Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Semana Santa en Córdoba

Mujer y Semana Santa en la Córdoba de los siglos XVI al XIX

El papel de la mujer en las hermandades penitenciales y en la Semana Santa de la capital cordobesa en esta etapa de la historia refleja cómo la figura femenina va cobrando relevancia hasta el punto de acuñarse en la documentación el término 'cofrada' para hacer visible a los ojos de la sociedad esta realidad

Mujeres de mantilla en una procesión en Córdoba.

Mujeres de mantilla en una procesión en Córdoba. / CÓRDOBA

Córdoba

A lo largo de los años setenta del pasado siglo asistimos a una evidente recuperación del movimiento cofrade penitencial que marca el inicio de una larga etapa de auge y esplendor que, a pesar de los vaivenes, llega hasta nuestros días. Esta pujanza se pone de manifiesto a través de una serie de indicadores, siendo uno de los más significativos la fundación y reorganización de un buen número de hermandades en la ciudad.

Al mismo tiempo, los efectivos humanos experimentan un notorio aumento que contribuye a la intensidad del fenómeno. Un factor determinante en este proceso va a ser la incorporación de la juventud y de la mujer.

La participación de los jóvenes tiene una relación muy directa con la fuerte eclosión del movimiento costalero que comienza su andadura con la formación de la primera cuadrilla en 1975 por la cofradía del Cristo de la Expiración. La propagación de esta iniciativa pionera y el arraigo conseguido significan la eliminación de las ruedas de prácticamente la totalidad de los pasos. Asimismo, las bandas de música han sido otro verdadero banderín de enganche para la juventud.

Idéntica o mayor relevancia en la vitalidad de las cofradías y de la Semana Santa ha supuesto la incorporación de la mujer. La importancia del hecho se puede calibrar a nivel cuantitativo por medio de las nóminas de hermanos.

Ya en los años finales del siglo XX la presencia femenina representaba más del 50% en el conjunto de miembros de las cofradías de la Paz y Vía Crucis, mientras que el 40% se alcanzaba en las del Cristo de Gracia, Penas, Expiración, Dolores, Calvario y Caído. Por el contrario, en esa fecha la participación en las juntas de gobierno estaba reducida a la mínima expresión.

Cristo de Gracia es una de las hermandades con mayor presencia femenina en la capital cordobesa, junto a otras como Penas, Expiración, Dolores, Calvario o Caído.

Cristo de Gracia es una de las hermandades con mayor presencia femenina en la capital cordobesa, junto a otras como Penas, Expiración, Dolores, Calvario o Caído. / CÓRDOBA

Sin embargo, hoy la realidad es bien distinta, como lo refrendan de forma harto elocuente los porcentajes que alcanzan las mujeres en las listas de hermanos y en los equipos que rigen los destinos de las cofradías penitenciales que han cobrado impulso. También han conseguido otros logros destacados, como pueden ser los de haber pregonado la Semana Santa o presidido la Agrupación de Cofradías.

Una mirada retrospectiva en el tiempo nos lleva a esbozar con una serie de pinceladas el papel que ha jugado la mujer en las hermandades penitenciales y en la Semana Santa de la capital cordobesa durante los siglos XVI al XIX. A lo largo de esas centurias la presencia femenina cobra cierta relevancia hasta el punto de acuñarse en la documentación el término específico de cofrada para hacer visible a los ojos de la sociedad esta realidad.

El papel en el siglo XVI

La presencia de la mujer en el movimiento cofrade penitencial de la ciudad durante el siglo XVI constituye un tema de interés que está sin estudiar, de ahí que lo abordemos de una manera sucinta en la colaboración de este año con la revista que publica Diario CÓRDOBA con motivo de la celebración pasionista.

El mencionado período cronológico resulta clave para adentrarnos en el momento que asistimos a la génesis de la configuración de la Semana Santa local. Tanto los decretos episcopales como las constituciones, que regulan la organización y funcionamiento de las hermandades que realizan estación de penitencia, ofrecen una valiosa información para esclarecer el papel desempeñado por la mujer y el puesto que ocupa.

