Reportaje
La prevención, la mejor arma contra infecciones ‘de verano’: los problemas de salud más habituales y cómo evitarlos
Desde la ‘clásica’ otitis en verano hasta el ‘pie de atleta’, pasando por patologías respiratorias o el impétigo y la pitiriasis versicolor, la lista de enfermedades por gérmenes se alarga en verano. Lo mejor, como siempre, es la prevención y, particularmente, evitar contagios.

Consulta de otorrino en el Hospital Reina Sofía por parte del doctor Juan Aguilar Cantador. / A. J. González
El verano es tanto una oportunidad para nuestra salud, por ejemplo mejorando la alimentación y hábitos, como de riesgo para la misma al exponernos más al exterior, viajar, compartir espacios con otras personas... En buena parte de nosotros depende tanto aprovechar esta época para mejorar nuestro estado como, en el capítulo de amenazas, reducir al máximo los peligros que puedan mermar nuestro bienestar. Y quizá haya demasiados: picaduras, quemaduras solares, golpes de calor, lesiones por una mayor actividad física, aumento de la probabilidad de cáncer de piel... CÓRDOBA SALUD aprovecha esta época estival para hablar de ellos, como en el caso de ahogamientos. Sin embargo, hoy toca centrarse en algunos de los problemas de salud más frecuentes, muchas veces dolorosos, en ocasiones peligrosos y siempre molestos, causados por infecciones bacterianas o víricas.
Así, puede que la infección más recurrente por estas fechas sea la otitis y el campeón entre los gérmenes veraniegos se trate del estafilococo, un patógeno que, por otra parte, vive de forma natural en la piel y mucosa sanas de las personas, pero cuando los baños son frecuentes «y la piel del conducto auditivo externo se macera, puede originar una inflamación de la piel y una otitis difusa externa, como la llamamos. Es el típico oído del nadador. El paciente suele tener un dolor muy intenso, empezar a sufrir supuración... Llegan con muchas molestias y dolor, especialmente los niños, e incluso cierta sensación de sordera al cerrarse el conducto», explica Francisco Muñoz del Castillo, director de la Unidad de Gestión Clínica de Otorrinolaringología del hospital universitario Reina Sofía (HURS).
Dolorosa otitis
El diagnóstico para el especialista es relativamente fácil porque incluso al utilizar el otoscopio y rozar el cartílago anterior al conducto audicular «tiene el signo del trago positivo, que le llamamos: aumenta el dolor. Es algo muy indicativo de la otitis externa difusa».
El tratamiento suele ser a base de «gotas tópicas antibióticas. Generalmente no aconsejamos tratamientos orales porque tienen efectos muy limitados sobre la piel. Otra cosa es en personas inmunodeprimidas, mayores, niños muy afectados...» Así, «se suele usar ciprofloxacino o quinolonas, éstas segundas parecidas pero no exactamente antibióticos. Y para el dolor, siempre ponemos analgésicos orales que alivien la situación del paciente», resume Francisco Muñoz del Castillo.

Una especialista utiliza el otoscopio para comprobar el estado del conducto auditivo externo. / Córdoba
La prevención
Aunque como ocurre casi siempre, «lo mejor es la prevención, y ésta empieza por evitar que entre el agua a los oídos». Por ejemplo, con «los típicos tapones, bandas o gorros como los que usan los nadadores», y por supuesto secándose bien, pero sin tocarse. «Nada de bastoncillos. Nunca. En el oído no se debe meter nada. No hay que tocarse el oído. Como decimos los otorrinos: el oído se limpia con el codo... No podemos ser más claros: el oído no se toca jamás».
Tampoco es mal truco dar unos saltitos al salir del agua para que por sí solas salgan esas gotitas de agua atrapadas en el conducto auditivo.
Otra cuestión son las infecciones en vías respiratorias tanto altas como bajas. Los aires acondicionados, los cambios fuertes de temperatura, bebidas o alimentos helados o demasiado fríos... «Hay que evitar poner los aires acondicionados excesivamente bajos, ser prudentes y sin olvidar evitar todo lo que tiene que ver con el golpe de calor», resume el otorrino ya más como médico que como especialista, recordando que no todo el mundo tiene asumido todavía los riesgos del golpe de calor.
En todo caso, en las infecciones de vías respiratorias «los gérmenes que producen este tipo de infecciones suelen ser víricos, por lo que no es necesario usar antibióticos. Hay que ir al médico de cabecera y muchas veces con paliar los síntomas es suficiente» recomienda Francisco Muñoz.

El otorrino Francisco Muñoz. / Córdoba
Sin embargo, y precisamente por ese mayor tiempo y actividad en el exterior en los meses de verano, la lista de problemas de salud debido a infecciones por bacterias, virus, hongos se multiplica en el órgano más expuesto: la piel. La relación puede ser larga, nos recuerda Manuel Galán Gutiérrez, profesor y jefe de sección del Servicio de Dermatología Médico-quirúrgica y Venereología en el HURS, todo ello comenzando por los típicos hongos en los pies, el llamado pie de atleta, que tantas veces se contagia con facilidad en los vestuarios y duchas de centros deportivos y piscinas. Usar unas chanclas para no tocar el suelo en esos lugares es una buena forma de comenzar a prevenir esta infección en la piel.
Aunque también puede citarse patologías como la pitiriasis versicolor, propia tras pasar por ambientes cálidos y húmedos en donde hay fuerte sudoración y debido a un crecimiento excesivo del hongo malassezia; el impétigo, que tanto afecta a los niños y que es fácil que se extienda, causado por bacterias (estafilococos y estreptococos); foliculitis, una infección de uno o más folículos pilosos también habitual en niños, por ejemplo, al mantener durante mucho tiempo el bañador mojado; el molusco contagioso, en este caso una infección viral benigna de la piel que produce pequeños bultos o granitos redondos; verrugas plantares, también de origen vírico, siempre molestas cuando no dolorosas...
Cada cual tiene su tratamiento aunque en lo que coinciden estas enfermedades infecciosas es en los consejos para prevenirlas con hábitos muy simples, algunos de higiene básica, nos recuerda Manuel Galán: secar muy bien la piel tras el baño o cuando se suda abundantemente, si hay alguna herida mantenerla seca y cubierta, usar prendas transpirables y tener especial precaución de andar con chancla en duchas y vestidores y, sobre todo, no compartir jamás toallas, ropas o calzado o elementos como los clásicos flotadores.
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