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Opinión | Salud

Rafael Garrido Pérez

Gratitud al Hospital Reina Sofía

En la madrugada del pasado día 29 de diciembre, ajeno a la gravedad real de lo que me estaba pasando, del porqué de esos dolores tan fuertes en el pecho y ahogo, llamé un taxi para que me llevase a Urgencias del Hospital Universitario. El taxista condujo como un piloto de fórmula 1 y, de camino, fue poniendo sobre aviso de la situación.

Llegué transitando por la delgada línea roja de la frontera de la existencia. Creo recordar que en escasos minutos pasé por las trabajadoras de admisión, de valoración y, sin darme cuenta, me encontré rodeado de doctoras y enfermeras que se apresuraban por salvarme la vida. Evidentemente lo lograron. Ahora, mi mejoría va de la mano del programa de Rehabilitación Cardíaca, que es una genialidad más de nuestro sistema sanitario público. Este proyecto es empático y amable, y ofrece, entre muchos contenidos, pistas y claves para esta nueva realidad.

En casa, viendo el concierto de año nuevo, recordaba el día del «evento» y a todo el grupo de profesionales que habéis posibilitando que siga aún por aquí, intentando imaginar vuestras caras, porque después de todo, sois mis héroes anónimos. Este alargue del tiempo espero vivirlo y no desperdiciarlo. Recibid mi gratitud. Un abrazo de corazón.

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