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Mayo Festivo

Así son los Patios de Córdoba 2026 en el Alcázar Viejo, una pequeña ciudad con vistas al interior

En esta zona, se concentran doce recintos entre arquitectura antigua y moderna, todos ellos habitados por familias, excepto el de la sede de la Asociación Amigos de los Patios, que concursa como patio singular

Guía multimedia de la Fiesta de los Patios de Córdoba 2026: todas las rutas, los mapas interactivos y los horarios

El Alcázar Viejo, doce patios cargados de tradición

A. J. González

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Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Córdoba

Visitar los Patios de Córdoba durante el concurso de mayo tiene sus pros y sus contras. En estas dos semanas, los cuidadores de 52 recintos distribuidos por toda la ciudad abren sus puertas al público de forma gratuita para compartir lo que a diario es un espectáculo íntimo en el que las flores conviven con los habitantes de las casas con la mayor naturalidad.

El Alcázar Viejo es uno de los mejores ejemplos de esta convivencia silenciosa, ya que salvo uno, todos los patios son casas particulares y ese uno, la sede de la asociación Amigos de los Patios, es uno de los referentes de arquitectura antigua que también está habitado a diario, aunque en vez de por vecinos, lo habiten artesanos.

Lo malo de esta miniciudad plagada de patios es que es una de las zonas más concurridas y en mayo es difícil visitarla sin que haya largas colas en las puertas. Los cordobeses aficionados a la fiesta, reacios a esperar para ver patios, suelen acudir a última hora de la tarde mientras que los turistas, nacionales e internacionales, acuden a esta zona mentalizados de que las colas y más que sufrirlas, las utilizan para socializar. Este año, el tiempo acompaña porque no está haciendo mucho calor.

Rincones con el encanto de las tradiciones

Los turistas empiezan la ruta en la calle San Basilio, ya vengan de los autocares de la Puerta de Sevilla o de la Judería y entren al barrio por Caballerizas Reales. En San Basilio 14, el primero por este lado, les espera Ignacio Álvarez, un amante de los patios cuya casa, de arquitectura antigua, está llena del sabor rancio de la tradición. Además de las flores que pueblan sus paredes, cada vez más cargadas de macetas, y las plantas verdes de los soportales, en el recinto se conserva una letrina antigua, un lavadero y la cocina que antaño utilizaran las hasta siete familias que vivieron en la casa de forma comunitaria, de donde cuelgan enseres de hace un siglo. Claveles, helechos, clavellinas, geranios chinos, medinilla magnífica lucen pletóricos junto a una justicia gigante, pendiente de florecer, y ejemplares de costilla de Adán y orejas de elefante.

Martín de Roa 2, la única casa con muralla y torre de defensa almohade

La siguiente parada está a la vuelta de la esquina, en la calle Martín de Roa 2. En ella, Araceli recibe al visitante haciendo un resumen de lo que ofrece su patio, empezando por que es "la única casa de Córdoba con muralla y torre de defensa, almohade, del año 1200". A continuación, explica que las columnas que se ven son romanas y llegaron a la casa procedentes de Medina Azahara.

El suelo es de chino cordobés, el pozo de 12 metros es árabe. En el patio, se pueden apreciar "540 plazas de más de siete variedades" y se riegan "con una caña tuneada" hecha por su marido con la que se tardan unas dos horas y media en completar el riego, "en verano, todos los días, pero no a todas las plantas porque no todas quieren la misma agua". Afortunadamente, aclara, "en esta casa sí hay relevo generacional". Después de la explicación, como en el resto de patios, las visitas se hacen la foto y se van.

A.J.González Córdoba Concurso de Patios 2026 Patio Martín de Roa 7

Patio de Martín de Roa 7 / A. J. González

En el Alcázar Viejo, se nota que los cuidadores están habituados a las visitas masivas y se esfuerzan porque la espera merezca la pena. Un poco más alante, hay otra cola para conocer dos patios con mucha solera, los de Martín de Roa 7 y Martín de Roa 9, en ambos casos, casas de vecinos antiguas y multipremiadas que conservan las viviendas separadas y el cuidado comunitario del patio.

En Martín de Roa 9, las encargadas son Pilar e Isabel y estos días andan pendientes de las flores que las últimas lluvias ha dañado. En total, calculan que el patio tiene más de 1.600 macetas. "Esa es una de las preguntas más repetidas", aseguran, "eso y cómo se riegan, a lo que respondemos que con pérgigas con una goma por dentro que pasamos por las macetas una a una". La limpieza, con una escalera muy alta, como en Martín de Roa 2.

En estos patios, como en el resto, los cuidadores están expectantes estos días ante el anuncio inminente de los premios, que se conocerán el próximo viernes a mediodía. "El año pasado ganamos un tercero", explican, "vamos a ver qué pasa este". De los premios se habla como de la lotería de Navidad. Aunque lo importante es participar, a nadie le amarga un dulce.