El edicto promulgado en la cuaresma de 1573 por el obispo fray Bernardo de Fresneda tiene una especial incidencia en las celebraciones de Semana Santa. El documento contiene una serie de prohibiciones que repercuten de manera directa en los actos religiosos que se desarrollan en las calles y templos el Jueves y Viernes Santo preferentemente.

En primer lugar, el decreto del titular de la diócesis establece que las procesiones de disciplinantes deben salir y recogerse con luz del día, quedando sin efecto el horario nocturno que hasta ahora venía practicándose por los miembros de las cofradías.

También la costumbre de visitar los monumentos en la noche del Jueves al Viernes Santo se ve alterada al negar a las mujeres que recorran las estaciones y entren en las iglesias después de la puesta de sol. Al mismo tiempo, el prelado manda que el oficio de tinieblas acabe de día, puesto que venía teniendo lugar a maitines. También restringe el horario de apertura y cierre de los templos que deberían estar clausurados por la noche abrirse al amanecer, sobre todo los de monasterios femeninos y hospitales.

El obispo franciscano y antiguo confesor de Felipe II decide en 1575 someter a consulta de los superiores de las comunidades de religiosos y prebendados del cabildo catedralicio las medidas adoptadas dos años antes con el fin de conocer sus respectivas opiniones.

Virgen de las Angustias: La cofradía de esta totilar se erige a mediados de siglo XVI en el templo de los agustinos.

Virgen de las Angustias: La cofradía de esta totilar se erige a mediados de siglo XVI en el templo de los agustinos. / CÓRDOBA

Sin duda, esta decisión obedece al hecho de que todas las cofradías penitenciales en esa fecha tenían la sede canónica en templos conventuales y a que todas ellas hacían estación en la iglesia mayor, donde se congregaba el vecindario para verlas.

Los convocados respaldan en su totalidad las novedades introducidas, sobre todo las referidas a las mujeres que también deberían estar separadas de los hombres en los sermones, oficios y procesiones. Únicamente se muestran disconformes con el cierre de los templos, salvo los de los monasterios de religiosas.

Sin embargo, el mandato episcopal provoca bastante malestar en los miembros de las cofradías y vecinos en general que se niegan a aceptar de buen grado la imposición. El rechazo obliga a utilizar a los ministros de la justicia para hacer cumplir la normativa, tomando medidas disuasorias como la guarda de las puertas de las iglesias.

El escrito del corregidor Garci Suárez de Carvajal, dirigido el 8 de marzo de 1576 al presidente del Consejo de Castilla, nos informa acerca de la situación, dejándose entrever esa oposición. Al mismo tiempo, manifiesta un apoyo total al prelado de la diócesis cordobesa y reconoce las dificultades que presenta el recinto catedralicio para una eficaz vigilancia, debido a sus dimensiones y al bosque de columnas y capillas.

El decreto de fray Bernardo de Fresneda se promulga en el momento que las cofradías penitenciales cobran impulso y la Semana Santa local se está configurando mediante una proliferación de fundaciones.

La más antigua es la de la Vera Cruz que ocupa una espaciosa capilla en el templo de los franciscanos observantes del convento de San Pedro el Real. A mediados del siglo XVI se erige la de Nuestra Señora de las Angustias en la iglesia de los agustinos. El nacimiento tiene lugar en marzo de 1558 y las reglas son aprobadas en abril de 1570.

Otra cofradía de Solera es la de la Soledad de Nuestra Señora, establecida en el cenobio de los mercedarios. Aunque desconocemos el año de creación, sabemos que ya existe en 1569. Con la pertinente licencia del maestro general de los dominicos nace en la iglesia conventual de los Santos Mártires la hermandad de la Pasión de Cristo al finalizar el segundo tercio del siglo XVI y sus constituciones aprobadas el 21 de mayo de 1566 por el obispo de la diócesis Cristóbal de Rojas y Sandoval.

