Semana Santa en Córdoba
Testigos de la cruz: los personajes de la Pasión
Una aproximación a los personajes que acompañaron a Cristo en su camino hacia la cruz, analizando no solo su papel histórico y espiritual en los episodios de la Pasión, sino también como su representación y simbología se han transmitido a lo largo de los siglos en la tradición cofrade

Paso de misterio de la Hermandad de la Sentencia junto a Jesús de la Sentencia, se ven distintos personajes de la Pasión como Pilatos o Barrabás. / CÓRDOBA
FRANCISCO MELLADO CALDERÓN
La Pasión de Cristo constituye uno de los relatos más significativos del cristianismo, pues narra los últimos días de Jesús de Nazaret, desde su entrada en Jerusalén hasta su crucifixión, muerte y resurrección. Este episodio, transmitido por los Evangelios canónicos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, posee no solo un profundo valor espiritual y litúrgico, sino también un notable interés histórico y socio-político.
La Pasión refleja la compleja interacción entre la autoridad imperial romana y las élites religiosas judías, así como la diversidad de seguidores que acompañaban a Jesús en sus últimos días. A través del análisis de los personajes involucrados es posible comprender la dimensión humana, política y religiosa de estos acontecimientos, situados en el contexto de una Judea sometida al dominio de Roma y marcada por tensiones mesiánicas y sociales.
Jesús es el protagonista
Los relatos evangélicos lo presentan como un maestro que, mediante sus enseñanzas y acciones simbólicas, como la expulsión de los mercaderes del templo, cuestionó ciertas prácticas religiosas y proclamó la llegada del Reino de Dios. Su arresto en el huerto de Getsemaní, el juicio ante el Sanedrín, la comparecencia ante el prefecto romano y su crucifixión en el Gólgota constituyen el núcleo dramático de la Pasión.
Desde el punto de vista histórico, la crucifixión de Jesús es uno de los hechos mejor atestiguados de su vida. El historiador romano Tácito menciona que «Cristo sufrió la pena capital durante el reinado de Tiberio a manos de Poncio Pilatos» (Annales, XV, 44). Asimismo, el historiador judío Flavio Josefo alude a Jesús en sus Antigüedades judías, confirmando su ejecución bajo autoridad romana. Estos testimonios externos corroboran que Jesús fue una figura histórica real y que su muerte respondió a motivos que combinaron factores políticos, sociales y religiosos.
Autoridades
Entre las autoridades judías destacan Anás y Caifás. Según el Evangelio de Juan (18, 13-14), Jesús fue llevado primero ante Anás, antiguo sumo sacerdote que, aunque ya no ejercía oficialmente el cargo, mantenía una notable influencia en el Sanedrín. En la Semana Santa de Córdoba, la figura de Anás se representa en el paso de misterio de Nuestro Padre Jesús del Perdón, donde aparece como imagen secundaria realizada por el imaginero cordobés Manuel Luque Bonillo.

El gobernador romano Poncio Pilatos aparece en distintos pasos de misterio, entre ellos en el de Jesús de la Sangre de la Hermandad del Cister. / CÓRDOBA
Por su parte, Caifás, sumo sacerdote entre los años 18 y 36 dC, designado por la autoridad romana, presidió el interrogatorio y promovió la acusación de blasfemia contra Jesús (cf. Mateo 26, 57). Su posición refleja el delicado equilibrio entre liderazgo religioso y dependencia política del poder imperial.
En la Semana Santa cordobesa, Caifás puede contemplarse el Lunes Santo en el paso de misterio de Nuestro Padre Jesús de la Redención, titular de la hermandad de la Estrella. La imagen, de gran fuerza dramática, fue realizada por el imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado, quien supo plasmar la tensión psicológica del momento. Ambas figuras muestran cómo la autoridad religiosa judía interactuaba con la ocupación romana para mantener el orden en Judea, evidenciando un contexto de profundas tensiones políticas y sociales.
Uno de los personajes más populares de la Pasión es Poncio Pilatos, gobernador romano de Judea y responsable civil de la sentencia de crucifixión. Los evangelios describen su vacilación ante el caso de Jesús, el gesto simbólico de «lavarse las manos» y la liberación de Barrabás a petición de la multitud. La figura histórica de Pilatos está igualmente confirmada por fuentes externas como Tácito y Josefo, lo que subraya la dimensión política del proceso. En la Semana Santa de Córdoba, Poncio Pilatos aparece representado en varios pasos de misterio: en el de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, obra de Miguel Ángel González Jurado; en el de la hermandad del Císter, realizado por Francisco Pinto Berraquero; y más recientemente en el paso de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos, de la hermandad de la Presentación al Pueblo de Cañero, obra del imaginero Francisco Javier López del Espino.
