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Opinión | Solidaridad

Cristina Bernet

Córdoba

Adamuz: héroes anónimos

Fue Adamuz como podría haber sido cualquier otro lugar. Fueron los vecinos y vecinas de Adamuz, pero podría haber sido cualquiera. Porque, aún en este mundo actual de egoísmo e individualista, de disputas absurdas y sensacionalistas, de izquierdas y de derechas, de fuerzas por el poder, de tiranos y villanos, yo sigo creyendo en la humanidad.

La verdad siempre he creído en ella. Creo en la humanidad porque creo en mi familia. Quien me conoce, sabe que lo digo a diario: «Mi familia es un gran caos, pero está llena de valores». Mis padres nos ayudaron a conocer y a aprender muy de cerca lo que es la solidaridad, la empatía y la ayuda al prójimo.

Estas palabras las escribo como altavoz de un pueblecito anónimo entre Sierra Morena y el Guadalquivir, que hasta ahora nadie conocería, y que hoy se esloga cómo el «Pueblo héroe» de esta catástrofe.

Gracias a todos los vecinos y vecinas, a Julio, a Gonzalo, al coro de mujeres, a los hosteleros, a los jóvenes.. Gracias por el café caliente, los caldos y las mantas. Pero sobre todo, gracias por el calor de vuestras manos, incansables, que han salvado vidas y memorias de tantas víctimas.

Una de estas vecinas es mi hermana, Ana, y mi cuñado, Francisco. Y aunque al igual que muchos, ellos no quieren hacer público su testimonio en los medios, para dejar paso a lo importante, yo sí lo hago.

Lo hago porque me parece necesario y justo. Porque se necesitan historias bonitas entre tanto dolor. Porque en esta catástrofe cabe todo, también su reconocimiento.

Gracias, hermana, por tu valentía y tu disposición, por enfrentarte a tus miedos para quitárselos a otro, por tu compañía que fue hogar para tres desconocidas, por ser un angelito de la guarda más de este pueblo.

Y sí, lo hubiéramos hecho cualquiera si nos hubiera tocado, pero esta vez lo has hecho tú.

Te admiro y te quiero a partes iguales.

Tu hermana.

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