Sucesos
Cuatro años de cárcel para el conductor ebrio responsable de la muerte de una niña de 11 años en Valencia
El acusado, que triplicaba el límite de velocidad y la tasa de alcohol permitida, invadió el sentido contrario y embistió de frente al vehículo en el que viajaba la menor con sus padres
Antes de causar el accidente mortal embistió a dos vehículos en Manises (Valencia) y estuvo a punto de chocar contra un tercero al invadir el carril contrario para adelantar a un coche

Eduardo H. M., el joven que causó el accidente en el que murió una niña de once años, durante el juicio celebrado este lunes en València. / A. Pérez
Abraham Pérez
Ponerse al volante ebrio y matar a una inocente en la carretera vuelve a resultar muy barato. Eduardo H. M., el conductor imprudente que se llevó por delante la vida de Nerea, una niña que ese mismo día cumplía 11 años, tras chocar frontalmente, a toda velocidad y superando de largo la tasa de alcohol permitida, contra el vehículo en el que viajaba la menor, ha sido condenado a cuatro años de cárcel.
Esa es la pena que pedía la Fiscalía -la familia pedía un año más- y que ahora, el titular del Juzgado de lo Penal número 4 de Valencia ha dictado este lunes contra el joven de 20 años que la madrugada del 19 de febrero de 2023 se lanzó a la carretera desafiando las normas de circulación, después de estar toda la tarde bebiendo, poniendo en grave riesgo la vida de varios conductores que se cruzaron a su paso.
Durante un largo y temerario recorrido, conduciendo a toda velocidad y sin respetar ninguna señal de circulación, embistió a dos vehículos y estuvo a punto de hacerlo con un tercero. A pesar de ello, no se detuvo y continuó al volante a gran velocidad hasta que, al llegar a la carretera N-220, a su paso por Manises (Valencia), invadió el sentido contrario y chocó frontalmente contra un vehículo que circulaba correctamente, hiriendo de gravedad a dos de sus ocupantes y causando la muerte de la tercera, una niña que viajaba con sus padres.
Treinta días para ingresar
Tras un largo proceso judicial, justo la semana en la que se van a cumplir tres años del accidente mortal, el causante del siniestro ha sido condenado a cuatro años de cárcel por un delito de homicidio por imprudencia grave, dos delitos de lesiones por imprudencia grave y otro de conducción temeraria.
La sentencia, leída in voce tras el acuerdo de conformidad alcanzado entre las partes, también recoge otras medidas accesorias como la retirada del carnet de conducir durante cinco años y el pago de una indemnización a la familia, que ya fue abonada por la aseguradora del ahora condenado. Tras pasar año y medio entre rejas, un juzgado de Quart de Poblet acordaba en agosto de 2024 dejarlo en libertad a la espera del juicio. Ahora, Eduardo dispone de 30 días para ingresar en prisión, donde tendrá que acabar de cumplir la condena.
Tuvo tres oportunidades de parar
El accidente mortal que ahora ha sido condenado se remonta a la medianoche del 19 de febrero de 2023. Según los hechos declarados probados y reconocidos por el acusado, después de estar toda la tarde bebiendo "gran cantidad de bebidas alcohólicas que disminuían de forma importante sus capacidades intelectivas y volitivas", sobre las 23.00 horas fue a casa de su padre, en Massamagrell, y le pidió el coche para ir a ver a su novia, en Manises (Valencia).
Tras hablar con su pareja, volvió a coger el coche, conduciendo "a alta velocidad y sin respetar señal de tráfico alguna" por Manises. Mientras circulaba por la calle Mayor golpeó la aleta de la parte del conductor de un vehículo. A pesar del impacto, el acusado no se detuvo y continuó su camino. Más adelante, tuvo un segundo impacto. Al saltarse un STOP embistió a un Peugeot 206, causando lesiones a la conductora y desperfectos en su vehículo valorados pericialmente en 748,23 euros. Tampoco se detuvo.
Continuó su "alocada conducción" hasta llegar a la N-220, donde, la altura del kilómetro 0,500, estuvo a punto de chocar frontalmente contra un coche al rebasar una línea continua e invadir el sentido contrario para adelantar al vehículo que le precedía. Gracias a que el coche al que había adelantado frenó y le dejó espacio para volver al carril, no colisionó contra el vehículo que le venía de frente.
Al llegar al kilómetro 0,700 repitió esta peligrosa maniobra y rebasó una doble línea continua para realizar un adelantamiento, invadiendo el carril contrario a gran velocidad en una zona limitada a 40 km/h. Al llegar a una curva, embistió "frontal y violentamente" al Opel Zafira en el que viajaban un matrimonio y su hija de once años. La menor, que iba en el asiento trasero, sentada en su silla reglamentaria y con la debida sujeción, falleció en el Hospital La Fe de Valencia, donde fue trasladada de urgencia por un politraumatismo complejo.

El vehículo en el que viajaba Nerea con sus padres tras el accidente mortal en Manises. / Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia
La autopsia estableció como causa de la muerte la destrucción de centros vitales dada la virulencia del impacto, en el que también resultaron heridos sus padres y el joven que causó el accidente. Los análisis de sangre que le realizaron en el hospital, donde tuvo que ser evacuado, arrojaron unos resultados de 1,83 gramos de alcohol etílico por litro. Es decir, más del triple de lo permitido.
Una familia destruida
El padre, que tuvo que ser excarcelado por los bomberos al quedar atrapado en el vehículo, sufrió diversas fracturas por las que tuvo que ser intervenido hasta en tres ocasiones, y por las que le han tenido que poner diversas placas y tornillos en cúbito, radio y fémur. La madre, que pudo salir por su propio pie, también resultó herida con policontusiones, lumbalgia, diversos hematomas y otras lesiones que perjudicaron moderadamente su calidad de vida durante 255 días. Ambos sufren como secuelas depresión postraumática por la que continúan precisando asistencia y medicación.
Aunque no iba en el vehículo, su hijo mayor también sufrió lesiones de carácter psicológico por la muerte de su hermana, consistentes en insomnio no especificado, nerviosismo, inquietud, impulsividad, pérdida de peso, ansiedad y dificultad en expresar sus emociones, arrastrando como secuela secuelas síndrome depresivo postraumático.
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