Los discípulos
Los discípulos y seguidores de Jesús desempeñan también un papel esencial en el relato de la Pasión, pues a través de ellos se manifiestan la lealtad, el miedo, la traición y la esperanza que acompañan a los acontecimientos.
Uno de los personajes más controvertidos es Judas Iscariote, uno de los Doce. Según el Evangelio de Lucas (22, 47-48), identifica a Jesús ante las autoridades religiosas «con un beso», gesto que se ha convertido en símbolo universal de traición. El Evangelio de Mateo (26, 14-16) añade que recibió treinta monedas de plata a cambio de su entrega. Su acción pone de relieve no solo la tensión interna dentro del grupo de discípulos, sino también la vulnerabilidad humana ante la ambición, la decepción o la presión del entorno político y religioso.
En la Semana Santa cordobesa, la figura de Judas aparece representada el Martes Santo en el paso de misterio de Nuestro Padre Jesús del Prendimiento, obra del imaginero Antonio Bernal Redondo. Asimismo, puede contemplarse en el paso de misterio de Nuestro Padre Jesús en la Sagrada Cena, realizado por Miguel Ángel González Jurado, donde se acentúa el dramatismo del momento en que se anuncia la traición. Además, lleva en la mano la bolsa con las treinta monedas.

Caifás al sumo sacerdote, lo vemos casa Lunes Santo en el paso de misterio de Jesús de la Redención. / CÓRDOBA
Por su parte, Simón Pedro encarna la fragilidad humana. Durante la noche del arresto niega conocer a Jesús en tres ocasiones, cumpliéndose así el anuncio previo del Maestro (cf. Mateo 26, 69-75). Su actitud refleja el temor ante la persecución y la debilidad del discípulo que, pese a su fervor inicial, sucumbe al miedo. Sin embargo, su posterior arrepentimiento lo convierte también en símbolo de perdón.
En Córdoba, la imagen de Pedro puede contemplarse en diversos pasos de misterio: en la Entrada Triunfal, junto a Jesús de los Reyes, realizada por Sebastián Montes Carpio; en el paso de la Sagrada Cena, de Miguel Ángel González Jurado; y en el paso de Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto, donde aparece dormido en Getsemaní, subrayando el contraste entre la vigilancia pedida por Cristo y la debilidad de sus discípulos.
Especial relevancia adquiere Juan el Apóstol, identificado tradicionalmente como «el discípulo amado». A diferencia de la mayoría, permanece junto a María al pie de la cruz. El Evangelio de Juan (19, 26-27) recoge la escena en la que Jesús le encomienda el cuidado de su madre: «Mujer, he ahí a tu hijo...». Este gesto posee una profunda dimensión teológica y simbólica, pues la tradición cristiana ha visto en él la entrega de María como madre espiritual de los creyentes.
Juan es, quizá, una de las figuras más representadas en la Semana Santa. En Córdoba aparece acompañando a diversas advocaciones marianas bajo palio, como la de Nuestra Señora Reina de los Ángeles, de la hermandad del Císter; la Virgen del Amor de la hermandad de Pasión o la Virgen del Desconsuelo de la hermandad del Santo Sepulcro, y en numerosos pasos de misterio, entre ellos el de la Entrada Triunfal, el Prendimiento, el Buen Suceso, el Descendimiento, el Cristo de las Penas, el Cristo de Gracia y la Sagrada Cena, obras de distintos autores contemporáneos.
Mientras tanto, los demás discípulos se dispersan tras el prendimiento, evidenciando la diversidad de reacciones ante una situación límite. En conjunto, sus actitudes, traición, negación, fidelidad o huida, ofrecen un retrato profundamente humano que enriquece la comprensión histórica y espiritual de la Pasión.
La mujer en la pasión
El papel de las mujeres en la Pasión de Cristo es igualmente crucial y revela una dimensión profundamente humana del relato evangélico. Frente a la huida de muchos discípulos, ellas permanecen junto a Jesús en los momentos decisivos, desde la crucifixión hasta el sepulcro, convirtiéndose además en las primeras testigos de la Resurrección.
