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Opinión | En el tanatorio

Silvia Rodríguez Barón

Córdoba

Un baño para ostomizados

Escribo como mujer ostomizada y como cordobesa, movida por una experiencia tan sencilla de explicar como difícil de vivir. Hace unos días, por el fallecimiento de un familiar, tuve que pasar la noche en el Tanatorio de Córdoba, el situado en el Polígono Industrial de Las Quemadas. En un lugar donde el dolor ya lo ocupa todo, una espera no debería convertirse además en una prueba de humillación.

Quienes vivimos con una ostomía no pedimos privilegios: pedimos condiciones mínimas para hacer algo tan básico como evacuar y asearnos con seguridad, higiene y discreción. Sin embargo, allí me encontré con baños no adaptados a esta realidad: sin un espacio adecuado, sin elementos que faciliten la evacuación, sin recursos para mantener la higiene, y, sobre todo, sin la señalización que recuerde que también existimos y que merecemos ser tenidas en cuenta.

Una ostomía no se ve a simple vista, pero condiciona la vida diaria. Y en un tanatorio, donde la persona está emocionalmente quebrada, cualquier dificultad extra se multiplica. La inclusión, si es verdadera, no puede quedarse en los discursos ni detenerse en la puerta de un lugar tan delicado como este.

Por eso, con todo el respeto, pido a la dirección del tanatorio que valore habilitar al menos un baño para personas ostomizadas, debidamente señalizado, con los elementos básicos que permitan la evacuación y el aseo en condiciones dignas.

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