Caballeros conocieron los siglos medievales y modernos, que tanto ingenio pusieron a la hora de medir la eficacia del acero, como en acertar con la medida de los versos o recrear su particular universo al ritmo de una prosa imperecedera. Blandiendo la espada o entintando la pluma, procedieron aquellos con idéntica maestría. Cervantes, creador del inmortal Quijote , o Lope de Vega son sólo un par de distinguidos representantes en la larga nómina de hombres de armas y letras que dieron fama a las Españas.

Aunque de producción más exigua y obra menos reconocida, parejo comportamiento fue el mostrado, según vamos sabiendo, por Luis Fernández Portocarrerro, señor que fue de Palma entre 1467 y 1503. Su participación al servicio de los Reyes Católicos en la Guerra de Granada (1482-1492) o el apoyo prestado a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, en la campaña de Italia no fueron obstáculos que le impidiesen adentrarse y adiestrarse en el arte de la escritura. Así se infiere de la Copla puesta magistralmente en escena por Arrempuja Teatro, bajo la docta y esmerada dirección de Gari León, en el transcurso de las X Jornadas de Historia Cardenal Portocarrero.