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Opinión | Religión

Miguel Ángel Loma

Sevilla

España, el islamismo y el Papa

Quizás movido por el buenismo imperante de no molestar a nadie y agradar a todos, nada más llegar a España León XIV, en su primer discurso ante los Reyes y otras autoridades, deslizó un comentario sobre el Islam respecto a una etapa fundamental en la construcción de nuestra nación, que pudiera corresponderse más con un deseo que con la realidad de contrastados hechos históricos. Aunque solo fuera por respeto a la memoria, dignidad y justicia con los mártires a los que arrebataron la vida por causa de su fe cristiana durante aquellos siglos, y de los muchos y muchas esclavizados por el Islam, no cabe trasmutar su invasión de la península ibérica en una especie de frustrados contactos de un tolerante diálogo intercultural, porque eso es hacer ideología frente a la realidad. Desde la defensa de la fe en Cristo y en su proclamación de que la verdad nos hará libres, no podemos ignorar los hechos históricos, por más que en un momento dado nos conviniera modificarlos en un sentido o en otro, atendiendo a los variables intereses y circunstancias de tiempo y lugar. De no ser así, y ya que hablamos del Papa, se habría omitido en los Evangelios, por ejemplo, y no habría llegado hasta nuestro conocimiento, el humillante y vergonzoso episodio de la negación de Pedro y el canto del gallo, donde quedó a la altura de una gallina un santo tan grande que, elegido por el mismo Jesús, sería la roca sobre la que edificó su Iglesia.

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