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Reportaje

De Marroquíes a Santa Marta: una ruta de patios chiquitita pero matona

Compuesta por seis casas, con ejemplos de todas las categorías en concurso, ofrece un recorrido lleno de encanto por uno de los barrios más castizos de Córdoba

Ruta 1 de los Patios de Córdoba

A. J. González

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Córdoba

La ruta de Santa Marina-San Agustín es la más chiquita de las seis diseñadas para recorrer Córdoba durante el concurso de patios. Chiquitita, pero matona, ya que esta ruta patrocinada por Carbonell constituye una auténtica joya compuesta por seis recintos de uno de los barrios más castizos de la ciudad, que atesoran casi una veintena de primeros y segundos premios y en los que se pueden contemplar ejemplos de las cuatro categorías que compiten por los premios: arquitectura moderna, arquitectura antigua, patio singular y patio conventual.

Se puede iniciar la ruta por cualquier punto, aunque para ir en orden, se recomienda acudir primero a Marroquíes 6 o Santa Marta 10 y así no perder el hilo. Ambos patios suelen estar muy concurridos a primera hora de la mañana, el primero, uno de los de mayor aforo y a la vez de los más visitados, solo se libra de las colas al final de la tarde. El patio de Santa Marta, también de grandes dimensiones, suele estar tranquilo durante toda la jornada, aunque hay guías que lo saben y aprovechan para iniciar sus recorridos en este punto, por lo que puede haber sorpresas.

Marroquíes 6 nunca defrauda, pero este año está impresionante. Es el comentario que más se repite entre los fans de los patios, que llevan años disfrutando de la belleza de este recinto. Las buganvillas, que otras veces florecen demasiado pronto, este año se han colocado su vestido fucsia en el momento justo, coronando un patio singular plagado de rincones hermosos y de detalles. José Sabalete es artesano y reside en una de las 14 viviendas habitadas de la casa. Aunque en la calle todo sea bullicio, basta cruzar el umbral de la puerta para entrar en otra dimensión presidida por la paz y la tranquilidad. "Ese es el espíritu de los patios, la calma, y lo que nos gusta a lo que vivimos en ellos", explica Sabalete, que recibe cada año la visita de distintos influencers, entre ellos la francesa Nadege, con una cuenta denominada amourdeladalusoie. A su alrededor, grupos de turistas caminan despacio descubriendo las mil y una especies florales que pueblan las casi 3.000 macetas del patio, mientras se deshacen en elogios. En apenas diez metros cuadrados, se ven esparragueras, pilistras, gitanillas, alisos, geranios de todos los tipos, cenecio de cuentas, costillas de Adán (de la que cuelgan los frutos que encurtidos dan nombre a las "pollas en vinagre") helechos, cactus, ficus, flor de la alegría... Y entre todas ellas, dos incorporaciones traídas desde Normandía: una especie rara de lavanda y unas campanulas que han hecho buenas migas con todas las demás. "Os superáis cada año, es maravilloso, espectacular", repiten las gentes.

Patio Marroquíes 6

Patio en Marroquíes 6, en la ruta 1. / A.J.González

Un remanso de positividad

Como dice Sabalete, en estos días, "tanto piropo sube la moral a cualquiera". Y es que en los patios, rara vez se escucha una crítica negativa. Libres de los calores de otros años, las esperas se hacen más cortas y el espectáculo floral hace que todo merezca la pena: "los patios son una maravilla, no tiene punto de comparación verlo en las fotos, hay que verlo en persona", afirma un grupo a la salida.

La siguiente parada está en Tafures 2, un ejemplo de arquitectura moderna que cuida Francis. Allí se la puede encontrar estos días al pie del cañón, camuflada entre sus flores, velando por cada una de sus macetas con mucho mimo. Los cuidadores de patios quieren que se aprecien los detalles que hacen que su casa sea única. En esta, hay que hacer una parada en la ventana de fuera para mirar hacia arriba y contemplar la impresionante buganvilla blanca que cae por el tejado. El de Francis es un patio umbrío y las flores gatean por las paredes en busca del sol.