Entre todas destaca María, madre de Jesús, que presencia la crucifixión de su hijo y encarna la fidelidad silenciosa y el dolor maternal llevado hasta el extremo. Su figura al pie de la cruz no solo posee una dimensión histórica dentro del relato, sino también un profundo significado teológico y devocional, pues representa la unión íntima entre la madre y el misterio redentor del Hijo.
Junto a ella sobresale María Magdalena, mencionada explícitamente por los evangelistas (cf. Lucas 23, 49; Marcos 15, 40-41). Está presente en la crucifixión y acude al sepulcro, donde será una de las primeras en recibir el anuncio pascual. Su figura ha sido interpretada como modelo de discípula fiel y testigo privilegiada de la Resurrección, lo que pone de manifiesto el papel activo de la comunidad femenina en los orígenes del cristianismo.
En la Semana Santa cordobesa, María Magdalena aparece en numerosos pasos de misterio: en el del Buen Suceso, obra de Miguel Ángel González Jurado; en el Descendimiento, del mismo autor; en el Cristo de Gracia y también en el paso de palio de la Virgen del Desconsuelo, en una hermosa talla realizada igualmente por González Jurado. Estas representaciones suelen acentuar su expresividad, su dolor contenido y su actitud de entrega. Junto a María Magdalena aparecen otras mujeres, como María de Cleofás y Salomé, mencionadas en los relatos de la Pasión. Representan una comunidad de seguidoras que acompaña a Jesús hasta el final, incluso cuando la mayoría de los apóstoles varones se dispersan.

Santa María Magdalena figura en el paso de duelo de la Hermandad del Santo Sepulcro. / CÓRDOBA
En los pasos de la Semana Santa, las mujeres aparecen en distintas escenas, como en los misterios del Buen Suceso y del Descendimiento, y de manera especial en el paso de la Santa Faz, donde también se representa a Verónica, la mujer que, según la tradición, enjuga el rostro de Jesús camino del Calvario y que el rostro del Señor le fue devuelto estampado en tela. Este gesto simbólico resume la compasión y la valentía de quienes, aun sin poder cambiar el curso de los acontecimientos, permanecen cerca del sufrimiento.
En conjunto, la presencia femenina en la Pasión resalta no solo la dimensión afectiva del relato, sino también la inclusión de sectores que en el mundo antiguo solían quedar relegados. Su testimonio fiel y perseverante constituye un elemento esencial para comprender la profundidad histórica, espiritual y humana de los acontecimientos. Otra de las mujeres vinculas a la Pasión fue Claudia Prócula, según la tradición cristiana esposa de Poncio Pilato. Los Evangelios no mencionan su nombre; este procede de tradiciones posteriores que la identifican como Claudia Prócula. Su única mención en los Evangelios se encuentra en el Evangelio de Mateo (27, 19), donde, en pleno juicio de Jesús, envía a su esposo un mensaje en el que le advierte: «No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por causa de él».
Aunque su intervención es breve, su figura posee una notable fuerza simbólica. Representa la voz de la conciencia que, incluso desde el ámbito del poder romano, reconoce la inocencia de Cristo. Su sueño ha sido interpretado por la tradición cristiana como una advertencia divina y como un signo de que la justicia de Jesús era perceptible más allá del pueblo judío. En la Semana Santa cordobesa, la esposa de Pilato aparece representada en dos pasos de misterio: en el de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, obra de Miguel Ángel González Jurado, y el Martes Santo en el misterio de Nuestro Padre Jesús de la Sangre, realizado por Francisco Pinto Berraquero. En ambas escenas su presencia aporta un matiz psicológico y dramático al juicio, subrayando la tensión moral que rodea la condena de Jesús.
Otros personajes
Otros personajes, aunque secundarios en la narración, enriquecen notablemente el relato de la Pasión por la profundidad simbólica y humana que aportan. Entre ellos destaca Simón de Cirene, mencionado por los evangelistas como el hombre obligado por los soldados a cargar la cruz de Jesús camino del Calvario (cf. Mateo 27, 32; Marcos 15, 21). El Evangelio de Marcos añade que era padre de Alejandro y Rufo, detalle que sugiere que su familia era conocida en las primeras comunidades cristianas. Su figura representa la participación, en principio involuntaria, en el sufrimiento ajeno y, desde entonces, su nombre se asocia espiritualmente con la idea de ayudar a llevar la cruz de los demás.