En el templo del Carmen calzado surge la cofradía del Santo Sepulcro. Las primitivas reglas van a ser aprobadas en marzo de 1573 y antes de 1578 la de la Coronación, también llamada del Prendimiento, en la iglesia de los Trinitarios y la del Descendimiento de la Cruz en la dominicana de San Pablo el Real.

La celebración de la Pasión y Muerte del Señor en estos años tiene como colofón la de la Resurrección que corre a cargo de la hermandad del mismo título a la que se agrega la de las Ánimas del Purgatorio que se halla en un estado de postración. Las constituciones se aprueban el 1 de junio de 1562 y la fiesta principal tiene lugar en la mañana del domingo de pascua con una función religiosa solemne en la parroquia de Santa Marina y una procesión por las calles principales del barrio.

Hermandad de la Soledad: El Viernes Santo es el día de la procesión de la Virgen por las calles de Córdoba.

Hermandad de la Soledad: El Viernes Santo es el día de la procesión de la Virgen por las calles de Córdoba. / CÓRDOBA

Las prohibiciones de fray Bernardo de Fresneda desaparecen y la Semana Santa cordobesa recupera sus tradiciones inmediatamente después de tomar posesión de la silla episcopal su sucesor el dominico fray Martín de Córdoba y Mendoza. Su corta etapa de gobierno marca una continuación del intenso proceso fundacional de hermandades penitenciales que se prolonga hasta el primer cuarto del siglo XVII. Entre ellas cabe mencionar las de Jesús Nazareno, Santo Crucifijo, Humildad y Oración del Huerto.

El estudio del capítulo referido a la admisión de hermanos en las constituciones aprobadas en la centuria del quinientos nos lleva a afirmar que no existe discriminación de sexos, si bien a las mujeres les está vedado el participar en los cabildos y en la estación de penitencia como disciplinantes. Especial interés ofrecen las reglas de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias que establece la entrada de hombres y mujeres, aunque impide el ingreso a varones solteros menores de 20 años «porque el mozo soltero ni viene ni paga ni es hallado para munirlo».

Resulta muy llamativo que contemplen la presencia femenina en las procesiones y fiestas religiosas sin cortapisa alguna: «[...] tenemos por bien que las hermanas que fueren en esta cofradía sean obligadas a venir a nuestras fiestas, a lo menos a nuestras procesiones, misas y sermones».

Sin embargo, en la confirmación de las constituciones llevada a cabo en junio de 1587 por el licenciado Velarde de la Concha, provisor y vicario general del obispado, se introduce en la normativa vigente la prohibición expresa de asistir a los cabildos y disciplinarse en la estación de penitencia del Viernes Santo: «[...] y asimismo con que las mujeres cofradas de ella no asistan en las congregaciones con los hermanos cofrades de la dicha cofradía ni salgan en la disciplina de ella, salvo alumbrando y entonces sin túnicas descubiertas con sus mantos».

Desconocemos las causas que motivan la intervención de la autoridad eclesiástica incorporando las citadas prohibiciones en la confirmación de las reglas. Las constituciones de la hermandad de las Angustias obligan a enterrar a las viudas, padres e hijos mayores de diez años de los cofrades. Sin embargo, este derecho no se le reconoce a las mujeres pertenecientes a ella porque «nuestras hermanas cofradas no vienen a nuestros cabildos ni enterramientos ni otras cosas que se ofrecen fuera de las fiestas».

La mujer en el Barroco

La presencia femenina en las hermandades penitenciales cordobesas a lo largo del siglo XVII alcanza bastante notoriedad. La importancia del fenómeno se puede calibrar a través de las referencias numéricas que nos aporta una relación nominal de 998 personas pertenecientes a las cofradías de la Vera Cruz, Angustias, Soledad y Jesús Nazareno.

Las cuentas de la hermandad de la Vera Cruz recogen la identidad de 214 personas fallecidas en el período 1671-1700 por las que se aplican las correspondientes misas en sufragio de sus almas. La distribución por sexos arroja los siguientes valores: 138 varones y 76 mujeres, significando estas últimas en el conjunto un 35,5%.

