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Opinión | Seguridad

Cayetano Peláez del Rosal

Córdoba

España indefensa

Imagina que un misil cruza el cielo y nadie sabe que viene. Esa es la realidad para millones de españoles: el país no está preparado para avisar a su población ante un ataque exterior. No hablamos de teorías futuristas, sino de un vacío estructural que deja a la ciudadanía casi desprotegida frente a amenazas militares, nucleares o radiológicas.

Las sirenas que aún sobreviven son escasas y no cubren ni de lejos todo el territorio. En pueblos y ciudades medianas, no existe ningún sistema de alerta inmediata. Las aplicaciones de emergencia y los mensajes de texto dependen de que las telecomunicaciones sigan funcionando, algo que un ataque estratégico podría paralizar en cuestión de minutos. La televisión y la radio pueden transmitir noticias, pero llegarían demasiado tarde para salvar vidas. España tiene planes de protección civil… para incendios, inundaciones o accidentes industriales. Pero en cuanto a defensa frente a un agresor exterior, no hay simulacros, no hay protocolos masivos, y la población no sabe cómo reaccionar. Mientras Finlandia y Suiza educan a sus ciudadanos para protegerse ante ataques y cuentan con refugios y sistemas de aviso eficientes, España parece depender únicamente de la esperanza de que nunca ocurra nada.

El resultado es escalofriante: si un ataque llegara, millones de personas podrían estar expuestas sin información, sin guía y sin refugio. La seguridad no solo depende de los ejércitos y las armas; depende de la preparación de la población. Y en ese sentido, España está peligrosamente desarmada. El debate no puede esperar. La defensa civil, los sistemas de alerta y la educación en emergencias deben pasar de ser un accesorio a una prioridad nacional. Cada día sin planificación es un riesgo que la ciudadanía no debería correr.

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