Está viva de casualidad. Una niña, recién nacida, fue hallada ayer dentro de un contenedor del barrio de Sants. La pequeña, de ojos rasgados --seguramente, asiática o suramericana--, estaba en el interior de una bolsa de plástico blanca firmemente anudada. Un panadero que acudía a su trabajo escuchó los gemidos y la rescató entre la basura, sana y salva.

Eran las 5.40 horas. José Luis Monroy iba a entrar en la panadería Badal, donde trabaja, cuando escuchó un llanto lejano y débil. "Me pareció un maullido. Pensé que alguien había arrojado un gato a uno de los tres contenedores que hay en la calle de Pavia, casi en la esquina con la de Badal".

"COSAS DE LA TELEVISION"

Ni por asomo pensó que pudiera tratarse de un ser humano, relataba por la mañana Monroy, todavía abrumado por el hallazgo. "Sabía que sucesos así pasaban, pero que eran cosas de la televisión. Nunca pensé que pudiera suceder aquí, en un barrio como Sants. Nunca me imaginé que pudiera ser el protagonista de un asunto tan triste".

El hombre se mostró afectado cuando recordó el momento en que, junto a su compañero José, decidieron abrir la maldita bolsa: "Fue impactante, indignante". Pese a todo, se armaron de valor y entraron a la niña en la panadería y la colocaron en una mesa, junto al horno.

Su compañera Paquita explicó que la niña estaba amoratada y algo hinchada. "Estaba fría", y detalló que la niña tenía aún "la placenta y el cordón umbilical". Además, comentó que "a la niña le hemos puesto Mercé". "Mientras esperábamos a la policía se nos ocurrió este nombre, por haber nacido en la víspera de esa celebración".

Los tres empleados de la panadería coincidieron en subrayar que quien arrojó a la niña en el contenedor tenía la intención de matarla. "Cinco minutos más y se hubiera asfixiado", opinó Monroy. El panadero avisó a la policía. Enseguida llegó una patrulla. Después, la ambulancia del 061 que la trasladó al Hospital de Sant Juan de Dios, donde quedó ingresada. "La tendremos al menos una semana", explicó el médico Xavier Krauel.

El doctor Krauel comenzó con una tanda de antibióticos para prevenir una posible infección. Y la enfermera María Pedrós la introdujo en una incubadora. Los médicos no suelen ser muy explícitos en su diagnóstico, por lo que pudiera pasar. Hablaron de que la pequeña se encontraba "estable", pese al peligro de infección y el agua que todavía albergada en sus pulmones al nacer. Fuentes de la investigación centran sus pesquisas en el propio barrio de Sants, donde creen que reside la madre.