Conocemos los nombres de 338 personas de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias que mueren entre los años 1640 y 1701. La mencionada cifra se reparte en 216 hombres y 122 mujeres, por lo que la presencia femenina alcanza un 36%. En la lista de 137 personas de la hermandad de la Soledad de Nuestra Señora que colaboran con limosnas para sufragar los gastos de unas andas de plata aparecen 105 varones y 32 mujeres, de ahí que éstas sobrepasen el 23%.

Conventos

Por último, en el período 1613-1700 ingresan en la cofradía de Jesús Nazareno, establecida en el hospital del mismo título, 309 personas que se distribuyen entre 269 hombres y 40 mujeres. En este caso representan alrededor de un 13 por ciento.

Los citados porcentajes ofrecen unas marcadas diferencias cuantitativas. Sin duda, la mayor relevancia de la mujer en las cofradías de la Vera Cruz y Nuestra Señora de las Angustias se debe a que las religiosas de varios conventos han sido admitidas como hermanas.

En efecto, en el primer cuarto de la centuria del seiscientos tenemos constancia documental de que pertenece a la hermandad de la Vera Cruz la numerosa comunidad de monjas del convento de Santa Clara. La aportación anual que pagan en mayo de 1616 es de 80 reales por «cofradas y ganar las indulgencias». Las religiosas tienen derecho a las misas oficiadas por los cofrades fallecidos por imperativo de las reglas que son «cincuenta misas, una de réquiem y otra de ánima».

Convento de Santa Marta: La presencia de comunidades religiosas, como las Jerónimas de este edificio, era muy extensa  en Córdoba hace muchos siglos.

Convento de Santa Marta: La presencia de comunidades religiosas, como las Jerónimas de este edificio, era muy extensa en Córdoba hace muchos siglos. / CÓRDOBA

Lo mismo ocurre en la cofradía de las Angustias que cuenta entre sus hermanos con monjas de varios monasterios de distintas órdenes religiosas. Las solicitudes de ingreso vienen incentivadas por el deseo de ganar las numerosas gracias espirituales otorgadas por la Santa Sede.

El 16 de febrero de 1664 Alejandro VII expide en Roma un breve por el que concede perpetuamente a los miembros de uno y otro sexo de la cofradía de las Angustias beneficios de carácter espiritual. En primer lugar indulgencia plenaria a los que ingresen en la hermandad y a los ya admitidos que invoquen el Dulce Nombre de Jesús en el trance de muerte y visiten la iglesia conventual de San Agustín el Domingo de Ramos y determinadas fiestas en honor de la Virgen.

Tenemos constatada la presencia de las jerónimas de Santa Marta y de las franciscanas de Santa Isabel de los Ángeles a título personal en los lustros siguientes a la expedición del documento papal. En los años finiseculares de la centuria del seiscientos forman parte integrante de la cofradía las monjas agustinas del convento de Nuestra Señora de las Nieves.

Asimismo otras clausuras contribuyen al esplendor de la Semana Santa cordobesa a lo largo del siglo XVII, destacando las franciscanas del monasterio de Santa Inés. Uno de los mayores atractivos de la salida procesional de la cofradía del Santo Sepulcro, erigida en el templo de los carmelitas calzados de Puerta Nueva, es el tránsito del cortejo por la plaza de la Magdalena, donde se concentra un gran número de personas para oír cantar el ‘Miserere’ a las religiosas. Veamos el testimonio ofrecido por el cronista de la orden seráfica fray Alonso de Torres: «[...] las cuales el Viernes Santo por la noche al pasar por allí la procesión del entierro de Cristo N. Redentor, le cantan desde los miradores el ‘Miserere’, con armonía tan funesta, que acude allí gran parte de la ciudad a quebrantarse de dolor los corazones». El concurrido acto se repite a mediados del siglo XVII con la popular imagen de Jesús Nazareno a su paso por el mismo lugar con motivo de la procesión extraordinaria de rogativa celebrada en 1650 por la mortífera epidemia de peste que sufre el vecindario.

