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"Tres sacerdotes me mandaron al centro de las terapias de conversión cuando les dije que era gay en el confesionario"

Una víctima relata que cuando acudió en 2022 al centro Mater Misericordiae de Valencia que dirigía el docente denunciado había hasta 50 jóvenes en tratamiento

Fachada del Centro de Orientación Familiar Mater Misericordiae en València, donde presuntamente se practicaron terapias de conversión.

Fachada del Centro de Orientación Familiar Mater Misericordiae en València, donde presuntamente se practicaron terapias de conversión. / GERMÁN CABALLERO

Gonzalo Sánchez

"Tres sacerdotes de tres parroquias distintas me derivaron al centro que practicaba terapias de conversión cuando les dije que era gay en el confesionario". Es el testimonio de una de las víctimas de estas terapias en el Centro de Orientación Familiar (COF) Mater Misericordiae de Valencia, investigado por el arzobispado tras conocerse que lo dirige el docente denunciado por tratar de "curar la homosexualidad" a cinco alumnos, incluso ofreciéndoles pastillas.

Esta persona, que acudió al centro en 2022, denuncia que la archidiócesis tiene conocimiento de estas terapias, y que además hay sacerdotes que derivan a los jóvenes a ellas. Cuando visitó el centro, estaban en 'tratamiento' 50 jóvenes como él.

Todo comenzó cuando cursaba 3º de ESO y él, como católico practicante, empezó a preocuparse por su sexualidad ya que "no puedes estar en matrimonio católico siendo gay". Entonces decidió consultarlo con su párroco en el confesionario. "Hay un centro aquí en Valencia que da ayuda a chicos como tú. Tú aún eres muy joven y te puedes salvar", le contestó el padre.

"Dejaban todo a mi voluntad. Me recomendaban ir, pero no lo veía claro. Al final visité más parroquias y tres sacerdotes distintos me dijeron lo mismo y me derivaron al Mater Misericordiae", cuenta. "Tú tienes un problema muy grande ¿Quieres arreglar esto?", le llegó a decir un sacerdote. Decidió ir a una sesión cuando era mayor de edad.

Fuentes del arzobispado aseguran que "por lógica y secreto de confesión, no se tiene conocimiento de lo que los penitentes dicen a los sacerdotes en el confesionario y tampoco de lo que los sacerdotes dicen a los penitentes. En el Arzobispado seguimos sin recibir quejas de lo que pueda haber ocurrido en el COF".

"La homosexualidad no existe"

El testimonio explica que, en aquella época, tenía dudas sobre "como conjugar mi orientación sexual con la fe, y quería ver lo que me podía ofrecer la Iglesia", así que acudió a este centro. Él no llegó a tratar con el docente denunciado, que es quien dirige el centro, sino con N. otra persona que realiza las terapias con los más de 50 jóvenes que había en aquel momento.

"Hay un centro aquí en València que ayuda a chicos como tú. Tú eres muy joven y aún te puedes salvar", dijo uno de los párrocos a la víctima

En la primera sesión esta persona pudo comprobar el secretismo que hay alrededor del centro. "No se publicitan en ningún lado. Es más, ni siquiera hay un letrero en la puerta donde ponga 'COF Mater Misericordiae', es todo muy opaco. Como saben que están bordeando la legalidad ellos nunca te dicen que lo que hacen son terapias, y las comunicaciones nunca son con un correo electrónico corporativo", cuenta.

A la víctima le contaron que en el centro se realizaban sesiones de terapia grupal, y N. le explicó que él mismo era homosexual, pero que se "curó" y ahora tiene mujer e hijos. Le aseguraron, incluso, que todos los meses se programaban partidos de fútbol para "recuperar la masculinidad" de los jóvenes.

"En ningún momento te hablan de curar la homosexualidad, porque para ellos la homosexualidad no existe. Te explican que la homosexualidad es una herida de la infancia, provocada generalmente por un padre ausente y una madre dominante, y que las personas homosexuales son personas altamente sensibles", cuenta el chico. "Es algo tan amplio que es fácil que la gente se identifique", cuenta.

Otra de las ideas es que el hecho de llevar "una vida gay" provoca en la persona sufrimientos a medio y largo plazo debido a que viven una vida "alejada de dios". "Te empezaban hablar de casos que habían pasado por el centro, pero no habían seguido en las terapias, y como cada vez que venían con los años su vida iba a peor y cada vez estaba más destrozada", recuerda. "Básicamente te decían que si decidías llevar una vida 'gay' ibas a ser un infeliz, entre otras cosas, porque homosexualidad es sinónimo de promiscuidad".

El manual de las terapias

Este diario ha tenido acceso al material de lectura que se suministraba entonces a los jóvenes, en el que además de esta idea defiende que los jóvenes con este 'trastorno' "buscan completarse, paliar las carencias que tienen. Por ejemplo, si tú estás gordo buscarás un chico atlético, o si eres tímido buscarás a alguien con muchas habilidades sociales, pero que todo parte de una herida emocional", explica el chico citando el manual, que se suele mandar por correo electrónico aunque también lo hay en físico.

El docente denunciado exportaba muchas de las técnicas que se seguían en el COF a su centro escolar, dónde se las aplicaba a los alumnos. Una de ellas era dibujar una línea de tiempo que reflejaba la vida de la persona para identificar las "heridas" que habían provocado ese "desvío".

Las sesiones, tanto en el colegio como en el centro, eran individuales y cara a cara, donde hacían a la persona leer pasajes de este libro. Según narran varias víctimas, F. recomendó a algunos de sus estudiantes que le visitaran en este centro. Esta persona se alejó pronto del centro, pese a que los párrocos conocidos y el propio N. intentaron convencerle para que volviera.

"Esto no es de Dios"

La víctima explica de qué manera se dio cuenta de que tenía que dejar esas terapias. "Cuando salí del COF me sentía fatal conmigo mismo... Me odiaba. Entonces recordé que a mí siempre me han dicho que Dios está en las cosas buenas y bellas, en las que te hacen bien. Por tanto, si aquello me hacía sentir tan mal, es que eso no es de Dios".

Esta persona lleva ahora una vida de católico conforme a su sexualidad, pero le entristece lo poco aceptada que sigue estando dentro de la Iglesia. "Yo participo en muchas actividades de mi parroquia y todos saben que tengo novio, pero eso no significa que, en la práctica, yo pueda ir con él a misa cogido de la mano. Me dan mucha envidia las parejas heterosexuales que acuden a la parroquia juntas, y me apena que yo no vaya a poder hacerlo nunca. Disfrutar de mi fe con la persona que quiero...", lamenta.