En San Basilio 15, una colección de minerales que atrae a muchos alemanes

En San Basilio 15, el cuidador se llama Álvaro, el hijo del matrimonio propietario que ha cogido el testigo de los padres. Según su padre, aficionado a la colección de minerales, una de las atracciones del recinto, que atrae a muchos alemanes, es la colección de cuarzos que se expone en la entrada. "Nos preguntan mucho también por los restos arqueológicos", afirma, entre los que hay quiciaderas romanas, algunas basas y capiteles árabes, una pila probablemente romana y otros restos vistosos distribuidos por las estancias. La flora tampoco pasa desapercibida. Además de cinerarias, medinillas, plantas del incienso, surfinias o gitanillas, destaca como curiosidad un ficus de más de treinta años, una yuca y un clavel aéreo poco común en los patios.

En el número 17 de la misma calle, Francisca ha tomado el testigo de la anterior dueña de la casa, Blanca Ciudad. Aunque con el mismo mimo, ella tiene su propio estilo. "Me gusta armonizar los colores de las plantas, unirlas según gamas de colores y no mezclar muchos tonos". En sus paredes, llama la atención una hoya compacta muy llamativa, y una medinilla, una flor lánguida muy presente en este barrio. Su patio, estrecho y alto, tiene muchas plantas de semisombra como begonias, helechos o pendientes de la reina. La galería superior recuerda a los antiguos corrales de comedias. La casa, en la que llegaron a vivir siete familias, está llena de historias, como la de José Cejudo, el padre justo, que vivió aquí con su familia, tenía una tienda y alquilaba habitaciones a los soldados del cuartel, recuerda Francisca.

La casa de Teresa y Juan exhibe la delicada plata cordobesa

San Basilio 20 es la casa de Teresa y Juan, autor de la firma Plata Cordobesa, que se exhibe en el hall de entrada. Teresa hace gala de su don de gentes y su habilidad con los idiomas para recibir a los visitantes, a los que explica las claves de su patio, empezando por el limonero a la espalda que se encuentra en uno de los laterales, el pozo mudéjar tapado ("no water", aclara en inglés), el capitel visigodo, los restos romanos de un sarcófago o la columna renacentista. Para quien ande despistado, les informa de que "esta es una casa habitada y es a esta tradición antigua de abrir nuestras casas a desconocidos lo que nos ha hecho merecedores del título de Patrimonio de la Humanidad". Como dato, apunta que "en el casco hay unos 4.000 patios habitados" aunque en el concurso participan solo unos pocos. Los turistas, agradecidos, apuestan que este año se llevará un buen premio.

La ruta continúa dos casas más arriba, en casa de Ana de Austria, en San Basilio 22, donde el mayor tesoro es la dueña, que parece compartir la lozanía con las flores de su patio pese a haber nacido en 1935. Destaca el suelo de chino cordobés con el escudo de la casa. "Nosotros nos compramos un piso en Ciudad Jardín cuando nos casamos, pero luego me trajeron aquí y me tuve que instalar en dos habitaciones con un baño, al principio no me acostumbraba", confiesa, "luego se fueron todos y nos quedamos con la casa entera". El patio siempre ha sido un punto de encuentro. Hasta hoy.

A la vuelta de la iglesia, la calle San Basilio esconde otras dos joyas abiertas al público, en el número 40, el patio de la costurera, y en el 44, el de la asociación Amigos de los Patios, cargadito de flores y de colores. El número 40 se ha desbordado este año, según su cuidadora, que ha cambiado de sitio la hipomea que robaba espacio al hibisco rojo del interior y ambas han explotado esta primavera, hasta conseguir decorar toda la calle con las flores moradas de la hipomea. En su patio, en tonos verdes, estos días pinta en directo @solerapinto70, un autor de Pinto, cuyos cuadros parecen brotar de las paredes, como las flores.

La calle Duartas, un espectáculo por su estructura

Dos patios más ponen punto final a las visitas y conviene no perderlos. Uno está en la calle Duartas y es un espectáculo por su estructura, con el patio en un lateral y la vivienda en el otro, y por la disposicion de sus plantas, que cubren por completo el perímetro. Destacan las especies cultivadas en espaldera y la fuente rodeada de plantas aromáticas de las que se desprenden mil olores, desde la planta del curry y la cúrcuma, la hierbabuena, la hierbaluisa, laurel interjado con canela, poleo y flor de jade, conocida en el argot patiero como sanalotó. Observen además la enorme begonia y la datura de la que se extrae la famosa burundanga.

Antes de salir por Puerta de Sevilla, el último patio es el de Rafael, en Postrera 28, que presume de vivir en un patio de varias generaciones que acumula casi una treintena de premios. Este año, luce especialmente llamativo el testero del fondo, forrado de pelargonio chino morado, el arco, del que caen campanellas y los claveles antiguos, que al injertarlos ha dado alguna flor bicolor bastante curiosa. El dueño del patio, además de tener mano con las flores, es un showman con mucho sentido del humor que no escatima en lanzar chascarrillos y versos a las visitas. "Quitale volumen a las palabras y dale tono al sentimiento", dice convencido. "Me encanta la poesía", asegura, "y que sepáis que las macetas son azules por Antonio Gala, le encantaba este patio y me hizo pintarlas porque decía que desentonaban en verde".

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