Cortisol disparado
José Fraile, afectado por una enfermedad de la retina vinculada al estrés: "Me dijeron que me convendría volverme pasota"
Este ingeniero, que admite ser autoexigente, empezó a notar una molestia ocular en 2019: tras un periplo por especialistas le diagnosticaron una coriorretinopatía serosa central

José Fraile, afectado por coriorretinopatía serosa central. / CEDIDA
Desde que, en 2019, José Fraile comenzó a notar una pequeña molestia ocular en su ojo izquierdo, que acabaría siendo el primer síntoma de la coriorretinopatía serosa central que después le diagnosticaron, empezó a dar tumbos entre distintos especialistas. "He visto a multitud de oftalmólogos, en la sanidad pública y en la privada", confiesa años después este ingeniero que trabaja en proyectos energéticos y en diciembre cumple 55 años.
Hoy, se siente más confiado. Tras ese periplo, ha recabado en la unidad especializada que dirige el oftalmólogo José Ignacio Fernández-Vigo, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, y siente que, por fin, ha llegado a buen puerto. Detrás de su dolencia, un estrés laboral que arrastra desde hace años por su propia personalidad: autoexigente y responsable. "Cuanto más estrés tengo, más probable es que se desencadene un brote. Lo he pasado y lo sigo pasando mal", confiesa.
Actualmente, tiene el 100% de la visión pero hay un ojo, el izquierdo, que es el más dañado: "Los colores ya no los distingo. Es como si fuera casi daltónico"
La coriorretinopatía serosa central ocurre cuando se filtra líquido debajo de la retina (edema subretiniano), causando un desprendimiento leve en la mácula. A José, aquella molestia, que comenzó de forma muy lenta, le cogió por sorpresa. "No tengo ninguna otra enfermedad. Y no tomo tampoco corticoides, que es otro de los factores que está asociado como desencadenante. No tengo ningún problema físico, excepto que estoy sometido a estrés laboral por el campo en el que trabajo. Y puede que por eso esté predispuesto: soy una persona que se toma las cosas con demasiada seriedad. Eso lo que hace es agravar el problema", explica.
Enfermedad crónica
La evolución de la dolencia es variable, dicen los médicos. En algunos casos, el líquido que se acumula debajo de la retina y desencadena la alteración, puede desaparecer espontáneamente en semanas o meses y no todos los pacientes necesitan tratamiento. En otros, la enfermedad se cronifica o reaparece varias veces. En esos casos puede producirse daño en los fotorreceptores de la retina. Si es así, la recuperación visual puede ser incompleta, aunque el líquido desaparezca.
"Se ha constatado que es cien por cien debido al estrés, que se me dispara y me genera un cortisol muy elevado"
"En mi caso nunca ha remitido de manera espontánea", relata José Fraile tras haberse sometido a distintas terapias desde 2019 y haber vivido varias reapariciones de la dolencia. "A finales de agosto vuelvo otra vez a revisión con el doctor Fernández-Vigo y, a partir de ahí, en función de cómo esté, decidirá tratar o no", añade.
Los primeros síntomas
"Como trabajo con ordenadores, viendo planos y todo esto, un día noté que, cuando había líneas rectas, las veía un poco onduladas. Al principio no le das importancia. Pero la médica del trabajo me recomendó hacerme una prueba oftalmológica pensando más en que podía ser algo tipo degeneración macular asociada a la edad", cuenta cuando relata como notó los primeros síntomas.
A partir de ahí, José empezó a hacerse revisiones. "Me dijeron que tenía una pequeña alteración en el epitelio de la retina, pero era muy pequeña. De hecho, si hubiera tenido otro tipo de trabajo, no me habría dado cuenta. Al principio, no me diagnosticaban porque, como era muy incipiente, no sabían exactamente a qué obedecía. Me hicieron revisiones periódicas cada seis meses y prácticamente tardaron un año en diagnosticarme", recuerda.
Los tratamientos
Cuando hay que tratar el ojo, las principales opciones son tratamientos con láser muy específicos, explican los médicos. A partir de una fotografía de la retina se puede planificar el tratamiento. En algunos casos puede aparecer una complicación, como el desarrollo de vasos sanguíneos anómalos bajo la retina. En esos casos concretos pueden ser necesarias inyecciones intraoculares de fármacos anti-VEGF, medicamentos anti-Factor de Crecimiento Endotelial Vascular que bloquean una proteína que estimula la creación de vasos sanguíneos.
José Fraile -que, en estos años, solo se cogió una baja laboral, en 2024-, se ha sometido a varias de esas terapias con láser, como la fotodinámica, la única que ha sido efectiva, pero ha visto como, cuando ya pensaba que estaba curado, la alteración reaparecía. La última vez, recientemente y nuevamente en su ojo izquierdo.
Daños permanentes
"El problema de la enfermedad es que es un edema que cuanto más tiempo está en la retina más daño causa y puede dejar daños permanentes. Lo que hay que hacer es tratar de reducirlo, que desaparezca", señala. Su enfermedad, añade, ha tenido dos vertientes: "la de la mala suerte (por algunos tratamientos que no le han funcionado) y entrar en el porcentaje de la estadística en los que la alteración no se ha resuelto de manera espontánea".
Actualmente, tiene el 100% de la visión pero hay un ojo, el izquierdo, que es el más dañado. "Los colores ya no los distingo. Es como si fuera casi daltónico y ves las líneas más onduladas, las imágenes un poco deformadas, como un poquito más aplastadas", explica.
Manejar el estrés
José recuerda que la enfermedad está estrechamente vinculada al estrés y al uso de corticoides. "El cortisol -la llamada hormona del estrés- solo hay dos maneras de que se genere en el cuerpo o bien, porque uno tome medicación con corticoides, o de manera endógena. Me he hecho revisiones con un endocrino, pero está todo bien. En mi caso se ha constatado que es cien por cien debido al estrés, que se me dispara y me genera un cortisol muy elevado y, a partir de ahí, es el desencadenante", comenta.
José ha probado de todo para manejar ese estrés que, dice, domina su vida. "Estuve en tratamiento psicológico, he dado cursos de meditación, he hecho muchísimo deporte, he tenido buena alimentación. Hasta me recomendaron ashgawanda para controlar el cortisol. La estuve tomando un tiempo. A mi nada me ha ayudado. El estrés es algo subjetivo y tengo ese handicap de que soy excesivamente responsable y que me preocupo por todo. Uno de los oftalmólogos que me vio a lo largo de mi enfermedad me dijo que me convendría volverme un pasota", zanja.
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Fuente: El Periódico
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