A la Catedral! Exhortaba apasionadamente nuestro hermano Ignacio Sierra a los cofrades, y muy especialmente a sus hermanos de la Veracruz, en el pregón de la Semana Santa de 2007. ¡A la Catedral! Como el santo y seña que los veracruceros nos pasamos cada Lunes Santo en los momentos previos al inicio de la estación de penitencia. ¡A la Catedral! Como símbolo de nuestra fe y devoción cristiana. Por todo ello, los hermanos de la Santa y Veracruz nos sentimos impelidos a cumplir con el compromiso anual de llevar a nuestras sagradas imágenes a la Catedral. En ella nos sentimos acogidos y reconfortados, y nuestras oraciones se unen a las millones de plegarias que en diferentes momentos históricos, idiomas y credos muchos cordobeses han hecho a su Dios.

Porque la estación de penitencia es algo más que el procesionar de bellos pasos de cristos y vírgenes. Es la manifestación sincera de la devoción de unos hombres y mujeres que por unas horas visten el hábito de nazareno o la faja y el costal para, desde el anonimato, dar su testimonio de fe en Jesucristo. Por eso invito a las personas que se acerquen a contemplar el discurrir de los desfiles penitenciales del Lunes Santo, y en concreto el de la Veracruz, que abran sus sentidos y su corazón a los olores, los sonidos y las imágenes poderosas de un Señor abrazado a la cruz como expresión suprema de amor por nosotros; y la limpia mirada de una mujer de ojos azules que desde su palio nos contempla con dulzura.