De ahí que sus buganvillas luzcan tan altas. La otra, de color fucsia, chorrea hacia el exterior. "Ramón Medina cantaba a los patios chiquititos que adornan la calleja", recita, mientras señala la estampa en su patio. Estos días, Francis anda ilusionada por un rosal de pitiminí rosa que plantó a partir de un esqueje de Trueque. "Espero con emoción a ver si florece", comenta sincera. Profesora y amante de la decoración, su patio está cargado de elementos cargados de historia, como los utensilios de sus abuelos procedentes de un palacete que poseyeron en Las Antas, en la Sierra de Córdoba, que fuera propiedad del ministro Barroso y Castillo, a la sazón padrino de Mateo Inurria. Columnas, capiteles, una quesera con forma de paragüero conviven con una jaula antigua colgada del limonero y con los recuerdos de los abuelos maternos de Carcabuey como la mesa de matanza, los cuchareros y "un candil pequeño que alumbró a la abuela costurera". Imposible no quedar embobado con el sonido del agua e imaginar las tardes de lectura en ese entorno.

No hay que andar mucho para llegar a la calle Zarco, que tiene dos ejemplos de patios de arquitectura moderna. En el número 15, la casa de Juana, del que impresiona el frontal de hortensias que recibe al visitante. A la izquierda, suele sentarse su dueña, que combate la fibromialgia a base del obligado ejercicio que exige el cuidado de sus flores. En su patio, hay helechos, azaleas, geranios, de todos los colores y algunas curiosidades, como la tortuga Pepa o el canario Curro, que no se inmutan por la bulla de estos días. Entre las plantas, emerge una novedad, una piña que regalaron a Juana y que está creciendo en una maceta como si del trópico se tratara. "Yo entiendo a mis plantas y sé cuál quiere más agua y cuándo, cuando me voy de veraneo lo explico y a veces se ríen como si dijera una tontería, pero yo sé lo que me digo". En la casa de Juana, como en la mayoría de las casas patio hay una zona de UVI para las macetas enfermas, una especie de hospital que no está a la vista del público, ya sea en la azotea, en alguna galería o en algún otro patio interior, donde se realizan los tratamientos de recuperación de las plantas cuando se marchitan, se le van las flores o se ponen feas. San Rafael corona el patio de Juana, conocido por su cañón de artillería del siglo XVII camuflado entre multitud de elementos curiosos que su dueña colecciona.

Relevo generacional

La siguiente casa de Zarco, el número 13, es uno de los pocos patios cuyo cuidador principal es una persona joven, Santi, que se enganchó al concurso hace siete años para rendir homenaje a su abuela nonagenaria y ahí sigue, guiado siempre por los consejos que le sigue dando. "Yo voy preguntando a las mayores cuando tengo alguna duda porque ellas son quienes tienen la cátedra de botánica de patios", afirma respetuoso, "Milagros me ha cedido un geranio del abuelo y está repleto de flor, se ve que se ha adaptado bien". Tiene más de 400 macetas colgadas, algunas a cuatro metros de altura, y a diario las riega con la pértiga y la lata. Las especies predominantes son los geranios, claveles con muchos años de antigüedad, gitanillas, helechos y una planta filipina exótica denominada medinilla, que cuelga del arco del fondo. Si quieren ver algo curioso, asómense al rincón de las macetitas, donde verán una pila antigua con forma de embarazada. El brocal árabe del pozo también merece un vistazo.

La ruta patrocinada por Carbonell continúa en la calle Ocaña 19, el único de arquitectura antigua, en la casa de Ricardo y Antonia, que suele recibir a las visitas discretamente, apartada en una esquinita. Helechos, naranjos, pendientes de la reina, hortensias, azucenas, gitanillas plagan la estancia en la que el protagonista es el naranjo agrio y un ficus que mide más de tres metros aunque está plantado en una maceta. "Dicen que hay menos gente este año, pero yo estoy viendo más personas entrar que un lunes y un martes normal", explica Antonia, acompañada por un canario y su tortuga Manuela.

En el último patio, el del convento de Santa Marta, las naranjas son dulces y se regalan al público cuando es la época, igual que las uvas de la parra, que están floreciendo ahora y se espera que den frutos el 29 de julio. Este patio, el primero conventual inscrito en el concurso, permite admirar al mismo tiempo la capilla de la patrona de la hostelería, que se abre los martes y domingos para la misa. En las paredes del patio, un patio verde cargado de esparragueras cola de zorro, buganvilla y jazmines, que se adorna en estos días con geranios y surfinias, cuelgan antiguos enseres del convento y el botijo que este año se ha usado para el cartel. También hay una colección de bandejas y fotos de las dos únicas monjas que residen en la casa. La tranquilidad es sello de la casa, en la que los helechos tienen un gran protagonismo. El truco de su lozanía es "la media lata de leche y de cerveza que beben una vez en semanas alternas diluida en el agua", explica Virginia, una de las cuidadoras. Nunca te acostarás sin saber algo más.

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