Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Sociedad

Carolina Ortega

Córdoba

Nos necesitan

Los pueblos de Córdoba. Esos rincones donde muchos nos hemos criado y donde nuestros abuelos todavía nos esperan con los brazos abiertos. Lugares donde los veranos, las fiestas y los domingos siguen teniendo un significado especial.

Desde pequeña he escuchado hablar de los «pueblos vacíos», pero ahora empiezo a comprender que no es solo una expresión: los pueblos se están apagando poco a poco.

Cada vez hay menos niños y mantener abiertas las escuelas resulta más difícil. Mi padre me contaba cómo, cuando era pequeño, era normal ir al pueblo más cercano para estudiar, trabajar o simplemente hacer vida. Hoy eso casi ha desaparecido. Muchas familias terminan marchándose a la ciudad en busca de oportunidades y estabilidad.

También ocurre con la sanidad. En pueblos como Fuente-Tójar, muchos mayores se ven obligados a desplazarse para recibir atención médica. Y no debería importar el lugar donde uno viva para tener acceso a una sanidad digna. Y qué decir del ocio. Resulta triste escuchar a gente afirmar que nunca viviría en un pueblo porque «se moriría de aburrimiento». Hemos normalizado vivir tan deprisa que parece casi un castigo permitirnos la tranquilidad.

No escribo esto para repetir el típico discurso de que «debemos salvar los pueblos». La realidad es más compleja y no depende de un esfuerzo individual.

Pero sí podemos exigir a nuestros gobernantes más oportunidades laborales, ayudas para jóvenes y familias o incentivos para quienes quieran quedarse.

Que no caigan en el olvido nuestros agricultores y ganaderos. Ni nuestros campos. Ni nuestros mayores. Ni los niños que aún llenan de vida las plazas de nuestros pueblos.

Dedico estas palabras a Fuente-Tójar, el lugar donde nacieron muchos de mis primeros recuerdos, y especialmente a mi abuelo. Un hombre que dedicó toda su vida al campo aunque soñaba con ser maestro. Lo que quizá no sabe es que terminó siéndolo igualmente. Porque fue él quien me enseñó que da igual de dónde vengas; la pureza, la humildad y el talento siempre van por dentro.

Tracking Pixel Contents