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Opinión | Incendios

Cayetano Peláez de Rosal

Córdoba

20 millones de ovejas

Hace unos días recorrí cientos de kilómetros por distintos lugares de la geografía española y, viendo el estado del monte, no me extraña que cada verano España arda por los cuatro costados. El problema no está solo en los bosques. También lo están los tendidos eléctricos que los cruzan, la hierba seca que llega hasta el borde de las carreteras, postes de madera deteriorados, torretas oxidadas, gasolineras en plena montaña, el acceso prácticamente libre a cualquier rincón del monte, las barbacoas, los rescoldos mal apagados o las quemas realizadas sin las debidas precauciones.

Se dice con frecuencia que la inmensa mayoría de los incendios tienen origen humano. Si es así, resulta incomprensible que asistamos cada verano al mismo drama con una resignación pasmosa.

Miles de hectáreas de bosque, fuente de vida y de oxígeno, desaparecen por la negligencia o la locura de unos pocos. Si no controlamos mejor el acceso al monte y no invertimos seriamente en su mantenimiento, llegará el día en que España sea un inmenso secarral donde las ardillas ya no puedan ir de árbol en árbol, simplemente porque no quedarán árboles.

Hace muchos años escuché a un anciano decir: «Esto lo arreglaba yo dejando veinte millones de ovejas y cabras en el monte». Quizá exageraba, pero encerraba una gran verdad. El pastoreo mantiene limpio el monte, elimina buena parte del combustible vegetal y ayuda a prevenir incendios.

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