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Crónica

Córdoba vive un multitudinario y brillante Domingo de Ramos

Un día de luz radiante y calles llenas volvió a reunir a la ciudad en torno a sus cofradías, dejando paso a una noche de frío intenso que no logró apagar las ganas de Semana Santa

La Vera Cruz va completando su palio

LOLA RUIZ

Córdoba

Un año más, el Domingo de Ramos volvió a encontrarnos o quizá fuimos nosotros quienes volvimos a encontrarnos en él bajo un cielo limpio, de luz generosa, con un sol radiante. La mañana traía calor de primavera; la tarde, tibia y amable, prometía esa rebequita que acompaña sin molestar. Sin embargo, al caer la noche, el frío se hizo notar con fuerza, devolviendo a las calles un aire más propio del invierno. En definitiva, un Domingo de Ramos hecho para la calle, para el paso lento, para el reencuentro.

Entrada Triunfal

Como manda la tradición, fue la mañana la que abrió el telón. Y lo hizo con la inocencia solemne de la hermandad de la Entrada Triunfal, la popular Borriquita, que fue la primera cofradía en ponerse en la calle en la mañana del Domingo de Ramos.

En el popular barrio de San Lorenzo, las campanas anunciaban que la cruz de guía de palmas ya estaba en la puerta, preparada para escribir la primera línea de la Semana Santa. Había expectación, un murmullo creciente, una emoción contenida que se desbordó cuando el cortejo empezó a moverse.

El Señor de los Reyes avanzó entonces sereno, mientras la banda Caído y Fuensanta desgranaba las primeras marchas. La multitud, apretada a las puertas del templo, acompañaba el caminar del paso del Señor que se abría paso hacia la carrera oficial.

No tardó en anunciarse la salida de la Virgen de la Palma. La banda sinfónica de la localidad cordobesa de Dos Torres puso sonido a su aparición, y la primera marcha interpretada Espíritu Santo marcaba el pulso de la primera dolorosa del día. Su paso, delicado y firme, avanzaba exornado con una variedad floral armonizada en blanco en la que se pudo ver un original toque de flores hechas con palma.

La mañana fue pasando con esa cadencia de lo esperado que nunca cansa. Y cuando la tarde comenzó a desplegar su luz más dorada, una tarde de sol, luminosa pero ya con un frío en la sombra que anunciaba lo que vendría después, la ciudad volvió a prepararse para otro comienzo dentro del mismo día.

Penas de Santiago

La hermandad de las Penas de Santiago fue la encargada de abrir la tarde en la carrera oficial. Había dejado atrás su barrio horas antes, entre la expectación de los suyos, atravesando calles que conocen de memoria el sonido de sus pasos. La agrupación musical Nuestro Padre Jesús de la Salud de Sevilla sonaba con rotundidad, marcando un ritmo firme, mientras el Cristo de las Penas, sobre su paso caoba exornado con rosas rojas, avanzaba por la calle Agustín Moreno a los sones de la marcha La Saeta.

Poco después, la Virgen de la Concepción apareció envuelta en una lluvia de pétalos que caían con la delicadeza de lo efímero. Era una estampa de belleza suspendida: los pétalos flotando, el paso avanzando, la gente conteniendo el aliento. Un paso exornado en distintas variedades de flores blancas donde no faltaron las clásicas camelias que siempre se pueden ver en el exorno de la dolorosa de la hermandad de las Penas.

Huerto

Entre las novedades del día destacó la decisión de la hermandad del Huerto de adelantar su entrada en la carrera oficial, convirtiéndose en la segunda en recorrer el tramo común. El Señor del Huerto caminó con solemnidad, rodeado de una rica variedad floral que aportaba matices de color y vida a la escena del huerto de Getsemaní; la nota musical la puso la Agrupación Musical de Nuestro Padre Jesús de la Redención.

El Señor Amarrado a la Columna no tardó en hacerse presente, sobre un clásico monte de clavel morado. La asociación musical utrerana acompañaba con elegancia su caminar, mientras la banda Tubamirum de Cañete de las Torres comenzaba a entonar las primeras marchas para la Virgen de la Candelaria, a cuyo palio, como todos los de la jornada, le costó mantener encendida su candelería a causa del aire, que se hizo notar conforme avanzaba la tarde. Ella avanzaba poco a poco, dejándose llevar por las calles que ya olían a azahar, perdiéndose entre la cal de las fachadas y los naranjos de la calle de la Feria que, en estas fechas, parecen querer formar parte del cortejo de la hermandad del Huerto.

