Opinión | Sociedad
Rafael Ayala
La lacra que no cesa
Parece mentira que estemos en pleno siglo XXI, en un planeta tan avanzado y tecnológico, y en cambio, todavía existan vagabundos por nuestras calles durmiendo en pleno invierno o verano a la intemperie, pasando frio, calor, dando un aspecto patético y desolador. Resulta inconcebible, debería estar humanamente prohibido, siendo una de las muchas contradicciones o lacras importantes en esta sociedad.
Es evidente que todo ser humano tiene derecho a una vivienda digna y estoy seguro que existen suficientes casas de acogida para atender las necesidades de toda persona pobre. Entonces: ¿Cuál es el problema? Quizás sea cuestión de conciencia de dicha persona. Es decir: El transeúnte vive más cómodo sin normas que le impongan y decide «vivir a sus anchas» equivocadamente, lo que en el fondo es un error.
Quizás haría falta una labor de formación en profundidad para mentalizar a la persona con problemas, que necesita una organización y que fácilmente puede compaginar en un hogar compartido, obligaciones y derechos, viviendo de forma muy confortable: Labor importante que debe estar coordinada entre administraciones y centros de acogida, para acabar de una vez por todas con el sinhogarismo en la calle.
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