Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista

Rocío Parrado, presidenta en Córdoba del Colegio de Psicología: «Debemos incorporar rutinas que nos hagan sentir bien de forma habitual»

Para hablar del llamado síndrome posvacacional, la presidenta delegada en Córdoba del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, Rocío Parrado, nos recibe en la sede de la entidad en una jornada con la agenda más que ajustada, muy poco representativa de ese mes de agosto que tanto se relaciona con el descanso.

Rocío Parrado Parrado, presidenta de la Delegación de Córdoba del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental

Diario CÓRDOBA

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Juan M. Niza

Juan M. Niza

Muchas gracias por atendernos en agosto. ¿No le habré roto las vacaciones? No quiero contribuir al síndrome posvacacional, si me permite en cierta forma esa broma.

La verdad es que no, no he tenido mucho síndrome. Volví el 15 de agosto. Sin embargo, es perfectamente comprensible que muchas personas experimenten ciertas dificultades y reacciones emocionales al retomar el ritmo cotidiano tras un periodo de descanso.

A todo esto, quizá me he equivocado ya. ¿Es correcto llamarle «síndrome» o se trata más bien de un problema estacional, social...?

Está bien dicho lo de síndrome. Consiste en reacciones emocionales, cognitivas y físicas que se experimentan al volver a las obligaciones. En sí mismo no constituye un trastorno mental. Es, simplemente, una respuesta normal al cambio de ritmo. Pasamos de un periodo con mayor autonomía personal y menor presión a un escenario de horarios rígidos, responsabilidades, demandas laborales... Es un proceso adaptativo que suele durar la primera semana. Si los síntomas persisten más de dos semanas, entonces sí podría hablarse de trastorno, pero al principio es solo una fase de transición que podemos considerar normal.

¿Afecta este proceso de adaptación de manera diferente según la edad de la persona? ¿Influyen otros factores más personales?

No depende tanto de las edades sino de cómo construimos nuestra vida cotidiana. Si hay un desfase excesivo entre las vacaciones y nuestra rutina, ahí radica el problema. Si tu único momento de ocio o bienestar psicológico aparece exclusivamente en las vacaciones de verano, es evidente que hay un fallo estructural en tu día a día. Debemos incorporar rutinas que nos hagan sentir bien de forma habitual. No podemos limitar la vida al trabajo, al estrés y a las obligaciones; hay que introducir ocio, deporte y descanso regular todo el año.

Pues vamos a lo importante, de lo que ya ha avanzado mucho. ¿qué consejos prácticos nos daría para la reincorporación a la rutina diaria?

Hay pautas sencillas que ayudan mucho. Por ejemplo, a la hora de volver, se debe evitar regresar a casa la noche anterior a la incorporación al trabajo. Es preferible volver unos días antes para adaptarse. Conviene recuperar progresivamente los horarios y preparar con antelación los aspectos prácticos de la vuelta. En el trabajo, es fundamental no intentar recuperar el ritmo al cien por cien desde el primer día. Debemos aprender a priorizar: primero hacer lo urgente, luego lo importante y después lo que pueda esperar. También hay que establecer objetivos realistas, hacer pausas, evitar prolongar la jornada al principio y limitar nuestra disponibilidad fuera de horas son pautas esenciales. Y, sobre todo, mantener alguna actividad agradable durante la semana y descansar físicamente los fines de semana haciendo una desconexión real. Esta desconexión mental es algo vital que no siempre logramos. Algunos ni siquiera durante las propias vacaciones.

¿Este fenómeno se da únicamente tras el verano? ¿Hay otros síndromes dependiendo de la época del año? Pienso, por ejemplo, en esas personas a las que la Navidad le pone triste.

Ocurre siempre que hay un cambio drástico de ritmo entre un periodo de mayor libertad y la vuelta a las obligaciones. Da igual que sea en verano, Navidad o tras diez días libres cualesquiera. La verdadera pregunta que deberíamos plantearnos no es por qué nos cuesta tanto volver de vacaciones, sino qué nos están proporcionando las vacaciones que nos falta en nuestra vida diaria. Las vacaciones no pueden ser la única fuente de bienestar del año; debemos introducir descansos y actividades gratificantes en nuestra rutina.

¿Y qué pasa con los que no tienen vacaciones? ¿Tienen mayor riesgo de sufrir algún tipo de problema psicológico o ‘depresión’ por ello?

No me gusta emplear la palabra depresión a la ligera porque designa algo patológico.

¡Ah! Disculpe por el término mal usado.

Nada. Nada. Hablamos de un problema psicológico cuando el malestar es muy intenso, persiste varias semanas, interfiere en el funcionamiento cotidiano o se acompaña de una ansiedad severa. En el caso de no tener vacaciones, no todas las personas desarrollan necesariamente un problema. Hay gente que disfruta de su trabajo y mantiene un excelente equilibrio cotidiano. Depende mucho de si te gusta lo que haces y si sabes construir un día a día beneficioso para ti, con pausas y desconexión regular. El bienestar se construye jornada a jornada.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents