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Opinión | Agricultura

Cayetano Peláez del Rosal

Córdoba

El campo que estamos dejando atrás

Un país que abandona su campo, su agricultura, pone en riesgo su propio futuro.

Cada vez hay menos personas dispuestas a trabajar la tierra. No les atrae el campo por diversos motivos y tiran hacia otras profesiones. La agricultura exige esfuerzo, largas jornadas y una dependencia constante del clima, que en muchas ocasiones acaba con el esfuerzo de trabajar la tierra durante un periodo largo de tiempo. Después de años de estudio, muchos jóvenes buscan profesiones más estables, mejor pagadas, y menos sacrificadas, y el campo deja de ser una opción para ellos.

Mientras tanto, las explotaciones agrícolas encuentran cada vez más dificultades para reunir mano de obra, y más aún, la cualificada. Muchas cosechas salen adelante gracias a trabajadores extranjeros cuyo esfuerzo resulta imprescindible. Pero esta situación también revela una realidad preocupante: nuestra propia sociedad se está alejando de la actividad que produce algo tan básico como los alimentos, teniendo que comprarlos en países lejanos, cuando aquí se pueden producir a menor coste, lo que revierte económicamente, en favor de la gente. Al mismo tiempo, aumenta la entrada de productos agrícolas procedentes de otros países (…).

Quizá no le estamos dando la importancia que merece producir alimentos en nuestro país. Porque cuando un país deja de trabajar su tierra, la deja de secano, tarde o temprano termina dependiendo de otros incluso para algo tan simple como poder comer.

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