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Afectada de Hipersensibilidad Electromagnética y Sensibilidad Química Múltiple

Mi vida en una jaula: la historia de Azucena, una zamorana condenada a un confinamiento perpetuo por una rara enfermedad

La vida de Azucena Barrio no es compatible con teléfonos móviles, wifi, antenas ni nada que suene a tecnología inteligente, tampoco con sustancias químicas de uso común

Así es el día a día de una zamorana con Hipersensibilidad Electromagnética y Sensibilidad Química Múltiple

El confinamiento se ha agravado a raíz de la instalación de alumbrado inteligente en su pueblo de Cerecinos del Carrizal

"Ni estamos deprimidos ni locos, somo enfermos y en estos momentos mi vida corre peligro"

Almudena Barrio asoma desde la jaula de Faraday en su casa de Cerecinos del Carrizal

Almudena Barrio asoma desde la jaula de Faraday en su casa de Cerecinos del Carrizal / J. S.

Irene Gómez

Azucena vive en una celdilla de apenas dos metros cuadrados protegidos por una tela de hilo de plata y malla de acero inoxidable. Con un cubo sanitario por baño y atrapada en una marea de dolencias y problemas neurocognitivos, la vida de esta zamorana de 57 años dio un giro de 180 grados hace una década, cuando los síntomas de una aparente alergia común descubrieron la demoledora realidad: Hipersensibilidad Electromagnética (EHS) y Sensibilidad Química Múltiple (SQM).

Enfermedades emergentes que imponen serias limitaciones para la vida cotidiana y cuyos pacientes pagan el peaje de la falta de reconocimiento por parte de la Sanidad Pública. Surgen vinculadas a la nueva realidad de un mundo dominado por las tecnologías inteligentes y el uso generalizado de sustancias químicas, llegando a distorsionar el funcionamiento normal del organismo hasta los límites más extremos. "Hay enfermos que no han soportado la situación y su salida más rápida ha sido el suicidio" cuenta Azucena Barrio desde su jaula de Faraday, el búnker que la aísla de la radiación electromagnética en su casa de Cerecinos del Carrizal.

¿Es posible concebir una vida sin poder viajar en medios de transporte público por tener sistema wifi ni acudir a una consulta médica ni hospitales ni hacer trámites en una oficina ni ir al supermercado, al cine o la biblioteca, ni siquiera utilizar un aseo público? La intolerancia condena a pacientes como Azucena a una cuarentena perpetua como única barrera a la exposición a tóxicos y campos electromagnéticos que acarrean graves problemas de salud.

Hay enfermos que no han soportado la situación y su salida más rápida ha sido el suicidio

Una enfermedad multisistémica y multiorgánica que llega a afectar a todo el sistema nervioso central, intestinal, respiratorio, cardiovascular, pulmonar, bucal, articular, reproductor. Es mareante leer los dos folios escritos a mano donde Azucena expone la lista de la sintomatología que le produce la exposición a tecnologías inalámbricas y eléctricas, y productos químicos cotidianos. Una reacción que sacude su cuerpo desde la cabeza, el corazón, el pulmón, los ojos, nariz, boca, cara, oídos, articulaciones o la piel.

"Es desesperante llegar al médico y que lo arreglen con una fibromialgia cuando realmente no se me ha investigado ni se me ha hecho una historia clínica correcta" lamenta Azucena sobre el peregrinaje de esos primeros años de la enfermedad, dando palos de ciego y pagando el peaje de la incomprensión.

El episodio en la autovía

Esta enfermedad lleva al paciente, y a su familia, a situaciones verdaderamente diabólicas como la que describe Azucena con motivo de uno de sus viajes a consultas médicas en Barcelona. "Nos vimos atrapados en un atasco en plena autopista, sentí que perdía la visión, no podía respirar, me estaba ahogando. Hasta que perdí el conocimiento. Cuando mi marido logró salir de allí fuimos a dar a una zona de viñedos con mucho campo electromagnético, me ponía peor, hasta que por fin llegamos a una arboleda. Salimos del coche llorando, me pasé toda la noche en el hotel con espasmos, malísima" recuerda sobre uno de tantos episodios vividos en un ambiente cada vez más irrespirable para pacientes con electrosensibilidad, rodeados de molinos eólicos, antenas y torres de alta tensión. "Esta es la realidad de nuestra vida y encima chocamos con una incomprensión absoluta. Te contaría mil vivencias duras, aunque por suerte hay médicos que conocen y reconocen la enfermedad, pero queda mucho camino por recorrer".

Almudena dentro de la jaula de Faraday

Almudena dentro de la jaula de Faraday / J. S.

