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Diario Córdoba

MIÉRCOLES SANTO

Entusiasmo para olvidar días grises

Aunque con alguna gota de lluvia aún, Perdón, Calvario, Paz, Misericordia, Pasión y Piedad retoman el pulso a una Semana Santa ansiosa de dejar atrás los dos años sin procesiones

La Paz

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La Paz Juan M. Niza

Aunque unas impertinentes gotas encogieron los corazones sobre las 18.30 horas del Miércoles Santo, con ya cuatro hermandades en la calle, al final se impusieron los pronósticos del, relativamente, buen tiempo que daba por terminado el triste paréntesis del Lunes y, sobre todo del Martes Santo, donde la lluvia fue la odiosa protagonista.

Con esos mimbres, y con la recuperación del ánimo visto el Domingo de Ramos, volvieron las ganas de ver a las cofradías desfilar tras dos años de ausencia por la pandemia. La ciudad parecía que se había echado a la calle. Y eso sin contar dos factores más. Primero, que Pasión y Paz suspendieron sus estaciones de penitencia en el 2019, por lo que ya llevaban cuatro años sin que sus cruces de guía pisaran la calle, un año que tampoco podían recordar con agrado Perdón (aunque terminó su recorrido), así como Calvario, Misericordia y Piedad, que acortaron sus regresos. Y segundo: que Paz y Calvario tenían ayer mucho que celebrar. Los de San Lorenzo, el año de su 300 aniversario como hermandad, con un denso programa de actos en el que está inmerso además de habérsele concedido un jubileo especial. No se quedaba atrás la corporación de Capuchinos, que ha hecho de los dos años de pandemia virtud y ha extendido los actos por la coronación canónica que del 2020 pasará, si otra catástrofe como el covid-19 no lo impide, al próximo 15 de octubre en la Mezquita-Catedral.

En todo caso volvían las ansias de vivir la Semana Santa, que se notaba en cientos de detalles. Un solo ejemplo: la primera saeta a la Paloma de Capuchinos ni siquiera esperó a que terminara de cantar la Escolanía, que también cantó a Jesús de la Humildad y Paciencia en una plaza que era una fiesta entre la devoción y el carácter extrovertido de la hermandad. Había miles de aromas, desde el azahar y las flores de los pasos hasta los del público, perfumado y de estreno primaveral como pedía la ocasión. Quizá, los dos años de mascarillas han hecho que tengamos mucho más fino el sentido del olfato y esta Semana Santa esté entrando especialmente por la nariz, si se permite la expresión.

Aunque no faltó el sentido del oído con la mitad de los pasos acompañados por agrupaciones cordobesas y haciendo pleno en el caso de Perdón (Coronación de Espinas en el misterio y Tubamirum, de Cañete de las Torres, en el palio) y Misericordia (Caído-Fuensanta y la banda de La Esperanza).

Para regocijar a la vista, y es solo un ejemplo, ahí estuvo el sorprendente exorno que lució La Paz, huyendo del blanco, con rosas y otras muchas especies de rosa y malva agrupadas muy medida y señorialmente pero con toda la alegría del mundo; o estrenos de la jornada como el respiradero frontal del paso de palio de El Perdón, de orfebrería plateada y dorada ejecutado por Jesús Iglesias con diseño de Álvaro Abril. Era el caso también de la restauración y plateado de los respiraderos del paso de La Paz, el juego de varas nuevo y otras restauradas en La Misericordia o los faroles de La Piedad.

En todo caso, lo que no se captaba ayer por los sentidos, lo apreciaba el espíritu, como el conmovedor primer golpe de llamador del misterio de Jesús de Humildad y Paciencia, que se realizó con un recuerdo a Pepe Campos, O las emocionantes saetas que Rocío Luna cantó en la calle San Basilio a Jesús de la Pasión y a María Santísima del Amor, la segunda compuesta por Fernando Vacas, otro de los inquietos vecinos del Alcázar Viejo y muy ligado al barrio.

Aún más profundo en ese espíritu, aunque ayer no fuera visible, era la obra social que durante estos meses de pandemia han realizado las hermandades del Miércoles Santo, y no solamente en proyectos en curso sino en multitud de necesidades originadas durante la crisis. De la hermandad de La Piedad... ¿qué se puede decir? Un solo dato: el 95% de su presupuesto se destina precisamente a la obra social en su barrio, Palmeras.

Otra cosa fue el sentido del tiempo, que ayer en carrera oficial se perdió con un sensible retraso.

Para hoy, las previsiones del tiempo son aún mejores. Miel sobre hojuelas para unas hermandades que, además de los dos años del covid, suspendieron en bloque sus procesiones en el 2019 y llevan cuatro años sin procesionar.

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