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Opinión | Carta ilustrada

Francisco A. Gomera López

Córdoba

Supongamos

Supongamos que repentinamente sientes (seas tú u otra persona) un dolor agudo en el pecho y, ante el temor de que te pudiera ocurrir algo grave, tomas la decisión de ir a Urgencias lo antes posible. Supongamos que el taxi que te lleva volando en una hora punta te deja en un tiempo mínimo en el hospital. Supongamos que, una vez realizada una inicial formalización, un grupo de celadores y auxiliares, al verte el aspecto que traes, te sientan en segundos en una silla y te trasladan en un pispás a que te hagan un electrocardiograma. Supongamos que una médica al estudiar el resultado con voz intensa y decidida ordena: ¡A críticos! ¡A críticos!... Supongamos que el cardiólogo responsable te interviene de un infarto agudo y como consecuencia de ello te colocan un ‘stent’ en una de las coronarias. Supongamos que al cabo de menos de dos horas te despiertas en la UCI y te anuncian que todo ha ido bien.

Como estás en Estados Unidos, te indican educadamente que si tienes un buen seguro la factura es de unos 30.000 dólares. Y que si no lo tienes, el cargo es de alrededor de 100.000 dólares. Como estás en España, te indican educadamente que te mejores y que tengas un buen día. Y digo yo: ¿Por qué no se me ha dado una factura informativa donde se indique que el importe global de la atención sanitaria se estima sobre unos 8.000 euros? ¿Y que a pagar es cero euros? ¿Y que somos las españolas y los españoles quienes la han sufragado solidariamente con nuestros impuestos? Gracias a todos y bendita sanidad pública.

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