Tras la tragedia ferroviaria
Huelva reza por sus víctimas en el accidente de Adamuz y exige justicia: "Es necesario esclarecer la verdad"
Los Reyes abrazaron a los familiares de los fallecidos, en el choque de dos trenes con 45 muertos ocurrido Córdoba, en una misa de mucha solemnidad que evidenció el sufrimiento y el dolor que deja esta tragedia

Lucía Feijoo Viera

Sufrimiento, dolor, sobrecogimiento, consternación y silencio, mucho silencio abrazado por la solemnidad. Es lo que se vivió este jueves en el pabellón de deportes Carolina Marín de Huelva, donde el Obispado de Huelva presidió la misa funeral por las 45 víctimas del accidente de trenes de Adamuz (Córdoba). Una eucaristía que pretendía una cosa: "acompañar el sufrimiento" y que levantó también la voz para pedir directamente a los responsables públicos que se investiguen las causas de la tragedia. “Es necesario esclarecer la verdad de lo ocurrido y actuar con justicia, para que su sacrificio no sea olvidado y para que, en la medida de lo posible, se eviten tragedias semejantes en el futuro”, reclamó desde el altar Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, ante los Reyes de riguroso luto en un lateral preferente.
"Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren pero lo haremos desde la serenidad", proclamó Liliana Sáenz, la hija de una de las víctimas, Natividad de la Torre, que puso el broche final a la eucaristía en nombre de los familiares, esos que "cambiarían todo el oro del mundo por poder mover las agujas del reloj 20 segundos", esos que bastaron para que se produjera el accidente ferroviario. "Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo creyente", proclamó, para dejar claro que era la de Dios "la única presidencia" que querían en el día de hoy. Sus palabras fueron principalmente de agradecimiento, por la solidaridad de Adamuz y a los sanitarios. Hubo "una crítica a la lentitud de la información porque es mejor saber que imaginar". "Ellos no son los 45 del tren era nuestras madres, padres, hermanos, hijos o nietos", lamentó en una lectura que concluyó con un sonoro aplauso de todos los asistentes, incapaces de contener la emoción.
Durante la misa, una a una fueron mencionadas las víctimas onubenses, con algún olvido enmendado ante la protesta de sus familiares. La mayoría de los fallecidos, 27, eran de Huelva y viajaban desde Madrid en el Alvia que chocó con el Iryo que salió de Málaga. El domingo 18 de enero, a las 19:43:44, en apenas 20 segundos, la tragedia sacudió a una provincia que aún necesita mucho tiempo para curar sus heridas. El zarpazo ha dejado muchas familias rotas que este jueves daban duras muestras de su sufrimiento sobre la pista deportiva que acogió el funeral, con la Virgen de la Cinta, patrona de la ciudad, desde el altar improvisado. Algunos familiares, los que viajaban en el tren, asistieron aún convalecientes, heridos, en sillas de ruedas, con vendajes cubriendo sus daños físicos. Los Reyes, que ya estuvieron en el lugar del accidente dos días después de la tragedia, se acercaron al término a las familias para darles el pésame.
Las causas del accidente aún se estan investigando, quedan muchas incógnitas por aclarar, pero las primeras hipótesis apuntan al fallo de una soldadura en las vías de la alta velocidad a Andalucía. Las familias temen que cuando se apaguen los focos baje la presión para que se esclarezcan las causas y esto se hizo oír en el funeral. En el altar, rosas rojas entre mucho verde y un crucifijo de marfil que fue venerado por el entonces Papa Juan Pablo II en su visita a la provincia en 1993. El profundo olor a incienso invadió un recinto con capacidad para 5.000 personas, según los organizadores, que se llenó casi al completo aunque se vieron algunas sillas vacías al final de la zona habilitada para los familiares y en algunos laterales. Se había previsto la participación de 336 familiares de los fallecidos. La Coral Polifónica de la Merced se encargó de poner la música y romper el hondo silencio. La Diócesis de Huelva cifró la asistencia a la misa en 4.350 personas.

Lucía Feijoo Viera
Más de un centenar de sacerdotes
Con toda la liturgia de las grandes misas católicas, participaron más de un centenar de sacerdotes, entre ellos el párroco de Adamuz, Rafael Prados. Todos ataviados con las casullas moradas que corresponden a las eucaristías de difuntos, el obispo de Huelva se acompañó de otros tres obispos: el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Javier Argüello García; el emérito de Huelva, José Vilaplana Blasco; y el de Córdoba, Jesús Fernández González.
Al inicio de la misa se leyó un saludo del Papa Leon XIV, que pidió hacer llegar "su cercanía y su palabra que ahora es silencio de consuelo y esperanza". Los Reyes Felipe y Letizia accedieron al recinto pasados unos minutos de las seis de la tarde, de riguroso luto y al ritmo de la Marcha Real que se cerró al término con un espontáneo aplauso de los centenares de asistentes. Entre las autoridades los ministros María Jesús Montero, Luis Planas y Ángel Víctor Torres; el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno; el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, autoridades locales como la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda, los presidentes de la Diputación de Huelva y Córdoba y cinco consejeros del Gobierno andaluz. Ausentes el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, que compareció por la mañana en el Senado.
“Nos reunimos con el corazón abatido. La tragedia del accidente ferroviario en Adamuz ha irrumpido en nuestras vidas como un golpe inesperado, dejándonos sumidos en el duelo por las víctimas mortales y con la preocupación por los heridos y los familiares”, inició su homilía el obispo de Huelva. La misa funeral se celebró después de que el pasado domingo se cancelara el acto homenaje organizado por el Estado y acordado con la Junta de Andalucía que estaba previsto este sábado 31 de enero. Las autoridades hablaron con algunas de las familias que habían perdido a sus familiares y pidieron un aplazamiento de ese acto, trasladando muchas de ellas que era demasiado pronto y que, además, preferían en muchos casos una misa funeral y no una celebración laica.

Las imágenes de la misa funeral por las víctimas del accidente de trenes de Adamuz. / Gogo Lobato / Europa Press
Sin protestas, con respeto
Pese a que se había especulado con que hubiera protestas o signos de desaprobación de los familiares de las víctimas, que en algunos casos habían tomado la palabra públicamente para pedir que no vinieron representantes del Gobierno de España, tanto la misa como la entrada de los distintos ministros discurrió con absoluta normalidad y respeto. A las puertas, el frío hizo estragos en una Andalucía que no escapa del temporal que azota España, y el público se fue disolviendo conforme avanzaba la tarde.
Ante el "sinsentido de una muerte inesperada", la homilía del arzobispo de Huelva quiso también tener palabras de agradecimiento “a quienes acudieron los primeros, a los vecinos de Adamuz, a los equipos de emergencia, sanitarios, fuerzas de seguridad, voluntarios y personal de apoyo”.
"El sufrimiento de estas familias no va a terminar cuando se apaguen los focos o se acallen las noticias de este luctuoso suceso. Acompañarlas en su duelo y reparar las consecuencias del daño que han recibido será una tarea larga y exigente para todos. Compromete a la sociedad entera y también a quienes tienen responsabilidades públicas. Es necesario esclarecer la verdad de lo ocurrido y actuar con justicia, para que su sacrificio no sea olvidado y para que, en la medida de lo posible, se eviten tragedias semejantes en el futuro", incidió el acto central de esta eucarístía.
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