La capilla de música del convento de Santa Inés, integrada por 18 voces e instrumentos de cuerda y viento, goza de una merecida fama y se ofrece a los personajes ilustres que visitan la capital cordobesa. Entre ellos hay que citar al príncipe florentino Cosme de Médicis, quien llega en 1668.

Durante su estancia acude al monasterio de Santa Inés a escuchar la capilla de música que, a su juicio, «está reputada como la mejor de Córdoba». En el concierto ofrecido intervienen seis arpas, dos violines, tres fagotes, un bajo de viola y muchas guitarras.

Asimismo, los coros y claustros de los conventos de las órdenes religiosas femeninas van a ser escenario de la celebración de la Pasión en la etapa barroca de la Semana Santa cordobesa. A juzgar por el testimonio del mencionado fray Alonso de Torres, la procesión de la comunidad del monasterio de Santa Isabel de los Ángeles en la mañana del Viernes Santo congrega a numerosos vecinos: «Hácese en este coro el Viernes Santo una solemne procesión en que las esposas de Jesucristo con cruces en los hombros, coronas de espinas en las cabezas y en las gargantas sogas, le van siguiendo con tal devoción que edifican a mucha gente de Córdoba que por la mañana va a verlas por las rejas».

Las relaciones de cofrades fallecidos permiten constatar de manera fehaciente el notorio peso de la mujer en el conjunto de los efectivos humanos de las hermandades penitenciales a lo largo del siglo XVIII, siendo exponentes bien significativos los casos de la Vera Cruz y Nuestra Señora de las Angustias.

La presencia femenina en el siglo XVIII

En la primera los porcentajes superan los niveles alcanzados en la centuria anterior, como lo refrendan los óbitos producidos. Así, desde abril de 1700 hasta la primavera de 1708 mueren 37 personas de las que 17 son mujeres. Por ende, la presencia femenina significa alrededor de un 46 por ciento. Entre los 162 fallecimientos registrados desde febrero de 1714 hasta julio de 1753 se contabilizan 66 mujeres que representan cerca de un 41 por ciento del total.

Las fuentes documentales son muy parcas a la hora de aportar información acerca de las religiosas de clausura admitidas en la hermandad de la Vera Cruz. Las escasas referencias apuntan a comunidades de la orden seráfica, como las de Santa Clara y Santa Cruz, que se hallan sujetas a los frailes del convento de San Pedro el Real, donde se localiza la sede canónica de la hermandad. La relevancia femenina en términos cuantitativos se acrecienta de forma llamativa durante la centuria del setecientos en la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, sobre todo en la primera mitad. Las cuentas dadas por los hermanos mayores desde mayo de 1701 hasta diciembre de 1749 recogen la identidad de 632 personas, de las que un 49,5 por ciento son mujeres. En la década de los años sesenta este porcentaje sobrepasa el 40 por ciento, a tenor de la cifra registrada en la nómina de fallecidos en ese período cronológico. Los mencionados valores numéricos corroboran una notoria presencia de la mujer que, al igual que en la centuria anterior , viene determinada por la elevada cifra de monjas de clausura admitidas.

Más presencia de mujeres en la Semana Santa cordobesa: la Hermandad del Rescatado tiene una Hermana Mayor, Inmaculada de Lara, y varias mujeres en la directiva.

Más presencia de mujeres en la Semana Santa cordobesa: la Hermandad del Rescatado tiene una Hermana Mayor, Inmaculada de Lara, y varias mujeres en la directiva. / CÓRDOBA

En los primeros años del XVIII pertenecen a la hermandad de las Angustias las agustinas del convento de las Nieves y las mínimas de san Francisco de Paula del monasterio de Jesús María. En los lustros siguientes son recibidas las cistercienses de Santa María de las Dueñas y las clarisas de Santa Clara. El 21 de abril de 1754 las jerónimas del monasterio de Santa Marta son admitidas en la cofradía penitencial a propuesta del hermano mayor Antonio Gómez de Aguilar, quien expresa la intensa devoción que profesan a la imagen de Nuestra Señora de las Angustias.

