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Mayo Festivo

Colas bajo la lluvia y el sol en los Patios de Córdoba: "Llevamos una hora esperando, pero vale la pena"

Miles de visitantes desafían un tiempo típicamente primaveral y las largas esperas para admirar la belleza de los patios cordobeses en zonas como San Basilio, llena de turistas

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Colas con sol y lluvia en los Patios de Córdoba

Manuel Murillo

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Fabiola Mouzo

Fabiola Mouzo

CÓRDOBA

"Llevamos una hora esperando y nos ha pillado un día regular por la lluvia, pero merece la pena porque es precioso". La frase la resume un grupo de amigos de Málaga mientras aguarda, unos minutos más, para entrar en uno de los patios más visitados de la ruta de San Basilio, que este primer sábado del Festival de Patios de Córdoba suele recibir miles de visitas. A su alrededor, las colas avanzan lentamente entre móviles, paraguas doblados por el viento o chaquetas sobre la cabeza por la lluvia. Los menos previsores llevan ya los pies completamente mojados, pero nadie se mueve de la fila.

San Basilio se convierte este fin de semana de Patios en casi un río humano que avanza despacio entre geranios y selfies. Apenas abren sus puertas, a las 11.00 horas, las colas empiezan a doblar esquinas y los patios se convierten en un escaparate universal. El tiempo este sábado ha alterado el ritmo habitual del festival. Las nubes, las temperaturas más suaves e incluso episodios de lluvia intensa han hecho que muchos visitantes recorran los patios con chaquetas, chubasqueros o paraguas abiertos, mientras los cuidadores miran constantemente al cielo para proteger flores y macetas más delicadas. Aun así, el ambiente no se ha resentido y nadie se ha movido de las colas en los recintos más conocidos, donde por momentos avanzar 10 metros requiere de varios minutos.

Conversaciones en varios idiomas mezcladas con el "illo, tira pa'lante"

Los móviles se levantan al mismo tiempo para captar flores y macetas. Se escuchan conversaciones en francés, japonés, italiano o inglés mezcladas con el "illo, tira pa’lante" de los grupos más locales. Algunos visitantes esperan más de una hora para entrar en los recintos. "Pensábamos que con la lluvia iba a ir más rápido, pero no", comenta una visitante mientras la fila apenas avanza unos metros en San Basilio, 14, donde algunas esperas superan la hora y cuarto.

En los patios más pequeños abrir un paraguas se convierte casi en una maniobra imposible y el viento obliga a muchos a sujetarlos con fuerza para que no salgan volando

Las aglomeraciones se quedan fuera para evitar que los patios se saturen dentro. El problema es que, cuando llueve, el espacio se estrecha todavía más. En los patios más pequeños abrir un paraguas se convierte casi en una maniobra imposible y el viento obliga a muchos a sujetarlos con fuerza para que no salgan volando, mientras otros improvisan con chaquetas sobre la cabeza. "Calzado cómodo, pero pies mojados", resume un turista entre risas.

"No ha llovido en todo el mes y tiene que llover hoy", protesta una mujer mientras espera turno, "y mañana también, o eso dice la previsión", le responde su compañero. Pero la belleza compensa el mal tiempo. O al menos eso repiten quienes siguen esperando bajo el paraguas para cruzar una puerta encalada y encontrarse dentro un pequeño oasis de flores e historia. De momento, el sol alumbra y aparece entre las nubes y los paraguas dejan de ser necesarios. "Así es mayo", dice uno de los controladores.

Visitantes de toda España y el extranjero

Los visitantes llegan desde prácticamente toda España y también del extranjero. Desde Albacete ha aterrizado un grupo organizado para pasar el día. "Es excursión ida y vuelta y vamos donde la guía nos lleve, pero hemos venido solo para ver los patios y es una preciosidad, maravilloso", cuenta una mujer mientras espera para entrar en Marroquíes, 6, el patio más visitado en lo que va de concurso.

Desde Guadalajara, una familia visita Córdoba por primera vez. "Muy bonito todo. Las flores, los colores… Este es el primero que vemos y estaremos hasta mañana por la tarde", explican Edén y Paula, dos hermanas todavía sorprendidas por el ambiente y que esperan poder ver el máximo de patios posible.

Otros ya se consideran veteranos. Un guía de Talavera de la Reina asegura que esta es su cuarta visita al festival. "El año pasado vimos 35 patios, ya somos expertos", bromea. Este año han optado por moverse más por la Judería porque "con la lluvia los patios están más juntos y se camina mejor", pero esperan poder recorrer otra ruta el domingo. Solo han venido para eso.

Turista almeriense: "Un Patio de San Basilio no tiene nada que ver con otro en Santa Marina"

También hay turistas que llegan casi por casualidad. Un grupo de Almería, acompañado por dos cordobeses, decidió acercarse este año para conocerlos. Uno de ellos resume que "un Patio de San Basilio no tiene nada que ver con otro en Santa Marina", comentan mientras observan los detalles de uno de los recintos de esta segunda ruta. Y es verdad. Porque la variedad de tamaños, elementos artísticos o históricos, colores y estructuras es tan rica como patios hay.

Los propietarios viven el festival con sentimientos encontrados. Muchos siguen defendiendo el espíritu vecinal de una fiesta declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, pero también reconocen el desgaste físico que supone abrir durante horas sus casas a miles de personas cada día. "La vida se trastoca durante dos semanas", resume una de las cuidadoras de Marroquíes. Volver a limpiar, ordenar macetas, controlar accesos, repetir explicaciones o proteger las plantas más delicadas forma ya parte de la rutina diaria. Además, las actividades de convivencia normal entre vecinos también se trastocan, o cosas tan simple como poner una lavadora o cocinar se ven afectadas.

Hoteles llenos, terrazas imposibles y taxis ocupados resumen el impacto de la fiesta

"Este patio no se puede ver con prisas", insiste la misma cuidadora mientras pide a los grupos turísticos que se detengan un poco más en un patio donde viven 11 familias y hay cuatro talleres de artesanía. Una guía explica a sus visitantes que estos jardines intentaban recrear "cómo era el cielo en la tierra". Y, por un momento, parece tener razón.

Hoteles llenos, terrazas imposibles y taxis ocupados durante jornadas enteras confirman el impacto de una fiesta que transforma la ciudad durante dos semanas, a pesar de que el tiempo de este fin de semana esté afectando un poco a las típicas bullas, pero basta con que aparezca un claro entre las nubes para que todo vuelva a llenarse otra vez.

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