"Eres mi único punto débil". Se lo escribió Pedro Nieva, un electricista vasco, a su esposa Katia. Meses atrás, había descubierto que su mujer le engañaba con su amigo, el concejal de Llanes (Asturias), Javier Ardines. El 15 de agosto de 2018, un día antes de que mataran a Ardines, Nieva envió un mensaje de whatsapp al amante de su mujer. No había palabras, solo era un signo de ortografía: un punto final. Esa madrugada, Ardines fue asesinado a la salida de su casa. Le echaron gas pimienta en los ojos y la cara y le golpearon con un bate de béisbol en la cabeza.

Pedro Nieva y su amigo Jesús Muguruza están acusados de organizar y encargar el crimen. Djilali Benatia y Maamar Kelli, dos delincuentes argelinos, de ejecutarlo. La fiscalía pide 25 años de prisión para cada uno de ellos en el juicio que empieza el 29 de octubre en la Audiencia de Asturias. Las investigaciones de la Guardia Civil, adelantadas en su día por La Nueva España, del grupo Prensa Ibérica, descartaron el móvil político del asesinato y apuntaron pronto a un motivo sentimental, algo personal.

Dos parejas

El crimen de Ardines fue el punto final de una historia de dos matrimonios, cuatro personas. Katia Blanco y su marido, Pedro Nieva; Nuria y el suyo, Javier Ardines. Nuria y Katia son primas hermanas y crecieron en la zona de Llanes, un lugar paradisiaco, junto al mar y a las faldas de la sierra del Cuera, puerta de entrada a los Picos de Europa. Ardines se casó con la primera, aunque tuvo relaciones secretas y prohibidas con la segunda durante más de treinta años, desde que ella tenía 16. Ella, Katia, se casó con Pedro Nieva.

Ambos matrimonios tuvieron dos hijos. Los dos matrimonios se compraron dos casas en una urbanización cerca de Belmonte de Pría, donde vivían apenas 20 familias. Durante años, se veían en Llanes en vacaciones, festivos y algunos puentes. Y Ardines y Katia aprovechaban algunos de esos momentos para tener encuentros sexuales.

El marido engañado, Nieva, sospechaba. Y el 6 de diciembre de 2017, durante el puente de la Constitución, tendió una trampa a su mujer y su amante. Los tres estaban comiendo en una sidrería llamada Muros. Nieva fue al baño y los dejó a solas después de esconder su teléfono móvil y dejarlo grabando. Los dos amantes no pudieron evitar entonces hablar de lo suyo, de las dificultades para verse y de los celos del marido de Katia, que dice:

-Ir calentando la casa para cuando llegues... Menos mal que no sabe cómo la caliento, si no, agárrate que vienen curvas.

El pescador y concejal responde:

-Calla, calla (...) Llevamos años librando.

Katia le pide prudencia y le anuncia que en enero se escapará y podrán estar juntos. Nieva vuelve del cuarto de baño y apaga la grabadora de su móvil cuando Ardines empieza a hablarle de lo rico que está el flan que está tomando de postre. Luego escuchará la grabación en casa, durante meses, miles de veces, de forma obsesiva, según la Guardia Civil. Decide no contárselo a nadie, solo a su esposa, su punto débil. Ella tampoco lo cuenta a nadie, ni a su prima Nuria ni a su amante, el concejal Ardines.

Marido atormentado

Los dos matrimonios hacen vidas alejadas durante el invierno. Katia y su marido viven en Amorebieta (Vizcaya), Nuria y Ardines, en Llanes. Katia intenta convencer a su marido de que todo ha sido un tonteo sin importancia, pero Nieva vive atormentado. Comienza a visitar por internet páginas de tiendas espía donde comprar micrófonos, posiblemente para espiar a su esposa. También entra en páginas que ofrecen pruebas de paternidad. Nieva está obsesionado con que su segundo hijo no se parece físicamente a él, llega a pensar que podría ser hijo del concejal, según consta en el sumario.

La Guardia Civil cree que Nieva entró entonces en un estado de "celos, desazón y rabia" que se agravó cuando se acercaba el verano de 2018 y su mujer le dijo que iba a volver a Llanes, como siempre. El hombre se opone y la amenaza. Si va, él entregará la grabación a la mujer de Ardines. Todo saltará por los aires. Katia le dice que ella va a ir, que todo son fantasmas suyos, celos. No hay nada por lo que esconderse, nada por lo que dejar de ir a la casa de vacaciones.