En contrapartida a ese fervor que despierta, la hermandad se obliga a que el paso de la titular entre en el patio del monasterio el Viernes Santo con el fin de que las religiosas puedan ver desde la clausura la venerada efigie. Las jerónimas deben abonar una cuota semanal por cada monja y las fallecidas tienen los mismos derechos que los demás hermanos.

Idénticas condiciones se aplican a las otras comunidades femeninas que pertenecen a la cofradía en esa fecha, las dominicas de los conventos de Santa María de Gracia, Regina y Espíritu Santo, las agustinas de las Nieves y las franciscanas de Santa Clara.

Las dominicas de Santa María de Gracia también colaboran con la hermandad de Jesús Resucitado en calidad de camareras. Ellas se encargan de vestir las imágenes y exornar los pasos del titular y Nuestra Señora del Consuelo, cuyo ajuar custodian en un arca de madera de Flandes en la clausura. La religiosa encargada de esta labor en 1778 es sor Rafaela de Heredia, quien se mantiene en sus funciones más de dos décadas.

Una mujer al frente del Nazareno

A lo largo del siglo XIX se debilita la presencia de la mujer en las cofradías penitenciales, como consecuencia del estado de postración en que se encuentran en la primera mitad de la centuria. Un factor determinante va a ser el reglamento del obispo Pedro Antonio de Trevilla, publicado en 1820, que provoca la desaparición de las procesiones de Semana Santa en la capital cordobesa durante cerca de tres décadas.

Los síntomas de crisis se manifiestan de forma más intensa en la aristocrática cofradía de Jesús Nazareno, cuyo hermano mayor en los albores del ochocientos es el señor de Malpartida don Antonio Hoces Fernández de Córdoba, caballero de la Real Maestranza de Sevilla y veinticuatro perpetuo de Córdoba.

Al producirse la invasión de las tropas napoleónicas en 1808 abandona la ciudad y se hace cargo del gobierno de la hermandad su hija María de los Ángeles, quien en su ausencia es la encargada de rendir cuentas de los ingresos y gastos habidos en el período comprendido entre octubre de 1800 y diciembre de 1809.

Tras el paréntesis del régimen bonapartista y a pesar del regreso de su padre, María de los Ángeles Hoces Fernández de Córdoba se mantiene al frente de la corporación nazarena hasta mediados de la centuria en que se produce la reorganización de la misma por el duque de Almodóvar.

Durante la primera mitad del ochocientos sabemos que las cofradías de Jesús Resucitado y Nuestra Señora de las Angustias tienen en sus filas distintas comunidades de religiosas.

La primera admite a la totalidad de las integrantes de la del hospital de Jesús Nazareno. También continúan encargándose de vestir las imágenes y adornar los pasos del titular y Nuestra Señora de Consolación las dominicas de Santa María de Gracia y las monjas del Císter. En la segunda ingresan algunas moradoras de los conventos de Santa Marta, Concepción y Santa María de las Dueñas.

Por iniciativa y respaldo del ayuntamiento se recuperan en 1849 las procesiones de Semana Santa en la capital cordobesa por iniciativa del concejal Julián Bustillos con la puesta en marcha del desfile oficial del Viernes Santo contemplado en el reglamento de 1820 del obispo Pedro Antonio de Trevilla.

La colaboración prestada por las religiosas en el exorno de algunas imágenes y pasos es un hecho destacado. El de la artística cruz guiona que encabeza el cortejo se traslada en solemne vía crucis desde la parroquia del Campo de la Verdad a distintos conventos para ser adornada unos días antes del Viernes Santo.

Al principio se encargan de esta tarea las dominicas de Jesús Crucificado, quienes también engalanan la talla del Cristo de Gracia. En los años sesenta el adorno de la Santa Cruz corresponde a las carmelitas descalzas del monasterio de Santa Ana.

Paralelamente, durante la época isabelina las cofradías penitenciales experimentan un gran impulso y despiertan de un largo letargo. En este contexto la presencia de la mujer cobra importancia en la Semana Santa, cuya trayectoria secular hemos esbozado en este estudio.

Tracking Pixel Contents