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Opinión | Sanidad

Silvia Rodríguez Barón

Córdoba

La consulta de Estomaterapia completa

A veces las noticias sanitarias llegan al periódico envueltas en el lenguaje de los reconocimientos, las certificaciones y las auditorías. Sin embargo, detrás de esas palabras aparentemente frías suele esconderse algo mucho más hondo: la vida concreta de muchas personas que, después de una enfermedad o de una intervención difícil, necesitan aprender a relacionarse de nuevo con su propio cuerpo, con su intimidad y con el mundo. Por eso merece ser celebrada la certificación de buenas prácticas de humanización obtenida por la consulta de ostomías del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba. No se trata solo de un mérito profesional, que también lo es, sino de una señal de sensibilidad. Significa que se ha comprendido que hay procesos médicos que no terminan en el quirófano ni en el alta hospitalaria, porque continúan después, en la casa, en el espejo, en la ropa, en el miedo a salir, en la vida familiar, en el trabajo y hasta en la forma de volver a sentirse una persona segura de sí misma. Quienes conocen de cerca esta realidad saben que una atención verdaderamente humana no consiste únicamente en explicar un procedimiento o entregar un material sanitario. Consiste en acompañar. En hablar con delicadeza. En enseñar sin prisa. En comprender el pudor, la inseguridad, el desconcierto inicial y esa mezcla de gratitud y fragilidad con la que muchas personas llegan a una consulta buscando no solo una solución práctica, sino también un poco de serenidad.

Por eso tienen tanto valor las mejoras anunciadas: las guías informativas para pacientes Ostomizados y familias, la creación de un baño específico dentro de la consulta de ostomías y ese proyecto llamado Espacio de Vida, que convierte un entorno asistencial en un lugar más amable y menos ajeno. Puede parecer poco a quien no ha vivido una situación semejante, pero hay detalles que devuelven dignidad. Un baño adaptado no es solo una instalación; es autonomía. Una guía clara no es solo información; es alivio. Una consulta acogedora no es solo decoración; es la manera en que la medicina le dice al paciente: «no estás solo». También es justo reconocer la labor de los profesionales que están detrás de este avance.

En tiempos en que la sanidad vive tantas tensiones, conviene recordar que hay equipos capaces de mirar más allá del diagnóstico y de entender que cada paciente trae consigo una historia, una familia, una herida visible o invisible, y una necesidad profunda de ser tratado con respeto. Ojalá esta noticia sirva, además, para hacer más visible una realidad que muchas veces permanece en silencio. Hay personas que llevan procesos muy complejos con una discreción admirable, sin pedir compasión ni trato excepcional, pero sí comprensión, normalidad y espacios adecuados para vivir con menos miedo y más libertad. La humanización sanitaria no debería ser un adorno del sistema, sino su corazón.

Porque cuando un hospital cuida no solo la enfermedad, sino también la dignidad de quien la atraviesa, la medicina se vuelve verdaderamente humana. Y eso, en una ciudad como Córdoba, también merece ser contado y agradecido.

Una cordobesa ostomizada.

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