un toro de la ganadería titular con una larga cambiada junto a las tablas. El animal salió suelto del caballo. Después un quite por chicuelinas, demostrando al respetable la buena disposición. El toro era complicado. Embestía dando arreones y con la cara alta. Y, además, salía del embroque con un tornillazo.

Por la izquierda, Zotoluco lo llevó mejor pero el animal no se entregó en ningún momento. El torero no se afligió nunca. En el cuarto, también de la ganadería titular, los muletazos iniciales tuvieron buen gusto. Luego no hubo limpieza, ni por derecha ni izquierda, así que no pudo completar nada de nada.

URDIALES Diego Urdiales vio cómo le devolvían a su primer toro. En su lugar salió un ejemplar de Aurelio Hernando que embistió al capote con las manos por delante. Luego derribó estrepitosamente a la cabalgadura. Molestaba un poco el viento y Urdiales comenzó con la mano diestra. El animal embestía rebrincado y cabeceando y ahí fue donde salió a relucir la profesionalidad del torero, que consiguió pases de mucho mérito, en una lucha sin igual.

El quinto, de Couto de Fornilhos, pesó 658 kilos. Un toro descastado y con guasa. El animal, que desparramaba la vista y medía al torero, embestía casi al paso y sin transmisión. Diego no estaba cómodo y cansado de aguantarle, lo pasaportó.