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Opinión | Profesionalidad

Cristóbal Corredor Gavilán

Córdoba

Agradecimiento a la Cruz Blanca

Tras el reciente fallecimiento de nuestra familiar María de la Paz García Blanco, me dirijo a ustedes con el alma serena y el corazón profundamente agradecido. En estos momentos de duelo, nos consuela recordar que sus últimos días transcurrieron en un hogar donde la humanidad y la profesionalidad caminan de la mano. Al director del centro y a la comunidad, gracias por haber sido custodios de su bienestar, gracias por hacer de esta casa un lugar de paz, donde el respeto a la dignidad humana se siente en cada rincón. Valoramos profundamente el consuelo de saber que no solo fue atendida en su cuerpo, sino también en su espíritu. Gracias por la paz que se respira, por el acompañamiento humano que le habéis dado. Nos reconforta saber que nuestro familiar pasó sus últimos días en un lugar donde la quisieron.

A todos los profesionales del centro, gracias por vuestra paciencia infinita, por la delicadeza mostrada en los cuidados diarios de los residentes, y por esas sonrisas que tanto consuelo les ofrecisteis en sus momentos más difíciles. Vuestra labor va mucho más allá de lo profesional, es pura vocación. Gracias por ofreceros a los demás de la manera que lo hacéis, de forma amable, sencilla, profesional y con una empatía infinita. Este cariño que recibió María de la Paz no está pagado, no tiene precio, pues sale del interior de las personas que la atendieron, de sus corazones. Esta riqueza interior es lo que engrandece a cualquier persona. Continuad así, no cambiéis. Por último quisiera terminar este escrito con una reflexión que sintetiza la labor prestada por esas extraordinarias personas, sin excepción: «La generosidad no se mide por lo que damos, sino por cómo lo damos».

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