El plutonio agrava el cuadro. No es otro contratiempo que entorpece o retrasa el control de la crisis, sino que plantea si la crisis lleva camino de controlarse. El escenario cambia: el protagonismo pasa de especulaciones sobre fusiones del núcleo a la urgente necesidad de atajar la radiactividad. El Gobierno lo asumió. "Japón está en alerta máxima", dijo el primer ministro, Naoto Kan, en su primera comparecencia parlamentaria desde el terremoto del día 11 de marzo. Grave y resuelto, Kan repitió que esta es la peor crisis desde la segunda guerra mundial y admitió que la planta nuclear de Fukushima es "impredecible".

El lunes se encontró plutonio radiactivo en el suelo de la planta. La fuga viene del reactor 3, el único que lo utiliza como combustible. Se deduce que es producto de la fusión parcial de las barras de combustible, porque su emisión necesita de temperaturas muy altas.

"Demuestra que el daño es mayor de lo que muchos pensaban", comenta por correo electrónico Evan Douple, jefe de la investigación de la Fundación sobre los Efectos de la Radiación de Hiroshima y Nagasaki.

El plutonio, empleado en las bombas nucleares, es altamente cancerígeno y uno de los elementos más tóxicos del planeta. "Las regulaciones sobre plantas nucleares permiten niveles muy por debajo de los del uranio porque sus partículas se pueden instalar en los pulmones o en la médula ósea, de ahí el mito de que es millones de veces peor que este", continúa Douple. La vida media del plutonio 239 es de 24.000 años y sus partículas son bastante mayores que las del uranio.

El plutonio se suma al problema del agua radiactiva acumulada en los reactores, que el fin de semana multiplicaba por 10.000 los niveles habituales. Los operadores se enfrentan a un dilema hamletiano: las toneladas de agua necesarias para enfriar los reactores suponen una grave amenaza por el riesgo de que se filtren al mar, separado de la central por 50 metros. "Enfriar los reactores es prioritario. Intentaremos extraer esa agua lo antes posible", resolvió Yukio Edano, el portavoz gubernamental. El agua encharcada también impide la instalación eléctrica que facilitaría la refrigeración de los reactores.

La jornada también sirvió para levantar la sordina política y devolver el fragor acostumbrado. Kan escuchó en el Parlamento que no se puede colocar en sus manos la gestión de la crisis, que desaprueba el 58% de la población.

RADIO DE EVACUACION El debate técnico se centró en la zona de exclusión, fijada en 20 kilómetros en torno a la central. Más de 70.000 personas han sido evacuadas. Preocupan las 130.000 de los siguientes 10 kilómetros, encerradas en sus casas por recomendación de Tokio. "¿Hay algo más irresponsable que eso?", interpeló la oposición. Ampliar la exclusión forzaría un éxodo masivo de ciudadanos que agravaría la ya penosa situación de los miles de refugios temporales.

Para Robert Peter Gale, experto en radiación y asesor de Tokio, el encierro es una medida eficaz contra la radiación, pero urge la evacuación por los efectos psicológicos. "Designar un radio de exclusión es siempre una medida arbitraria", dijo en el Club de Corresponsales Extranjeros de Japón, en Tokio.