Rescatado

Y mientras todo esto sucedía, en otro punto de la ciudad, el Señor Rescatado ya había dejado su huella. En la plaza de los Trinitarios, su presencia se convirtió en uno de esos momentos que se quedan grabados en la memoria colectiva. El Nazareno trinitario, poderoso, avanzaba al compás de la banda del Nazareno de El Arahal, vistiendo la túnica de torero restaurada este año. Su paso, salpicado de lirios morados, ofrecía un contraste de color y simbolismo que no pasaba desapercibido. Tras Él, la Virgen de la Amargura caminaba con una elegancia serena, envuelta en un exorno floral de rosas blancas.

Vera Cruz

Desde el otro lado del río, la hermandad de la Vera Cruz iniciaba su acercamiento. Su llegada tenía algo de transición, de puente literal y simbólico. El Señor de la Vera Cruz avanzaba con esa sobriedad que impone respeto sobre un monte de clásico clavel rojo.

La Virgen del Dulce Nombre, por su parte, ofrecía uno de los estrenos más comentados del día: la bambalina interior trasera de su paso de palio, una obra de gran calidad bordada por Manuel Solano, que poco a poco va completando un conjunto llamado a perdurar.

Pero si hubo un hilo conductor durante toda la jornada fue el bullicio. La ciudad se volcó en cada rincón, en cada calle, en cada plaza. La gente se agolpaba con paciencia, con ilusión, con esa mezcla de costumbre y novedad que define a la Semana Santa.

Esperanza

Un ejemplo claro se vivió en el entorno de la parroquia de San Andrés, donde una multitud esperaba la salida de la hermandad de la Esperanza. El Señor de las Penas volvió a caminar con la gracia que lo caracteriza, acompañado por los sones de la banda la Pasión de Linares, formando ya un binomio inseparable en este día. Y tras Él, la Virgen de la Esperanza trajo consigo un cambio de atmósfera: la alegría, el color, la luz. Pétalos que caían como si el cielo participara, marchas a cargo de la banda de música de la Esperanza que elevaban el ánimo y otro estreno que sumar: la bambalina trasera de su palio verde y malla, que sigue creciendo paso a paso, año a año.

Amor

La noche comenzaba a insinuarse, ya con un frío más acusado que obligaba a recogerse en abrigos, cuando la hermandad del Amor se preparaba para cerrar la jornada en la carrera oficial. Había salido horas antes desde la parroquia de Jesús Divino Obrero, poniendo en la calle sus tres pasos con diversas novedades.

El Señor del Silencio, luciendo una nueva túnica blanca bordada con piezas antiguas por Antonio Villar, avanzó mostrando un paso ya completamente terminado; llamaron la atención las pinturas, obra de Raúl Muñoz, en las cartelas doradas del paso.

Tras Él, el Cristo del Amor caminaba sobre un monte de clavel rojo, estrenando un nuevo juego de potencias y acompañado de San Juan y la Dolorosa. El Cristo del Amor caminó con solemnidad por las calles de la ciudad a los sones de la banda Maestro Valero de la localidad cordobesa de Aguilar de la Frontera. Y cerrando el cortejo, la Virgen de la Encarnación avanzaba con esa gracia que parece no necesitar explicación, bajo su palio, buscando la carrera oficial. En el barrio se vivieron momentos de emoción alrededor de la guapa Dolorosa, como una gran petalada a la Virgen mientras la banda de Santa Cecilia de Montoro interpretaba Pasan los Campanilleros.

Fue ese palio el que puso el punto final a la jornada en el recorrido común. Y con él, se cerraba un Domingo de Ramos que había sido, en todos los sentidos, brillante, aunque marcado también por ese contraste de temperaturas y por un viento que, por momentos, quiso hacerse protagonista. La jornada destacó además por los importantes estrenos patrimoniales presentados por las hermandades.

La respuesta del público fue multitudinaria, llenando plazas, calles y rincones con expectación y emoción. Un día soñado, vivido con intensidad y lleno de matices, escrito en la memoria de una ciudad que, una vez más, se reconoció en sus cofradías.

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