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Opinión | In memoriam

Práxedes Cruz

Córdoba

Despedida a un farmacéutico

Los farmacéuticos cordobeses hemos perdido inesperadamente a un gran compañero y un mejor presidente que lo fue durante veintitrés años al frente de nuestra corporación farmacéutica (1988-2010). Fernando Grande González de Canales, hijo de farmacéutico y padre de tres hijos, Elena, Enrique y Carolina, también farmacéuticos. Tomó el relevo de su padre Enrique a la muerte de este y ejerció la profesión durante muchos años hasta el último día de su vida, al frente de la ya casi histórica farmacia cordobesa de la calle Concepción, que en su día proyectó arquitectónicamente otro insigne cordobés que fue Rafael de la Hoz, amigo personal de la familia.

Fernando no solo fue grande por apellido sino que alcanzó esa dignidad por su trayectoria ética, profesional y humana. Hombre inteligente, culto, lector inagotable de sorprendente rapidez y compresión lectora, recto e inquebrantable en su labor y dedicación. Exigente a la hora de dar su confianza. Admirador de la excelencia y enemigo de la complacencia.

Supo llevar con firmeza y señorío el timón de la farmacia cordobesa en todas sus vertientes sin doblegarse ante el poder establecido y anteponiendo los intereses de los farmacéuticos cordobeses frente a cualquier otra circunstancia, aunque siempre con lealtad a las instituciones superiores tanto farmacéuticas como gubernamentales.

Referente de farmacéuticos , nos enseñó a amar y defender la Farmacia a través de su dedicación a la Institución Colegial Cordobesa.

Su relevancia traspasó las fronteras locales y fue oído y respetado en los consejos farmacéuticos tanto autonómicos como nacionales y en otros foros que premiaron su magnífica labor y sus intervenciones inteligentes y decisivas en muchos casos.

Su vertiente humanística le llevó a ser nombrado miembro de la Real Academia Iberoamericana de Farmacia.

Alternó el ejercicio de la profesión farmacéutica con la de la abogacía, ejerciendo esta última selectivamente y poniendo sus conocimientos legales al servicio a la asesoría jurídica del Colegio y de aquellos compañeros que solicitaban su consejo, haciéndolo siempre desinteresadamente.

Querido Fernando, tu señorío y maestría al servicio de nuestra profesión será imborrable y siempre ocuparás un lugar prominente en la historia de la Farmacia cordobesa.

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