Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La Navidad, "uno de los peores momentos"

La angustia de anoréxicos y bulímicos, "el otro plato del menú": los trastornos de la conducta alimentaria

Azayb lanza una campaña para paliar el efecto de copiosas comidas: "Frente a la tensión y broncas, comprensión"

La bulimia, una invitada muchas veces invisible en las cenas de Navidad

La bulimia, una invitada muchas veces invisible en las cenas de Navidad / Cedido

Susana Arizaga

Lo que para muchas familias es un momento de encuentro y diversión en torno a los mejores manjares que podrían imaginar, con comidas y cenas copiosas, con platos suculentos, para otras personas esas mesas repletas son un auténtico potro de tortura al que se ven atadas de pies y manos, de ellas huirían sin dudarlo, explican desde la Asociación Zamorana contra la Anorexia y Bulimia (Azayb).

"No es cuestión de un capricho del niño o de la niña, de adolescentes que quieren perder peso por estética", advierte la socióloga y doctora en psicología Alba Molinero, integrante de Azayb que fue diagnosticada de anorexia con 12 años, pero hoy, superada la patología, lleva una vida entregada al estudio del Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA). "Estas fechas festivas son críticas, cuando peor lo solemos pasar, la ilusión no tiene ningún peso y nos enfrentamos a una auténtica batalla emocional", subraya esta estudiosa de estos comportamientos y sus causas psicológicas: la baja autoestima, el deseo de ser perfectas en todos los campos que tocan, carencias afectivas...

Alba Molinero emprende una campaña con el propósito de que la mirada de quienes ven en la comida un placer puedan entender desde "la empatía y la comprensión" cómo se siente una persona TCA. La experiencia propia y de otras pacientes indica que en estas fechas "va a haber muchas broncas" en esas familias que tenga a alguien con TCA "porque todo gira en torno a la comida y lo que ve una persona con anorexia o bulimia son calorías, es un castigo".

La escena se repite, madres y padres obligando a comer. La culpa por sentirse la causa de esos enfrentamientos familiares y no poder evitar esa relación con los alimentos perversa para ellos y para ellas termina en el aislamiento tanto dentro de la familia como social.

Padres y madres viven esta patología de sus hijas e hijos "desde un lugar complejo, desde la preocupación constante y desde la vigilancia agotadora; desde el miedo a decir algo que haga daño o no decir nada,y fallar en ambos casos", apunta Alba Molinero. La misma situación que vive el resto de la familia, que se sienta a la mesa "con un nudo en el estómago no por hambre, sino porque saben que este plato o el otro puede convertirse en un detonante de una discusión o de un retroceso inesperado".

Fuera la rigidez: nada es perfecto

Alba Molinero ofrece algunas claves para que las personas con TCA puedan soslayar ese sentimiento de responsabilidad por los conflictos entre su madre, su padre, sus hermanos, que viven tan intensamente el deterioro físico y psicológico de aquéllas. "Las fiestas navideñas y de Año Nuevo no tienen por qué ser perfectas, pido que no haya tanta rigidez", indican esta experta.

El apoyo del entorno para que no se sientan en una encerrona, con la obligación de comer de todo y cantidades impuestas, "es de un precio incalculable esa comprensión, es uno de los mejores platos de este "menú" que favorecerá la tranquilidad en esas reuniones con la comida como centro que continúa teniendo un peso esencial en la celebración de Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo, la noche de Reyes y Reyes, seis días en los que la cocina y el horno no paran.

"El peor momento"

"Para nosotras" -la mayoría de personas con TCA son mujeres aunque hay también varones y empieza a crecer su número- "es una situación de máximo estrés, no hablemos de comidas, sino de algo más profundo, se trata de pasar un tiempo en familia, por eso es necesario que no haya presión".

Que no se pierda de vista que "es uno de los peores momentos que puedes pasar, solo el sentarte a la mesa te causa ansiedad", a lo que no ayudan esos comentarios que niegan la patología y tratan de justificar las conductas como "el capricho de la niña", "la tontería porque quiere estar delgada".

Azayb llama a normalizar ciertas pautas a la hora de vivir estas fechas "para que sea lo menos doloroso para estas personas" vivir quince días rodeadas de comida y no precisamente ligera. Unas mínimas normas que permita a las familias perder ese miedo a cómo reaccionará la hija o el hijo con TCA, si lo hará de manera explosiva, si habrá violencia verbal y una estampida porque esas discusiones tan tensas "despiertan sentimientos que hacen mucho daño a la persona con TCA y a quien les rodea. O terminas por comer para luego vomitar los alimentos".

Si el objetivo es que sean fechas para celebrar todos y todas, es preciso tener en cuenta que en una casa donde una persona TCA, "la Navidad cambia el significado ante ese protagonismo que cobran las comidas y las largas sobremesas con turrones y dulces de todo tipo. Los platos causan "rabia, agobio, tensión" para ellas, por ello, la asociación pide "humanidad" para acompañarlas, "escuchar sin juzgar, sin preguntas incómodas ni comentarios sobre los cambios del cuerpo". La dificultad de sentarse con alguien TCA será mucho menor si los recuerdos, planes y afectos son el centro de conversación; si "el cariño, comprensión, calma, un gesto amable y un estoy contigo" son el mejor menú, concluye Alba.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents