Tokio afronta hoy la amenaza radiactiva de la planta de Fukushima con más mascarillas y menos tráfico, ya que muchos trabajan desde sus casas y un gran número de extranjeros han optado por marcharse pese a los llamamientos de las autoridades a la calma. Aunque la capital japonesa se encuentra a unos 250 kilómetros de los reactores nucleares en riesgo de sufrir una gran fuga radiactiva y de que el viento hoy desplazaba las nubes de esas instalaciones hacia el océano, los residentes de Tokio han aumentado sus precauciones por el temor a la contaminación nuclear. El uso de mascarillas, un artículo muy común entre los japoneses, se ha extendido aun más en los últimos días tras los consejos de la televisión, aunque el Gobierno metropolitano asegura que las mediciones de radiactividad siguen por debajo de los niveles peligrosos. Sin embargo, Tokio es ahora una ciudad más tranquila de lo habitual, con menor actividad en distritos de oficinas como Kamiyacho, Shimbashi o la zona comercial de Ginza, ya que los que pueden han decidido seguir trabajando desde casa. A los problemas con los cortes de luz programados y con el transporte ferroviario se suma ahora la preocupación por la posibilidad de que el viento traiga una nube radiactiva de la central nuclear de Fukushima. El Gobierno japonés ha reiterado que fuera del área de 30 kilómetros alrededor de esta central nuclear, en la costa este, no existe peligro para salud, aunque como precaución muchos trabajadores extranjeros han decidido voluntariamente desplazarse al sur del país o abandonarlo. Algunos han pedido a sus empresas o embajadas que les ayuden a salir del país o a trasladarse temporalmente más al sur de la inestable central de Fukushima, por lo que legaciones como la de México han decidido fletar autobuses y pagar el hotel a sus ciudadanos. En una circular interna de un banco estadounidense a la que tuvo acceso Efe, la compañía indicó hoy a sus trabajadores que la crisis en la central de Fukushima no reviste gravedad para los residentes en Tokio y abogó por mantener el ritmo de trabajo habitual. No obstante, empleados de ese banco y otras instituciones financieras importantes han optado por abandonar el país o trabajar desde hoteles en ciudades del sur de la isla, como Osaka, ahora repleta de extranjeros que han decidido alejarse de la provincia de Fukushima. "La mayoría de nuestros jefes se han marchado a Hong Kong o Singapur, aunque cada uno debe plantearse personalmente cómo afronta esto", indicó a Efe un empleado extranjero de una de las mayores casas de valores de Japón. Las embajadas de Estados Unidos y Reino Unido han transmitido mensajes de tranquilidad a las empresas de sus países presentes en Japón y han recordado que las evaluaciones de los expertos sobre los niveles de radiación en Tokio no revisten la gravedad que algunos creen. No obstante, desde el terremoto del viernes Tokio vive días extraños, con zonas normalmente bulliciosas como Shimbashi, el barrio por excelencia de los "salaryman" (oficinistas), medio vacías, negocios cerrados y pocos ánimos de reunirse frente a una cerveza. Hoy a media tarde tan solo algunos grupos de colegiales rompían la monotonía de la plaza de Shimbashi con peticiones para que los transeúntes donasen algún dinero a las víctimas del terremoto y a aquellos que han perdido sus hogares cercanos a la central nuclear. En otros lugares, como el barrio comercial de Ginza, pese a que la actividad continúa, son muchos menos los que pasean por las calles mirando escaparates. Cuando cae la noche en la ciudad de Tokio, la oscuridad revela las numerosas oficinas que ya no encienden sus luces y el impacto que han tenido el terremoto y la crisis nuclear de Fukushima en una de las capitales financieras del mundo, acostumbrada a trasnochar en el trabajo.