Una paliza por dinero

Aquellos días, según las investigaciones de la Unidad Central Operativa, Nieva se desahoga con un amigo suyo, Jesús Muguruza. Nieva le había encargado algunos trabajos, como descargar escombros de una obra, y Muguruza le veía "bajo de ánimo". En su confesión ante la Guardia Civil, que luego achacó a presiones y fue anulada por el Tribunal Superior de Justicia de Asturias, Muguruza declaró que su amigo le había contado que su mujer le ponía los cuernos con un primo suyo en Asturias y le dijo:

-"Si le das una paliza, yo te daría un buen dinero".

Muguruza se negó, pero le habló entonces de un tipo argelino con el que había coincidido pescando en Ondárroa, el tercer hombre que se sienta en el banquillo. Es Djilali Benatia, con algunos antecedentes por robos de pisos y coches en Cantabria y el País Vasco. Este hombre también confesó su participación en el crimen y relató cómo había ocurrido todo. Explicó que se reunió con Muguruza y Nieva en una cafetería de Ocharcoaga, en Bilbao, donde vivía. Allí, según su primera versión, Nieva le encargó "dar una paliza" a un hombre en Asturias y le entregó una fotografía. Era Javier Ardines.

25.000 euros

Benatia contó que decidió hacerlo con ayuda de un viejo compinche, un tipo fuerte llamado Maamar Kelli. Que los dos recibieron, en diferentes entregas, un total de 25.000 euros. Que hizo un primer viaje a Llanes con Nieva y Muguruza donde le enseñaron la zona. Y que, después de un intento fallido, la madrugada del 16 de agosto de 2018 se apostaron a la salida de la casa de Ardines y lo atacaron. Llevaban el mango de un pico, el bate de béisbol y dos sprays de gas pimienta.

La investigación de la Guardia Civil encontró muchos indicios contra ellos, incluso un spray de gas pimenta muy similar a los hallados en el lugar del crimen. Una imagen del control de peaje de la autopista grabó a los dos presuntos sicarios regresando aquella mañana a Bilbao con la ventanilla del copiloto bajada. Benatia explicó que uno de los sprays de gas pimienta se les había disparado dentro del coche y habían tenido que bajarla para poder respirar y seguir viaje. Tres de los teléfonos móviles de los acusados fueron detectados en el primer viaje del que habló Benatia, camino de Llanes, en el que el coche de Nieva sufrió una avería y tuvieron que llamar a la grúa y alquilar otro vehículo para seguir hasta Asturias.

Presiones

El argelino también se ha desdicho de esa confesión y asegura que la hizo presionado por la Guardia Civil. Buena parte del juicio debatirá sobre esas dos confesiones. Los otros dos acusados, el segundo argelino Maamar Kelli, y el acusado de encargar el crimen,Pedro Nieva, siempre han mantenido su inocencia. Este último estaba en Amorebieta cuando ocurrió el crimen. Su mujer estaba en Llanes, cerca de la casa de Ardines, cerca del lugar del asesinato, y se enteró muy pronto de que habían matado al concejal. Entonces, Katia escribió a su marido:

"Tiene un golpe en la cabeza. Se ha muerto (...) Parece que le han hecho algo... Pedro... ¿Qué has hecho?

El hombre le juró que no había hecho nada y que había estado en su casa toda la noche, sin poder dormir, a más de 200 kilómetros de allí.

Tiempo después, Katia avisó a su marido tras salir de un interrogatorio con la Guardia Civil.

-Van a ir a por ti.

Nieva, Muguruza y Benatia fueron detenidos en sus casas del País Vasco el 19 de febrero de 2019. Maamar Kelli cayó en Suiza, donde ya estaba en prisión, acusado de varios robos. Todos defenderán en el juicio que son inocentes del asesinato de Ardines. Katia, la mujer del supuesto autor intelectual, ha seguido visitando en la cárcel a su esposo, se ha reconciliado con él y apoya su historia. Parece que ella no será, esta vez, su punto débil.