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Diario Córdoba

mayo festivo

El primer sábado de Patios deja largas colas y turismo en masa

La ruta del Alcázar Viejo vuelve a llenarse de visitantes que esperan más de media hora parar entrar | La fiesta recupera aún más esplendor a pesar de no haberse suspendido ni siquiera en pandemia

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Largas colas en el primer sábado de patios FRANCISCO GONZÁLEZ

Eternas colas para una fiesta eterna. Se veía venir y se cumplió. Córdoba volvió a estallar en mayo y mayo volvió a estallar en Patios, porque es la fiesta más señera, porque ni siquiera se suspendió durante lo peor de la pandemia y porque el sello Patrimonio Mundial que luce desde hace una década no es una casualidad.

"Es más fácil cruzar por la fila de penitentes del Rescatado que atravesar San Basilio". Así resume Rafael la bulla de la que es la ruta más visitada, la del Alcázar Viejo. Tan visitada, que el apelativo que mejor le viene es masificada. Y se han hecho intentos por descongestionar las visitas hacia el resto de recorridos, que tampoco se quedan cortos, pero lo del Alcázar viejo es complicado de explicar, aunque fácil de entender. Grupos y grupos turísticos que se apean en Vallellano y que se distribuyen por las calles del barrio para ver los 12 patios que lo salpican. En el Alcázar Viejo, además, lo que se observa es la representación máxima de la fiesta, arquitecturas antiguas y modernas, cuidadores entregados desde hace años a las flores y la posibilidad de saber qué son los patios en apenas dos calles y media.

Si esto se mezcla con buen tiempo (para el que entienda buen tiempo como mucho sol y muchísima calor) y fin de semana, el resultado es espectacular. No es nuevo ver la ruta del Alcázar Viejo a rebosar de gente, pero por cotidiano no deja de llamar la atención. Para visitar algunos de los recintos hay que hacer colas de más media hora (de bastante más de media hora). Para entrar a Martín de Roa, 2, por ejemplo, la cola se iba esta mañana más allá de Caballerizas Reales, para acceder a San Basilio, 14, los turistas se metían mucho más allá del arco de la Torre de Belén.

Y hay que decir turistas, sin riesgo a equivocarse, porque acento cordobés en los patios del Alcázar Viejo no hay ninguno, dejando de lado, claro, el de los cuidadores y el de algunos controladores. Rafael, el mismo vecino del barrio que comentaba la bulla comparándola con la procesión del Rescatado, cree que "si un cordobés quiere ver patios no se atreve a hacerlo un sábado, y menos aquí", y añadía: "Tenemos la posibilidad de disfrutarlo casi todo el año, no sería yo el que me atreviera a venirme aquí un sábado sabiendo cómo se pone esto".

Visitantes en uno de los patios de la ruta. FRANCISCO GONZÁLEZ

"La cuarta vez que vengo"

De esta forma, San Basilio ha vuelto a ser la ruta turística por excelencia. Jaime Contreras y Ana Cuenca son un matrimonio de Toledo que visita los patios por cuarta vez. "Es la cuarta vez que vengo", comenta Ana esperando en una de las colas con una cerveza sin alcohol en la mano y un abanico en la otra. Presume de haber visto "casi todo" los recintos, si bien esta vez ha venido con un viaje organizado y el autobús les ha dejado en Vallellano, que es lo más habitual que pasa estos días. "Siempre que he venido ha habido colas, pero no sabría decirte si esta es la vez que más estamos tardando en entrar", explica la toledana.

¿Qué tienen los patios que gustan tanto? Los turistas no se lo piensan y van a lo básico: "Son preciosos", opinab una de las compañeras de viaje de Jaime y Ana, "esto solo se ve aquí, en pocos sitios te abren las puertas de las casas sin pedirte nada a cambio", añadía otro amigo.

Y así es, más allá de la evidente belleza la fiesta traspasa lo material, como su declaración de la Unesco, para conseguir que miles y miles de personas se tiren horas haciendo colas para observar algo tan simple y a la misma vez tan bello como una maceta de gitanillas.

Los protagonistas de la ruta

Más allá de turistas, de bulla y largas colas, más allá de la contabilización de datos, aquí la clave son los patios y sus cuidadores. En el Alcázar Viejo hay una docena de recintos que llevan años y año contribuyendo a la fiesta. Los números 2, 7 y 9 de Martín de Roa son la puerta de entrada si se viene desde el Casco Histórico. Begonias en el número 2 que hacen que quieras quedarte allí toda la vida, cientos de gitanillas en el conocido como Patio de la Langosta (el número 9) y el campeón de campeones, Martín de Roa, 7, siempre disponible a ganar desde la máxima belleza.

La gran concentración llega en la calle San Basilio, con siete recintos. Los números 14, 15, 17, 20, 22, 40 y 44 son los patios de la calle central del barrio. Sería difícil calcular cuántos premios suman entre todos ellos, destacando la presencia del número 44, por ser el patio de patios, el que abre todo el año, el que toda institución visita, la estampa de la fiesta. Un patio, por qué no decirlo, que ha hecho más por el turismo de esta ciudad que alguna delegación municipal.

La ruta acaba en Duartas, 2 y Postrera, 28, uno de arquitectura moderna y otro de arquitectura antigua. Ambos no especialmente grandes, pero sí verdaderamente representativos de la fiesta.

Y son estos patios los que permanecen inalterables año tras año, con cambios que acumulan mejoras y bellezas, pero siempre dispuestos a abrir sus puertas. Y hacerlo, sobre todo, a los turistas, que son los que en los días grandes llenan las calles del barrio. Esos turistas llegan y se marchan, algunos repiten, pero el trasiego de fuera, el de las largas colas, se convierte en paraíso al entrar, y también en patrimonio, en un sábado de patios sin igual.

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