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Cita de Naciones Unicas

Brasil acoge la cumbre del clima más compleja: entre la urgencia planetaria y el bloqueo de Trump

La COP30 arranca este lunes con el objetivo de cerrar un acuerdo global para acelerar el recorte de emisiones, avanzar en adaptación climática y movilizar fondos para la causa

Un activista disfrazado de Donald Trump protagoniza una protesta ante la sede de la cumbre del clima de Brasil.

Un activista disfrazado de Donald Trump protagoniza una protesta ante la sede de la cumbre del clima de Brasil. / MAURO PIMENTEL / AFP

Valentina Raffio

Barcelona

A orillas del río Guamá, donde la humedad del Amazonas se confunde con el calor del asfalto, la ciudad brasilera de Belém se prepara para acoger la cumbre del clima más ambiciosa y compleja de la última década. Entre el 10 y el 21 de noviembre, diplomáticos de todo el mundo se reunirán para debatir sobre cómo acelerar el recorte de emisiones, avanzar en adaptación climática y movilizar más fondos para la causa. Todo ello, mientras, por un lado, la ciencia advierte de que estamos en una situación de emergencia planetaria que avanza a pasos agigantados y, por otro, políticos como Donald Trump amenazan con bloquear la acción climática global. Frente a esto, Brasil aspira a iniciar un debate capaz de rescatar la esperanza climática y, sobre todo, forjar un acuerdo ambicioso para salvar el planeta.

La cumbre del clima de este año se celebra con la vista puesta en el 10º aniversario del Acuerdo de París, aquel pacto histórico que prometió mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 grados de medio y que, según demuestran los análisis, pese a lograr varios avances, aún está lejos de cumplirse. Cara al encuentro de Brasil, todos los países se han comprometido a entregar planes más ambiciosos de recorte de emisiones para contener así el calentamiento global. Pero ahora, ya son varios los análisis que señalan que la suma de todos los compromisos políticos presentados sigue estando muy lejos del objetivo de mantener la crisis climática dentro del "umbral seguro" para el planeta. "El objetivo de esta cumbre es descubrir cómo volvemos al camino correcto", afirma Ani Dasgupta, presidente del World Resources Institute (WRI).

Resurgir del negacionismo y de la fractura geopolítica

Este año, el debate sobre cómo acelerar la acción climática coincide con un mundo fracturado por guerras, crisis y disputas geopolíticas que desplazan el foco social y mediático hacia otros aspectos. Se trata de un escenario también marcado por el resurgir de los movimientos reaccionarios y de extrema derecha que han abanderado del negacionismo climático y la defensa del nacionalismo fósil. El ejemplo más claro es el de Donald Trump, que nada más llegar a la Casa Blanca anunció la retirada de EEUU del Acuerdo de París y de un sinfín de iniciativas ambientales. Y tras su decisión, países como la Argentina de Javier Milei hicieron un amago de seguir sus pasos aunque, en la práctica, limitaron su gesto a la retórica. No está claro qué rol jugarán ahora estos países en la cumbre de Brasil, pero, sea como sea, todo apunta a que su participación o su ausencia será clave en el desarrollo del debate.

Los expertos ven con preocupación la postura negacionista de Trump y Milei, así como la falta de un liderazgo climático claro para lograr un acuerdo ambicioso

No solo preocupa el negacionismo y el bloqueo de algunos estados. Según afirma Dasgupta, el gran problema es que estamos ante un "vacío de liderazgo climático". Hay quien confía en que Europa asumirá la vara de la ambición climática global, aunque ya hay voces que critican que los Veintisiete no hayan acordado un plan de recorte de emisiones más ambicioso. También son muchos los países que depositan sus esperanzas en la presidencia de Brasil, que ha prometido no solo liderar las conversaciones sino presionar para lograr unos resultados "realmente ambiciosos" en materia de recorte de emisiones, adaptación y finanzas climáticas. Una de las primeras medidas anunciadas por el gobierno de Lula da Silva, de hecho, es la creación de un fondo global para conservar más de mil millones de hectáreas de bosques en el mundo mediante la inversión de hasta 125.000 millones de dólares.

Menos promesas, más acciones

La cumbre de Brasil ya ha sido definida por muchos como la cumbre de la implementación. Es decir, un encuentro menos centrado en las promesas y más enfocado en las acciones concretas para avanzar en la lucha climática. A diferencia de otras cumbres, la de Belém aspira a dar un salto en materia de la adaptación climática, es decir, en todas aquellas medidas necesarias para preparar a las sociedades frente al impacto de fenómenos extremos como sequías de larga duración o lluvias torrenciales. Uno de los grandes objetivos de este encuentro será establecer una agenda global de medidas y de indicadores para evaluar los progresos en adaptación climática. Y claro está, movilizar fondos para lograr que, por ejemplo, las ciudades costeras puedan protegerse frente al aumento del nivel del mar o el impacto de las tormentas que tanto erosionan el litoral. "Adaptarse no es un coste, es una inversión. Por cada dólar invertido en adaptación se generan más de diez en beneficios económicos y se evitan aún más en pérdidas y daños", afirma Melanie Robinson, especialista en economía y clima.

Belém trabajará para cerrar un pacto global sobre adaptación climática y también para trazar un mecanismo concreto para cumplir la promesa de Bakú de movilizar fondos para el sur global

Otro de los grandes retos de Brasil será el de cristalizar el acuerdo alcanzado 'in extremis' en la cumbre del año pasado de Bakú, en la que se prometió movilizar 300.000 millones al año y hasta 1,3 billones para 2035 para paliar el caos climático en el sur global y ayudar a las economías emergentes a acelerar su transición energética. Para ello, la presidencia brasileña ha anunciado ya que se trabajará en la llamada "hoja de ruta Baku–Belém" para estudiar así cómo coordinar la financiación pública y privada necesaria para cumplir con este objetivo. También se esperan varias mesas de trabajo paralelas para intentar movilizar fondos a gran escala, ya sea mediante la aportación del sector público o privado, para implementar todas y cada una de las acciones planteadas a lo largo de la cumbre. "La cumbre de Belém tiene una tarea monumental por delante para convertir las promesas en hechos", afirma Dasgupta.

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