Esos especialistas, privados, han confirmado el diagnóstico a Azucena y prescrito un tratamiento a base de suplementación de vitaminas, minerales y nutrientes porque una persona con sensibilidad química múltiple no puede tomar "ni una aspirina". ¿Cómo mitiga los dolores? "Pues hablando claro, ajo y agua". Ante la imposibilidad de tratamiento farmacológico convencional, la alternativa es la farmacopea natural que debe pagar íntegramente de su bolsillo. Está reconocido por asociaciones en defensa de estos pacientes que estas enfermedades conllevan una pérdida de poder adquisitivo que "conduce generalmente a una situación de precariedad económica grave" para abordar costes médicos y de materiales necesarios para la vida diaria, como mascarillas, productos de higiene personal o de limpieza.

En la vida de Azucena no cabe todo un rosario de tecnologías inalámbricas ante las que su cuerpo reacciona con múltiples patologías

Tampoco Azucena puede seguir el protocolo de medicina preventiva. "Y que no me ponga peor porque yo no podría montar en una ambulancia ni entrar en un hospital en las condiciones actuales".

En Cerecinos del Carrizal Azucena creía haber encontrado acomodo en la tercera vivienda a la que se ha tenido que trasladar junto a su marido, empujada por un ambiente hostil del todo incompatible con una persona que no puede tolerar sustancias químicas habituales como perfumes, productos de limpieza o disolventes, ni mucho menos convivir con el actual asedio de campos electromagnéticos. Desde un teléfono móvil a un reloj o un despertador inteligente, antenas, el rúter, wifi, radio, televisión, un ordenador. En la vida de Azucena no cabe todo un rosario de tecnologías inalámbricas ante las que su cuerpo reacciona con múltiples patologías.

Nada de móviles

Para preservar su salud, la casa está desnuda de todo el aparataje y por electrodomésticos sobrevive con las vetustas máquinas de antaño. "Únicamente tengo conectado siempre el viejo frigorífico que gracias a Dios sigue funcionando, lo demás solo se enchufa para su uso. Hay dos puntos de luz, en el salón y en la cocina y se acabó. Si se necesita, uso la linterna con pilas. Cuando llegan mi marido y mis hijas ni se plantean traer un teléfono al igual que cualquier persona que me venga a visitar".

He llegado a un punto en el que el más mínimo campo electromagnético me afecta muchísimo y me está quemando por dentro

Hasta una cárcel concede mayor libertad. La electrosensibilidad severa que ataca a Azucena condena hoy su vida a un habitáculo de dos metros por uno para hacer frente al "elevado" campo de emisión que irradian las nuevas farolas inteligentes instaladas en el pueblo y que genera una respuesta biológica de efectos devastadores en el organismo de Azucena. "El problema es que los efectos son acumulativos en el tiempo y en el cuerpo, y van aumentando con la exposición. Ahora mismo he llegado a un punto en el que el más mínimo campo electromagnético me afecta muchísimo y me está quemando por dentro" explica con toda la crudeza esta paciente que, entre la catarata de sintomatologías suma la fibromialgia y fatiga crónica.

Pues, si no fuera suficiente la quimera en la que vivía encerrada en casa, Azucena se ha encontrado con otro incómodo enemigo: la iluminación inteligente instalada en Cerecinos del Carrizal que ha limitado aún más su confinamiento a una suerte de caja metálica, su nuevo hogar desde el 16 de octubre de 2025.

Las devastadoras farolas "led"

El Ayuntamiento activaba el nuevo alumbrado y con él Azucena recibía la dolorosa puntilla a su frágil salud. Las farolas con luces "led" dotadas de equipos de transmisión electromagnética son incompatibles con una persona que padece hipersensibilidad entre otras graves dolencias, y así lo han argumentado Azucena y su marido Javier Salvador ante las distintas instancias a las que se han dirigido para reclamar la retirada de esas luminarias y su sustitución por las farolas del sistema anterior.

El propio Ayuntamiento de Cerecinos del Carrizal, la Diputación de Zamora y la Subdelegación del Gobierno son conocedores de problema, además del Procurador del Común que ha admitido a trámite la queja en la que Azucena describe una "situación insostenible" mientras se lamenta de la falta de un diagnóstico reconocido por la Sanidad Pública que hubiera facilitado bastante el tortuoso camino por el que tienen que transitar enfermos de electrosensibilidad. "No estaría sufriendo el acoso y el maltrato que padezco constantemente por parte de la sociedad. Mi diagnóstico certificaría y justificaría mi enfermedad, mi derecho constitucional a la salud y a una vida digna; nos daría visibilidad".

La intolerancia condena a pacientes como Azucena a una cuarentena perpetua como única barrera a la exposición a tóxicos y campos electromagnéticos que acarrean graves problemas de salud.

La batalla ante las instituciones ha dado cierta razón a la familia con la supresión de algunos puntos de luz, "siempre acorde a la consecución de los objetivos de los proyectos singulares locales de energía limpia" precisa el informe técnico emitido por la institución provincial a instancias del Ayuntamiento. "No me importaría recibir al alcalde en mi casa, cumpliendo todos los protocolos de protección para que yo no me vea expuesta, y que conozca la realidad de mi situación. Que sea consciente de que la decisión de poner esa iluminación en mi calle se podría haber evitado, pero con ella se está agravando mi salud" cuestiona Azucena, dolida ante la incomprensión social que provoca una dolencia aún en el limbo pese a los efectos demoledores sobre las personas que la padecen. "Ni estamos deprimidos ni locos, somos enfermos y en estos momentos mi vida corre peligro" clama.

