La autoridades rusas estaba obsesionadas con detener al cerebro de la organización que estaba saqueando los bancos rusos. El ingeniero no estaba en Rusia; diseñaba sus ataques desde el sofá de su casa en España. Le ayudaban tres colegas del mundo virtual que había conocido en foros.

Manejaba los cajeros en tiempo real. Avisaba por teléfono a las mulas cada vez que iba a sacar dinero del dispensador. La mula no teclea nada en el ordenador, simplemente recoge el dinero controlado remotamente. El dinero físico volvía al mundo virtual en forma de bitcoins, a través de oficinas de cambio. Así amasaron 1.000 millones que repartieron a partes iguales, el 50% entre las mulas y el resto entre los cuatro ingenieros.

Denis, el detenido en Alicante, vivía en una buena zona y llevaba coches de alta gama, pero no hacía ostentación, ni exageraciones. Según la policía vivía "recogido", dedicado a su multinacional de guante blanco.