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Entrevista | Pedro Jiménez Peláez Coetáneo de Manolete

«Cuando llevé el ataúd de Manolete se me saltaron las lágrimas»

Pedro Jiménez posa ante el panteón de Manolete.

Pedro Jiménez posa ante el panteón de Manolete. / Ladis

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Ladislao Rodríguez Galán

Ladislao Rodríguez Galán

Córdoba

Pocas personas quedan ya que hayan sido contemporáneas de Manolete. El transcurrir del tiempo va dejando atrás testigos de acontecimientos históricos. Y uno de esos testigos fundamentales es el cordobés Pedro Jiménez Peláez, nacido en el barrio de San Pedro el 31 de marzo de 1926, por lo que el próximo día 31 de este mismo mes cumplirá 99 años.

Pedro, ¿cómo lleva usted los años?

Pues muy bien. Soy un hombre de buenas costumbres, buena alimentación y no dejo mis paseos diarios, que me vienen muy bien.

He venido a verlo porque usted es de las pocas personas que pueden presumir de haber visto a Manolete, vivo y muerto. ¿Llegó usted a conocer a Manolete?

En persona no, pero en mi juventud se hablaba mucho de toros, porque había grandes toreros que acaparaban la actualidad, y de Manolete se hablaba constantemente y sabíamos casi todo de él. Los periódicos, las revistas y, sobre todo, la radio daban mucha información taurina.

Pero sí lo vio torear…

Sí, sí, claro. Mi padre, que era un gran aficionado, me llevaba a los toros. A Manolete le tenía yo una admiración especial. Lo vi torear varias veces. La primera vez, en la desaparecida plaza de Los Tejares; fui con mi padre y tenía yo 14 años. Era la feria de mayo de 1940 y recuerdo que ese día cortó dos orejas y sufrió una cornada. Desde ese día mi admiración por él creció tremendamente. Me cautivó su forma de torear. No he vuelto a ver un torero con tanta personalidad. Manolete marcó una época y ha quedado como ejemplo para muchos toreros que vinieron después.

Lamentablemente, un toro truncó su carrera y su vida ¿Cómo se enteró de la tragedia de Linares?

Yo tenía 21 años y era cabo primero de Artillería, en el cuartel de Medina Azahara, y, como sabe, Manolete fue artillero y enseguida se corrió la noticia por el cuartel. Sentí una pena tremenda. Era difícil de creer que un torero tan grande y con tanto dominio de los toros acabara así.

Y naturalmente estuvo en su entierro.

No solamente estuve en su entierro, sino que en el cuartel formaron un piquete para portar el ataúd y con ese fin fuimos a su casa, donde estaba expuesto de cuerpo presente. Entramos y lo vimos. Ahí me sentí fatal, me emocioné ante su cadáver como si de un familiar se tratara. Después, como Manolete perteneció al cuerpo de Artillería y había toreado varios festivales para el cuartel, nos fuimos turnando entre la familia y los militares para portarlo hasta llegar al cementerio. Cuando me tocó a mí llevar el ataúd se me saltaron las lágrimas. Manolete mantuvo tal vinculación con Artillería que a su entierro asistió el general artillero Manuel Aguilar Galindo, que ocupó en el sepelio un lugar destacado junto a la familia.

Toda Córdoba estuvo acompañando el cortejo…

Efectivamente, las calles estaban llenas de gente que aplaudía y se santiguaba al paso del cortejo. Lo recuerdo como si hubiera pasado hoy mismo. Fue muy duro para todo el mundo, pero para los cordobeses mucho más. Después, cuando ya lo trasladaron a su enterramiento definitivo, he ido a verlo con frecuencia. Ahora voy menos porque me canso.

¿Usted siguió yendo a los toros?

Claro, por muy malos ratos que se pasen, la vida continua, y hay que seguir adelante. Ahora ya no asisto porque me es incómodo estar tanto tiempo sentado, pero sí veo los toros por televisión.

Y, fíjese los que son las cosas, también tuve alguna vinculación con la plaza de Los Califas. Yo estuve en el ejército cinco años y después me fui a la empresa de mi familia, que era de estructuras metálicas, y en 1977 estuvimos trabajando en la plaza de toros afianzando bornes y reforzando las puertas y los burladeros. Lo mismo que estuvimos reparando piezas metálicas en otros años posteriores.

¿Y después de Manolete, qué torero le ha emocionado?

Sin duda, Manuel Benítez, El Cordobés, porque era diferente a todos y, además, toreaba sin importarle el peligro. Córdoba puede presumir de haber dado a la tauromaquia los mejores toreros de la historia. Como curiosidad, decirle que pude ver varias veces al Guerra en el Club Guerrita, donde los chavales íbamos a verlo. Y otro al que vi por la calle fue a Machaquito.

Cambiando de tercio, el 31 de marzo está a la vuelta de la esquina. ¿Piensa celebrar su 99 cumpleaños de alguna manera?

Por supuesto, yo soy el artillero más antiguo de Córdoba y no sé si en España y Andalucía hay otro mayor que yo, pero a pesar de mi edad vivo la vida con mucha intensidad. Mire, pertenezco a la Real Hermandad de Veteranos de la FAS y Guardia Civil, a la Hermandad de la Policía Nacional y a la de Amigos del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil y siempre que organizan algún acto estoy invitado, y para corresponder voy a celebrar mi 99 cumpleaños ofreciendo una comida a mis amigos.

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