"Todo lo hizo por amor", resume Pascal Gabardini, abogado de Florent Gonçalves, el director de prisión juzgado ayer por dar trato de favor a la presa de la que se había enamorado. No era una rea cualquiera. Emma Arbabzadeh, de 23 años, cumplía una pena de 9 años por haber hecho de cebo en el secuestro y asesinato de un joven judío a manos de una sanguinaria banda antisemita, un truculento caso que conmocionó a Francia en el 2006.

A causa de ella, Gonçalves, de 42 años, lanzó por la borda su vida familiar, su brillante carrera en la administración y su ejemplar reputación. El tribunal correccional de Versalles sentó ayer en el banquillo al exdirector de la prisión, a su antigua amada, acusada de encubrimiento, y al vigilante Olivier Pinson, de 37 años, también seducido por los encantos de Arbabzadeh.

Gonçalves, que se ariesga a una pena de tres años de prisión y 45.000 euros de multa, solo se siente culpable de haber mantenido una relación "pasional" con la joven delincuente. Aunque el idilio era "improbable pero sincero", Gonçalves admite que fue incapaz de resistirse, desestabilizado por la declaración de amor de la presa, descrita por la fiscalíacomo una "temible hechicera" y una "manipuladora". Inicialmente el romance se limitó a mensajes por internet y por teléfono, pero paulatinamente se estrechó. El exdirector reconoce dos relaciones sexuales.

La situación salió a la luz a raiz de una inspección en la prisión, durante la cual varias presas denunciaron el trato de favor que recibía su compañera. Hoy, el exdirector de la prisión está en el paro y su examante en libertad condicional después de cumplir 4 años de cárcel. Cada uno por su lado.