Cuatro bomberos, miembros de la unidad helitransportada de Alcorisa (Teruel), un piloto y un agente del servicio de protección de la naturaleza murieron ayer al precipitarse el helicóptero en el que viajaban cuando se dirigían a apagar un incendio entre las localidades de Villel y Cascante del Río, en una zona de monte situada unos 30 kilómetros al sur de la capital turolense. Un séptimo integrante de la brigada, también bombero, resultó herido grave en el siniestro, pero no se teme por su vida, informaron anoche fuentes del hospital Obispo Polanco, donde está ingresado.

Será difícil saber qué ocurrió exactamente en la sierra de Villel. Pocos minutos antes de que se perdiera el rastro del aparato, el piloto había comunicado al control que ya habían avistado la columna de humo del incendio al que habían sido asignados y confirmó que iban a iniciar la aproximación. Faltaba poco para las dos de la tarde. "No sabemos con seguridad" lo que ha pasado, admitió ayer, en una comparecencia ante los medios de comunicación, Javier Artajo, director general de Interior del Gobierno de Aragón.

PILOTO EXPERIMENTADO El piloto, que trabajaba para una empresa subcontratada, tenía amplia experiencia en extinción de incendios, con más 1.600 horas de vuelo, aseguró el Gobierno de Aragón. Se trata de un vecino de Manresa (Barcelona), de 38 años, que iba al mando de un helicóptero Bell-407 de la compañía INAER y fabricado en el 2008.

El aparato se dirigía a apagar un fuego forestal que se había declarado unas horas antes cerca del núcleo de Cubla, en Villel, en una zona agreste y de difícil acceso. Al cierre de esta edición aún trabajaban numerosos medios para intentar apagarlo. Durante la tarde, dos helicópteros, dos hidroaviones, camiones cisterna y otros vehículos, junto a varias brigadas de tierra, trabajaron en la extinción del fuego que habría quemado entre 80 y 90 hectáreas. El Gobierno aragonés esperaba tener totalmente contraladas las llamas durante la noche.

Encaramado en un cerro a las afueras de Alcorisa, el parque de bomberos de la localidad, de apenas 3.500 habitantes, era ayer un ir y venir de rostros severos. Consternación y pocas palabras. "Eran buenos conocedores del terreno, con experiencia probada y mucha preparación", explicó un concejal del consistorio. Las víctimas, de entre 24 y 40 años, eran originarias de las vecinas localidades de Alcañiz, Andorra y Mas de las Matas.