A pagar

A la espera de la autorización definitiva, pendiente de una verificación administrativa que permita retirar los puntos de luz en cuestión, con lo que no contaban Azucena y Javier es con tener que asumir ellos los costes de esta intervención. Pero la gravedad de la situación no permite demora y aceptando un golpe más a todos los costes médicos y de material necesarios para adaptarse a la vida diaria, el matrimonio apela a una pronta resolución de las trabas burocráticas "porque cada día que pasa la vida de mi mujer corre peligro" cuestiona Javier Salvador.

Cuenta Azucena que las periódicas "descargas" de emisiones del alumbrado inteligente situado en las cercanías de su casa replican en su cuerpo en forma de "arritmias, taquicardias, dificultad para respirar y terribles dolores de cabeza", entre los muchos síntomas de una enfermedad que le obliga a utilizar mascarilla, purificador de aire y otros aparatos que mitiguen el impacto de los tóxicos que se encuentran en el ambiente.

"Las mañanas son horribles porque las ondas que transmite el nuevo alumbrado con las farolas que tengo cerca de mi casa no me dejan apenas dormir, cuando despierto de un sueño que no es nada reparador no puedo moverme. Los campos electromagnéticos provocan mucho insomnio, irritabilidad y también micciones periódicas. El dolor de cabeza es insoportable, también me afecta muchísimo a la visión y de hecho la tengo muy dañada, y lo mismo la audición".

Los nuevos "canarios de la mina"

Ante semejante sucesión de dolencias, Azucena se revela contra habladurías desde el desconocimiento. "Estoy encerrada y no me da la luz porque mi cuerpo responde frente a algo que me está haciendo daño". Y esa es la razón de que se pase las 24 horas del día, con la única excepción de una salida controlada al baño para asearse, metida en la jaula de Faraday, su seguro de vida, sin ventilación ni luz natural, al fondo de la alcoba y con las ventanas de la casa protegidas con los parasoles de los coches.

La Sensibilidad Química Múltiple (SQM) y la Hipersensibilidad Electromagnética (EHS) niegan a enfermos como Azucena el derecho a una vida normal y, más doloroso aún, les condenan a la incomprensión e invisibilidad de una sociedad que muchas veces "nos toma por locos". Por eso Azucena ha dado este paso, se ha desnudado ante el mundo para contar la verdad de su existencia y la de su familia; "si no fuera por ellos, no sé qué sería de mi" reconoce. "Necesitamos contar lo que nos pasa, dejar de ser invisibles ante la sanidad pública porque somos seres humanos y nos ampara la Constitución que contemple el derecho a una vida digna y a la protección de la salud".

Necesitamos contar lo que nos pasa, dejar de ser invisibles ante la sanidad pública

En un mundo "cada vez más contaminado y expuesto a los campos electromagnéticos" Azucena se reivindica -ella y tantos enfermos-, como un faro de alerta ante "los abusos de las nuevas tecnologías". Y al igual que los "canarios de la mina", los pajarillos que los mineros introducían en las insalubres galerías de carbón del siglo XIX como un sistema de alerta temprana contra gases tóxicos, "con mi reacción te estoy avisando de que hay un tóxico en el ambiente".

Así se describe el delirante mundo de Azucena, presa de una intolerancia hoy agravada por las farolas inteligentes instaladas en su calle que le obligan a dedicar "el 95 por ciento del día a descansar, porque mi cuerpo no puede con tantas cosas". El cinco por ciento que resta se permite "leer un poco, muy poco porque tengo muy mal la vista", hablar por el teléfono fijo o distraerse con un inocuo juego de tetris, con pilas.

El clamor de Azucena: "Hoy soy yo, pero mañana puedes ser tú"

Querido lector:

Este reportaje te provocará sentimientos de pena, tristeza, angustia y quizás risas o burla. Para mí es una oportunidad de ser visible. Aunque solo sea por unos instantes la periodista Irene Gómez ha sido mi voz para que esta noticia se haga viral. Cuanta más gente la lea, más visibilidad me dará a mí y a todos los enfermos electrosensibles. Enfermos que estamos por todo el mundo, viviendo nuestro día a día con un auténtico calvario, con mucho dolor y sufrimiento físico y psicológico. En continua lucha por la falta de empatía y humanidad hacia nosotros.

NO SOMOS INVISIBLES. La enfermedad EHS (electrosensibilidad o hipersensibilidad electromagnética). Tampoco somos enfermos psicosomáticos. Los tóxicos ambientales están por todos lados. Somos canarios de la mina. Escúchanos, hoy soy yo, pero mañana puedes ser tú. Esta enfermedad no entiende de raza, sexo o edad.

Me gustaría que se viera de forma más visible también, todos los compañeros enfermos de EHS, especialmente a los que ya no están con nosotros.

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