En la Semana Santa cordobesa puede contemplarse el Martes Santo en el paso de misterio de Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso, obra de Miguel Ángel González Jurado, donde su gesto refleja el esfuerzo físico y la compasión contenida del momento. Otro personaje significativo es Barrabás. Los cuatro evangelios coinciden en que, con ocasión de la Pascua, Poncio Pilato ofreció liberar a un prisionero a elección del pueblo, que debía decidir entre Jesús y Barrabás (cf. Marcos 15, 6-15). Barrabás es descrito como implicado en un motín y homicidio (Juan 18, 40). El episodio posee una fuerte carga simbólica: el culpable es liberado mientras el inocente es condenado. Para muchos intérpretes cristianos, esta escena anticipa el sentido redentor de la Pasión, donde Cristo asume el destino que correspondía a otros.
En la Semana Santa de Córdoba, Barrabás aparece representado en el paso de misterio de la hermandad de la Sentencia, realizado por Miguel Ángel González Jurado, y también en el paso de misterio de la hermandad del Císter, donde Jesús es presentado al pueblo en una obra de Francisco Pinto Berraquero. Tras la muerte de Jesús, adquieren protagonismo José de Arimatea y Nicodemo, quienes solicitan a Pilato el cuerpo para darle sepultura (cf. Juan 19, 38-42; Marcos 15, 43-46). Ambos, miembros influyentes y vinculados al Sanedrín, realizan un acto de valentía y respeto al encargarse de la sepultura conforme a la tradición judía. Su intervención demuestra que, incluso dentro de las estructuras oficiales, existían personas que reconocían la dignidad de Jesús. En la Semana Santa cordobesa pueden contemplarse el Viernes Santo en el paso de misterio de la hermandad del Descendimiento, obra de Alfonso Castellanos, donde se escenifica el momento en que el cuerpo de Cristo es bajado de la cruz.
Finalmente, destacan los soldados romanos y, de manera especial, el centurión identificado por la tradición como Longinos. Según Marcos 15, 39, tras la muerte de Jesús, el centurión proclama: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios». Esta confesión, pronunciada por un representante del poder militar romano, ha sido interpretada como una de las primeras declaraciones de fe surgidas fuera del círculo de los discípulos, intensificando el contraste entre autoridad imperial y reconocimiento espiritual.

Santos varones Nicodemo y José de Arimatea, en el paso de misterio del Cristo del Descendimiento. / CÓRDOBA
Su representación es una de las incorporaciones más recientes en la Semana Santa cordobesa. Puede contemplarse en el paso del Cristo de la Piedad de la hermandad de Las Palmeras, en una expresiva imagen realizada por Antonio Bernal.
En conclusión, la Pasión de Cristo combina los relatos evangélicos con evidencias históricas que permiten distinguir entre la dimensión teológica del relato y los hechos susceptibles de verificación histórica. Leídos en conjunto, los personajes secundarios no son simples acompañantes del relato central, sino que reflejan la complejidad humana, social y política que rodeaba a Jesús.
Desde la fidelidad silenciosa de María, madre de Jesús y la perseverancia de Juan el Apóstol, pasando por la traición de Judas Iscariote y la ambivalencia moral de Poncio Pilato, hasta las multitudes que eligieron liberar a Barrabás, la Pasión ofrece un mosaico de actitudes humanas: fe, miedo, cobardía, compasión y esperanza. Cada figura encarna una respuesta distinta ante el conflicto, revelando cómo las decisiones individuales se ven influidas por el contexto social, la presión colectiva y las estructuras de poder
Asimismo, personajes como Simón de Cirene, José de Arimatea, Nicodemo o Longinos muestran que incluso figuras secundarias o marginales participan de manera decisiva en el drama, revelando la diversidad de roles y la complejidad moral y social de la época.
En conjunto, la Pasión de Cristo no solo es un relato de sufrimiento y redención, sino también un retrato profundo de la naturaleza humana en un momento crítico de la historia. Historia, política y espiritualidad se entrelazan para ofrecer una comprensión más rica y matizada de uno de los episodios centrales del cristianismo, mostrando cómo un acontecimiento situado en un contexto específico llegó a adquirir una dimensión universal que ha marcado la cultura, el pensamiento y la fe de millones de personas a lo largo de los siglos.
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