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Opinión | Sociedad

Alberto Álvarez

Sevilla

El valor de la educación

Se dice que no es bien nacido aquel que no es agradecido. Qué poco cuesta ser agradecido y, sin embargo, cuán poco se estima la gratitud… Esa carta que recibe la gente, o ese paquete o ese telegrama, o esa fruta que compras, esa llamada telefónica, ese servicio que te presta ese empleado público, esa información que te da la parroquia. Todo eso, y muchas cosas, salpicadas de la palabra «gracias», y de amable sonrisa, cálida, no dejaría de llegar hasta el corazón de los demás y los volverías más abiertos, más dispuestos a la ayuda del prójimo. Si cada día, en cada gesto, se dijese «gracias», la vida de cada uno sería más intensa y la recibiría con otra proyección humana.

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